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3 enero- 1987 ABC ABC V fragmentos del mundo A primera edición real contemporácatalana de Ulneo. El agua de fuebre dce Cavago del medievo está lleríes se publicó en Joan Perucho al lado del petróleo, y 1957 y pasó inadvertiPrólogo de Pere Gimferrer. Alianza Editorial Enciclopedia Catalana, Madrid, ¡986, los duelos de catalada. Eran tiempos nada nes y genoveses en el 152 páginas. 755 pesetas propicios para la literaMediterráneo alternan tura fantástica a la que guaje crítico. En los decenios del cincuenta y con la persecución del protagonista por un el texto se acogía o, simplemente, para la escritura no comprometida. Pere Gimferrer con- del sesenta, la aplicación del término realis- agente del contraespionaje británico en signa en su prólogo esta circunstancia y se mo a la obra equivalía a la aprobación auto- Oriente Medio. Con su maestría usual en esrefiere a la confiscación, que entonces se mática, y su carencia, a la condena. Hoy, en tas combinaciones, Perucho lleva al lector de producía, de la creación literaria por la ideolo- cambio, se procura eludir la palabra o utilizar- lance en lance, de suceso en suceso. La tragía política. No estará de más añadir que era la a menudo de manera despectiva. Otra no- ma se complica gradualmente hasta la conmenclatura ha entrado en vigor: mito, símbolo fusión según el deliberado propósito de imiprecisamente Barcelona el centro cultural y tar, al menos parcialmente, los libros de caeditorial desde donde con más énfasis se ballerías que anuncia ya el mismo título. propugnaba la concepción político- moralista Algunos motivos, como la incursión griega, de la literatura. Apenas tres años más tarde, derivan también del viejo modelo, que se enJosé María Castellet editaba su antología trecruza con la novela bizantina. Veinte años de poesía española, en que se decretaba la desaparición de Juan Ramón JiLa imaginación de Perucho se ofrece aquí ménez de la lírica escrita a partir de 1939 y, ya en su plenitud. Lo más singular, por encipor tanto, del autor de Espacio y de Dios dema de las concretas urdimbres imaginativas seado y deseante. A la vez se daba por clau- -los artefactos mecánicos del reino del Pressurada la tradición simbolista, y Mallarmé, Rilte Juan, la aparición de Raimundo Lulio, la ke, T. S. Eliot o Ezra Pound, entre otros, eran resolución de la batalla entre catalanes y geenviados al desván de los recuerdos. Por noveses- reside en esa ya registrada conjucierto que seria el propio antologo quien en gación de medievalismo y edad contemporá 1970 daría el espaldarazo a los llamados (por nea, que presta al conjunto un encanto irreél) novísimos, entre ellos el propio Gimferrer, ductible. Tal mezcla se proyecta sobre los en expresión curiosamente anticipadora de lo personajes, que pueden transformarse en vaque luego ha sido la vida española, con su rias criaturas, según el tiempo en que se ubicompulsiva tendencia a la pérdida de la mecan. En ocasiones parece percibirse la huella moria histórica, el naufragio de los esquemas de Borges, como en el episodio de la ciudad doctrinales y la canonización del oportunismo. de Ulm. L LIBRO DE CABALLERÍAS Suscribo plenamente el diagnóstico del prologuista: En pocas épocas el gusto literario se ha visto hasta tal punto desvirtuado; en pocas épocas se ha estado tan lejos de leer en verdad literatura. Debe, no obstante, matizarse su afirmación de que el fenómeno no se registró sólo en España. Es verdad, pero también lo. es que cuando aquí arreciaba con más fuerza comenzaba a declinar en Europa, donde casi nunca se dio con la univocidad y pobreza del social- realismo español, entre otras razones, porque la literatura europea había abandonado la tentación del costumbrismo hacía bastante tiempo. Entre el 52 y el 59 publica ítalo Calvino- alude a ello Gimferrer- el ciclo de Nuestros antepasados y por entonces despega el nouveau román Si se compara el neorrealismo italiano con la novela social española, la confrontación arroja