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PESCA ACE años, no sé cuántos, aprender, nos aproximamos al pespero muchos, cuando aún se cador de oscuras gafas más de la podía pescar en el río Jarama, era cuenta. Incluso llegamos a descuuna bendición de Dios desplazarse brir su rostro que, aun no siéndohasta sus márgenes allá por Mejo- nos del todo desconocido, tampoco rada del Campo, El Cristo de Ri- nos resultaba muy familiar. La televas. La Velilla de San Antonio o La visión no había hecho aún su apaPoveda. El poseer un modesto rición o cuando menos no estaba cuatro cuatro o un no menos muy divulgada. Y ni cortos ni peremodesto seiscientillos que en- zosos le preguntamos- ¡cuántas tonces era todo un lujo, permitía preguntas tontas hacemos los peshacer una escapada mañanera a cadores! -con qué estaba pescanestos lugares o incluso en verano, do y dónde se proveía de aquel cuando los días son más largos, cebo. Amablemente, pero sin peraprovechar las últimas horas de luz der ojo de la veleta, nos explicó solar para probar fortuna con la que aquello era verdín y que lo caña entre las frondas velillenses. podíamos encontrar en cualquier Eramos pocos los que salíamos a charca de las que había en las inpescar y eso posibilitaba hacer mediaciones. Al instante reconocibuenas pescatas. Pero era fre- mos al personaje por su voz. Era, cuente ver un grupo de amigos, ni más ni menos, que Matías Prats, tres o cuatro no más, que tenían el hombre que contó y cantó el gol por costumbre pescar por Mejora- de Zarra en Maracaná y que ha da, junto al puente del ferrocarril o hecho de la palabra sacerdocio inen las inmediaciones de otro puen- formativo. ¡Caramba con el bueno te, el de la azucarera, donde se de don Matías! Sólo cuando pescaconcentraban barbos, bogas y car- ba era capaz de estar sin hablar. pas. Llamaba la atención el buen Y, además, no le gustaba que le quehacer y la seriedad con la que hablaran. Eran sus silencios los sise tomaban el arte del lance No lencios propios de un consumado gustaban que nadie se les acerca- pescador. ra, no sé si por temor a que descubrieran los cebos que empleaban o Más tarde, con el tiempo, gran porque realmente la proximidad de otros pescadores pudiera molestar- aliado de la amistad, fuimos sales y entorpecerles sus acciones. biendo de sus labios que no hay Uno de ellos, bigotito casi de hor- cosa que más asuste a los peces miga e incipiente calva, iba provisto que el ruido. Tal vez más incluso de unas gafas oscuras- -gafas de que la proyección de las sombras sol- que no se quitaba ni para an- sobre las aguas. Matías Prats se zuelar. Llamaba la atención la rara inició o se envenenó con la caña habilidad que poseía para pescar en su natal Villa del Río, junto a la con verdín, modalidad que, lo con- presa de Casas Grandes, donde se cogen barbos como burros exfieso, jamás llegaré a dominar. presión sumamente elocuente que tiene no poco de esa graciosa exaUn buen día, llevados de nuestra geración andaluza que tanto caráccuriosidad o de nuestras ganas de ter le imprime. Y si poco es lo que La importancia de los silencios en la pesca H Un lacio de campeonato Antonio Sanz Rivero, veterano pescador adscrito a la Asociación Deportiva El Rejón, clavó el pasado día 14 el ejemplar de lucio, con el que aparece en la presente fotografía. El animal pesó ¡quince kilos doscientos gramos! entró al pez vivo y fue capturado en el embalse de Entrepeñas, tramo inmediato a Sacedón. ¡Todo un lucio de campeonato! le gusta hablar cuando pesca, mucho menos es lo que le gusta pjsqi tear márgenes o que otros las pisoteen, porque decía, y luego tuve ocasión de comprobarlo, que las ondas acústicas se trasiten en el agua con intensificado tono, lo que hace que la pesca se ahuyente. No gustaba, y creo que sigue sin gustarte, vadear innecesariamente los ríos o caminar junto a las orillas. Generalmente se alejaba de las mismas cuando se decidía a cambiar de puesto y jamás tiró a la corriente papeles, envoltorios u objeto alguno que pudiera alertar a los peces. Increíble, pero cierto. Ma- tías Prats es capaz de pasarse horas y horas calladito siempre que tenga una caña en la mano y un pez que pescar. Luego, finalizada la jomada, imparte docencia pesqueril con delicioso encanto. Porque no sé qué es más cautivador, si verte pescar o si oírle contar tas mil y unas anécdotas de peces por él vividas y quién sabe si por él inventadas. Narradas por Matías Prats, cualquier parecido con la realidad puede no ser mera coincidencia Entre las muchas cosas que quiero agradecerle, una de ellas es la atención que días pasados tuvo con este diario que es el ABC no sólo del pescador y con mi persona, al hacer alusión en público al último comentario en el que se hacía referencia al día en que un lucio se comió un pollo de alcaraván En justa correspondencia yo debería comentar cómo aprendí lo poco que sé sobre la pesca con verdín de labios y manos de Matías Prats. Porque Matías no es de los pescadores que sólo predican con la palabra, sino que también lo hace con el ejemplo. ¡Y qué ejemplo! De momento, seguiremos el consejo que un día nos dio a un grupo de amigos pescadores. Nos dijo: En el río y en la iglesia hay que estar en silencio. En el río con atención y en la iglesia con devoción. Son los silencios del maestro. Cebos: Naturales de g u s a n o lombriz, ver de vase y masillas. Ruta: Salida de Córdoba por la C 431 para empalmar en Almodóvar del Río con la C 411. A diez kilómetros y a mano izquierda aparece un camino vecinal que conduce a la margen del río. Siguiendo la C 431 después de pasar Almodóvar a once kilómetros aparece a la izquierda la carretera que lleva hasta Hornachuelos. VIERNES 2- 1- 87 La ruta de la semana Embalse de Bembézar (Córdoba) JAVIER SICILIA José Antonio DONAIRE A B C 95