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SÁBADO 3- 1- 87- INTERNACIONAL -ABC, pág. 27 El futuro de Reagan marca Eco positivo en la URSS del alto el fuego en Afganistán el comienzo del año en USA La guerrilla lo considera un gesto vacío Moscú. Alberto Sotillo El anuncio de un alto el fuego unilateral en Afganistán a partir del 15 de enero, dado a conocer por el número uno del régimen de Kabul, ha sido recibido con alegría por el pueblo soviético, mientras dirigentes de la guerrilla lo consideran un gesto vacio mientras permanezcan tropas soviéticas en territorio afgano. Siete años después de que las tropas soviéticas entrasen en Afganistán, Moscú se enfrenta a una guerra cuyo costo social, político y económico no deja de aumentar a medida que transcurre el tiempo y la situación militar continúa en su actual estado de estancamiento. Después de varios años durante los cuales se intentó hacer olvidar por medio del silencio la existencia de la guerra, ésta ha pasado a convertirse en un he- cho de la vida cotidiana de los soviéticos, que ya no puede seguir ocultándose. Medios occidentales calculan en ciento veinte mil hombres el contingente militar soviético en aquel país, en tanto que la cifra de muertes habidas entre tropas, miembros de la guerrilla y población civil oscilaría entre el medio millón y el millón de personas. Las mismas fuentes calculan en doce millones de dólares diarios el costo económico de la guerra. Una cantidad que permite a Afganistán gozar del relativamente buen estado de su aprovisionamiento material, que tanto sorprende a algunos soldados soviéticos. Desde un punto de vista militar, en cambio, fuentes diplomáticas en Moscú consideran que Afganistán no supone ningún serio problema para el Ejército soviético. El número de bajas es inestimable para el inmenso contingente de las Fuerzas Armadas de la URSS y el conflicto, por otra parte, les brinda un campo de pruebas para medir diariamente la capacidad de las tropas y su armamento. Pero desde un punto de vista social y económico, el mantenimiento indefinido del conflicto se está convirtiendo en una carga crecientemente insoportable. E! pueblo soviético odia una guerra que, a su juicio, sólo es un enfrentamiento trival en el que Moscú ha inmiscuido a sus hijos. Los medios soviéticos parecen haber captado este descontento y, junto con las habituales justificaciones de la presencia militar de la URSS en Afganistán, se reconoce ahora la tragedia del conflicto la necesidad de ponerle fin y la esperanza de un pronto regreso a casa de las tropas soviéticas, con lo que se busca una mayor identificación con los puntos de vista de la población e impedir un crecimiento del descontento. Y a largo plazo, además, el conflicto amenaza con propiciar el mismo peligro que, en principio, quiso alejar la URSS con su presencia militar: la extensión del integrismo islámico y la amenaza de su propagación entre la población musulmana de la Unión Soviética. Lejos de normalizar la situación, el conflicto ha radicalizado las posiciones de la guerrilla, cada vez más dominada por los sectores fundamentalistas, para los cuales el fin de la guerra sólo pasa por la instauración de un régimen integrista en Kabul. Después del Irangate nada será igual Nueva York. José María Carrascal La gran incógnita en los Estados Unidos al estrenar año es si Reagan está acabado como presidente o podría recobrarse de las desdichas del Irangate Como pueden figurarse, unos dicen que no tiene nada que hacer. Otros aseguran que tiene todavía una oportunidad. Los primeros son mayoritariamente demócratas. Los segundos, republicanos, por lo que sus opiniones son tan parciales que la conclusión a la que llegan hay que tomarla con reservas. Aunque sus argumentos sean legítimos. Que Reagan está seriamente tocado lo reconoce hoy él mismo, tras pasarse semanas con la esperanza de que fuera un mal pasajero. Pero no. Se ha roto un lazo especial, invisible, tan delicado como fuerte, entre el presidente y su pueblo, y desde luego, éste podrá volver a anudarse pero nunca ser el que fue. Ha sido un poco como el primer engaño en un romance: aunque los amantes sigan queriéndose, la pureza de la relación entre ellos se ha rotó y surgen las primeras dudas. El que Reagan estuviese entregando armas a Jomeini es algo que no lo olvidarán nunca sus compatriotas. Que puedan perdonarle está por ver. Aunque legalmente es mucho mas grave el que se desviara el dinero iraní hacia los contras es el armar a alguien que ha humillado a los Estados Unidos lo que más cuesta digerir. Todas las razones geopolíticas que se dan- importancia de Irán, proximidad soviética, etcétera- quedan anuladas por el sentimiento elemental de revancha. En cuanto a las razones humanitarias- e l procurar Ja libertad de los rehenes- sólo los familiares de éstos piensan que debería pagarse un precio tan alto por ello. Y todo cuanto hace Reagan para explicarlo no sirve de nada. Sólo el reconocimiento abierto de que se cometió un grave error, en el que por lo menos tuvo parte de la culpa, podría subsanarlo. Siempre, naturalmente, que no se descubra que la tuvo toda, cosa que tendrán que decidir las investigaciones en marcha. A su alrededor, sin embargo, hay gentes que dicen que aunque el presidente está tocado, no está ni mucho menos paralizado. Y apuntan a que el descenso de su popularidad se ha detenido, confiando en que la enorme reserva de simpatía que tienen, en el país comience a hacer su efecto a medida que el escándalo se aleje. Su equipo está trabajando en su discurso sobre el estado de la nación, que deberá dirigir el día 30 a las Cámaras y al país como base del relanzamiento. Va a depender, sin embargo, de factores ya fuera de su alcance. El primero es si los Comités del Congreso que investigan e! escándalo no lo mantienen al rojo sacando cada día una mala nueva sobre el mismo. El segundo es si la operación de próstata a la que debe someterse la próxima semana no le deja incapacitado físicamente. Demasiadas incógnitas. Lo único seguro es que de que se recupere física y políticamente Ronald Reagan en las próximas semanas dependerá que los Estados Unidos sean un país paralizado o activo durante ios dos próximos años. Se agrava el conflicto de los ferrocarriles franceses Protagonismo del sindicato comunista, la CGT París. Interino El conflicto de los ferrocarriles, que ha entrado en su tercera semana, se agravó en la jornada de ayer a causa, sobre todo, de la acción dura de una parte de los ferroviarios, que organizados en piquetes han intentado impedir el trabajo de los no huelguistas. La CGT juega desde ayer un papel activo que la politiza. El Gobierno está dispuesto a no ceder y el ministro de Transportes, Jacques Douffiagues, declaraba ayer que existía por parte de ciertos sectores la voluntad de atacar la política del Gobierno A medida que el tiempo pasa, el conflicto revela sus aspectos políticos. Estos eran especialmente claros desde ayer. En efecto, las aperturas de la Dirección y los logros de los sindicatos en la negociación de la noche del 31 de diciembre al 1 de enero no habían encontrado el eco esperado en la base. Las asambleas generales votaban en favor de la continuación de la huelga y la Coordinadora Nacional de los Comités de huelga decidía probar su capacidad de organizar una jornada sin trenes Para ello, las estaciones parisienses fueron ocupadas por grupos de huelguistas. La Dirección replicó al lanzar en varios lugares un llamamiento a la Fuerza Pública para poder hacer circular los trenes. En esta politización hay que poner el gesto de! presidente Mitterrand, que recibió a una delegación de huelguistas el jueves en el fuerte de Breganon, donde pasaba las fiestas. Mitterrand, después de una locución moderada de fin de año, contrarrestaba esa moderación con una acción simbólica en favor de los huelguistas que no ha sido nada apreciada por el primer ministro.