resultados muy desfavorables para esta última. En relación con este punto, Gimferrer anota algo que no debe caer en saco roto: la existencia, con todo, en esa literatura de obras intrínsecamente valiosas. En efecto, denominaciones como la de la generación de la berza hacen honor a las escasas exigencias verbales de quienes se han valido de ella, pero distan de ser rigurosas. La obra narrativa de Ignacio Aldecoa, El Jarama ferlosiano o incluso algunos de los primeros títulos de Alfonso Grosso- valgan los relatos de Germinal- son acreedores de estima y reconocimiento. A veces, ante los bandazos del gusto literario, resulta inevitable pensar en el influjo de los prejuicios sobre las valoraciones estéticas. Frente a determinadas actitudes- d e críticos o de creadores- se tiene la impresión de que hemos pasado de una ideología la político- moral, a otra, la estética. (Y empleo el concepto de ideología en el sentido más clásico. Basta considerar la evolución del len- El relato es, en cierto sentido, un homenaje a la Cataluña medieval, pero también apunta al significado superior de la aventura, a una cierta trascendencia de la acción humana. Tomás Safont cumple la voluntad de su rey: encuentra el agua de fuego restaura un orden político violado, con la derrota a que somete al déspota Paleólogo Dimas, consolida los dominios catalanes en Oriente y le lleva a su señor las reliquias del reinó del Preste Juan, que anhelaba. Libro de caballerías fue la primera novela o estructura (aunque ésta se encuentre yá de Perucho, escrita tras una prolongada dedi en baja son los nuevos términos bienquis- cación a la poesía. Sea por esta circunstantos. Tales oscilaciones no dejan precisamente cia o por su profunda intuición del momento en buen lugar la deseable seriedad de la vida en que se encontraban en 1957 los géneros narrativos, enfrentados con el dilema de conliteraria. tinuar el realismo o de proceder a la poetizaEl silencio con que fue acogido el Libro de ción de la prosa, el hecho es que el escritor caballerías, de Joan Perucho, es, hoy, el me- optó por esta última fórmula. Y lo hizo de major certificado a favor de la independencia del nera radical, hasta configurar un texto que, escritor y de la singularidad de su obra. En sin neutralizar los desarrollos novelísticos, se sintonía con el ciclo fantástico de Calvino, acerca en muchos puntos al poema en prosa: que no sé si el escritor conocía, el narrador estructuración en capítulos breves y lenguaje traza la crónica de un viaje maravilloso, en la que busca la poeticidad, tanto en el engaste acepción más estricta del término: el que lle- de ciertos pasajes como en la misma orientava a cabo, en los tiempos y espacios del sue- ción anticoloquial. La progresión narrativa no ño, el ingeniero catalán Tomás Safont. Su se logra nunca a expensas de la glosa poesueño materializa la aventura que deseaba, mática, la imaginería verbal o el simple reacometer en la vida cotidiana. Una aventura gusto estilístico. Novedad evidente a la altura mediterránea, surgida al fuego de la mitología de 1957, hoy sigue otorgándole al relato una catalana, de las expediciones medievales de frescura de dicción innegable. Y esto es así, la Corona de Aragón por el Mare Nostrum. aunque la tendencia a la disolución de la naLos cronistas catalanes (Ramón Muntaner en rratividad sea ahora menos fuerte que hace especial) están al fondo del relato, sin que algunos años. falte la presencia física de Raimundo Lulio Esta obra fue el primer eslabón de una ca (Ramón Llull) el autor, entre otras obras, de Blanquerna, uno de los grandes libros euro- dena que continuaría en Las historias naturales, en Pamela o en Las aventuras del cabapeos de caballerías. llero Kosmas: un ya maduro eslabón, con el El relato es un sueño y la crónica de ese que iniciaba su carrera de novelista este essueño. Las aventuras y peripecias de Tomás critor de perfil inconfundible. Safont, trasmutado en el medieval Tomás SaMiguel GARCÍA- POSADA font, se entrelazan deliciosamente con frag-