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VI ABC, AB UftVáV lQ 3 enero- 1987 -Poesía- Antología de la seda y el hierro Antonio Pereira Colee. Provincia. Institución de fray Bernardino de Sahagún León, 1986 Antonio Pereira es un poeta que nos cuenta siempre el mismo libro. Algo de esto señalaba Miguel Dole en un prólogo muy importante de hace unos años. Y es así porque en cada poemario, junto a su vis lírica, el poeta villafranquino se trasvasa en toda su franca bonhomia, en su clara- efusión lírica. Pereira es poeta por dentro, pero gusta de poner como telón de fondo, no digo que una ventana a la carretera, pero sí los enterizos paisajes del León celta, del León entrañable. Por eso le apasiona el diAntonio Pereira bujo de figura pero también contar y seguir por el monte y los caminos Con este pequeño trabalenguas de sus títulos es posible tejer un tresbolillo de elementos. Nos sirve para aproximarnos a sus sistemas imaginísticos, siempre que salvemos lo que es juego de palabras. En este memorándum de su obra poética Antología de la seda y el hierro parece hacernos un guiño desde el título. El guiño es obvio. Entre la berza de un realismo peleón y el sándalo de una espiritación inane, se convierte en un peregrino de la belleza. Así de simple, así de sencillo. El poeta es de una tierra hermosa- fría pero hermosa- y los ojos se le han hecho grandes de tanto mirarla, al extremo que no le basta y extiende su mirada por el mundo. Antología son todas las estaciones de su amor y aquellas otras que una vida de peregrino enamorado le ha permitido vivir y visitar. Hay aquí poemas de todos sus libros, El regreso publicado en 1964 en la colección Adonais, un buen libro que alcanzó para el autor una expectativa de lírico sensible. También aparecen piezas de Cancionero de Sagres notas de andar y ver, de precisa y exacta asonancia. Es, en cualquier caso, la revelación de Dibujo de figura publicado en El Bardo, en 1972, cuando la imantación leonesa del poeta se hace encarnadura. No es Pereira un poeta de ruptura o revolucionario o experimental. Pero sería un espejismo confudir su serenidad, cuasi clásica, con el formalismo al uso. Y si de la forma pasamos al contenido, la efusividad no es nunca ternurismo fácil o nostalgia esquemática. Y, sin embargo, todo lo que el hombre tiene de comunicable, de solidaridad fraterna, de afirmación de las raíces familiares cuenta en su poesía con un caudal irrestañable. Por eso lo que guarda relación de proximidad con esas raíces- -mieses, pastores, vecinos, soles, caminos, etcétera- machadianamente se instala en su corazón. La armonía entre el mundo entrañable de los sentimientos y, el cálido calado expresivo es la nota définitoria e identificable que en ocasiones- y no obstante, su moderada y apacible expresiónnos sacude con un desgarro patético. En principio, caracterizar la atmósfera de su universo lírico, oreado por el aire de los páramos leoneses- e l lector puede pensar que, logros y ambiciones aparte, apenas existen distonías entre el León de Colinas y el León de Pereira- está al alcance de cualquiera. No así, el de atisbar en su escritura la finura del término, la depuración del estilo y la elegancia que lo inunda todo de una cordialidad made in Pereira. Suele escapar a lectores poco atentos una maestría latente, una selección de tiempos y lugares en la simbología que en ocasiones se carga de una tierna y antropológica carga, que su apelación a la nostalgia y al recuerdo no conseguirán disolver. Desde hace muchos años, Antonio Pereira ha cambiado la seda de la poesía por el percal de una narrativa en la que ha cosechado triunfos en relatos como El ingeniero Balboa y otras historias civiles y en la novela País de los Losadas Hay que esperar, líricamente hablando, las reflexiones del patriarca en el otoño dorado de los días. Hasta entonces su obra poética está coja, porque la humanidad del poeta reclama un último estadio, un postrero poema de la consumación. Eso es, al menos, lo que esta lectura magníficamente articulada de la Antología revela: un fluido personal, un reconcomio de experiencias que sin duda pide sitio en el alma. Es, además, el tramo final de una espiral poética que nos hace volver la vista atrás en cada lectura. Conocidos estos poemarios en el momento de su aparición, diríamos que su virtualidad ha crecido. Nos conforta la relectura de El regreso -libro del silbo de afirmación de la aldea- Del monte y los caminos remite al pasado en la circunstancia familiar, con poemas de una versatilidad enriquecedora; en Cancionero de Sagres un aparente libro menor, es acaso donde la punzada desgarradora es más directa. Y la levitación de las ciudades más intensa. Todo lo que luego pasara a Dibujo de figura por un tamizado de añoranza y de fe en el porvenir, con poemas de ambicioso lirismo narrativo. Excelente lírico Pereira. Con una nota más grata todavía. Es de esos juglares de los que se recuerdan los poemas: Fiesta en Moscú Cementerio de Evora Mi muerte no la sabré Lo digo por Antonio G. de Lama Elección de la amada Pablo, creciendo Desnudo sobre raso De un retrato de Orlando Pelayo Los hombres de mi casa Y aún alguno como Mozos del 42 y otros que no aparecen en este florilegio. Un tiempo tan patético como mágico queda apresado por el hilo de esta cometa evocativa que es, en suma, la lírica pereriana. Florencio MARTÍNEZ RUIZ Descripción de la mentira Antonio Gamoneda Col. Barrio de Maravillas. Junta de Castilla y León Salamanca, 1986 En España se reedita raramente un libro de poemas si su autor no cuenta con cierta popularidad y prestigio. Antonio Gamoneda ha tenido esta suerte de proponernos una lectura de Descripción de la mentira libro un tanto mitificado desde que fue finalista en 1977, en el premio de la Crítica. Aparece ahora en la colección Barrio de Maravillas, vestido con nuevo ropaje y, también, en un contexto más descristaiizado. Baja la temperatura sociopolítica en la que fue escrito, y sube, sin duda, su capacidad estética. No es ociosa por lo tanto esta vuelta del poemario tratándose además de un poeta de escasa, pero rigurosa obra. De Gamoneda tenemos la ¡dea de que es un lírico irradíente, indirecto y complejo para el que la belleza no proporciona dulces sueños ni mucho menos. Su musa y su cornamusa es el insomnio, con indeclinable evidencia de relámpago. Pues bien, Descripción de la mentira sobreañade al momento de su escritura un distanciamiento que reafirma un discurso de la memoria colectiva en los pasados tiempos de silencio. El libro posee una enorme sugestión precisamente por su ambigüedad. Y, también, por su lucidez. Creo que son los dos polos en que se abandera el esplendor un tanto impracticable de las sensaciones y de los sentimientos. Acaso entre lo más críptico de Descripción de la mentira sea lo que se atiene a una dialéctica existencialista en el sentido de que acaso todo sea una pasión inútil. Y aún más: una pasión manipulada por una moral de situación, por un contexto contradictorio. En ese bisel de verdad- mentira juega el poeta sus bazas. Y las juega bien. Con todo ello, confirmamos el interés de una poesía que, en sus más ciertos momentos, nos ilumina con auténticas fogonadas de luz y de sombra. El poeta está naciendo de un cansancio y en otra especie. ¿Para qué callar que ese cansancio y esa situaciónbis tiene en esta lectura una aproximación definitiva? Por qué no confesar que esta descripción en clave casi onírica, es ahora mucho más diáfana y transparente que cuando se escribió? Antonio Gamoneda se adelantaba en el libro, sorprendentemente a una poesía del silencio que no únicamente una poética Se trata de un poeta ganado por un pesimismo radical, a quien asfixia la degradación de la verdad. Y de esa honda convicción emana el calado de su conciencia. De todos modos, todavía Descripción de la mentira oculta algunos espacios y, sobre todo, precisa una exégesis complementaria. Es una metáfora continuada, que encadena en su influencia no sólo imágenes, sino también saltos reflexivos y oblicuas rememoraciones. En su poder expresivo encontramos escondido también su capacidad iluminatoria, de un tiempo y de una edad, que el poeta hace remitir más bien al olvido que al recuerdo. iliiiíiilHIitiÉiit