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VIERNES 2- 1- 87 ABC 53 por orden de la Administración dó encargado de la conservación del ala este que debía ser absolutamente respetuosa con las características del inmueble; y acorde con las prescripciones que al respecto estableciesen la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas y el Ayuntamiento de Madrid, así como otros órganos competentes en la materia. Una vez que ha transcurrido ese plazo al que se refería el doctor Matos, que se establece en el artículo 8. de la ley del Patrimonio del Estado, la Administración deberá acudir a los Tribunales ordinarios, ejercitando la acción correspondiente. En este caso- -explica el secretario del Colegio de Médicos de Madrid, doctor Sanjuanbenito- -el plazo está más que superado y, además, la posesión no fue pedida indebidamente, sino autorizada legítimamente. El Colegio tenía previsto, una vez restaurada esta zona del edificio, utilizarla para fines propios de sus servicios (administración, reuniones, actos y un lugar amplio y confortable para los médicos jubilados) Competencia judicial El presidente, doctor Matos, está convencido de que no ha existido ningún acto administrativo que pueda legitimar los actos de despojo ni podría, en modo alguno, adoptarse legítimamente tal resolución administrativa por aplicación de los terminantes legales que atribuyen la competencia a los órganos de jurisEn el Colegio de Médicos ha sorprendido la presencia en su sede oficial de unos trabajadores, sin documento alguno, que derribaron una puerta y se pusieron a sacar escombro en el ala izquierda de la Facultad de San Carlos dicción ordinaria. No cabe duda de que es el Juzgado quien tiene que decidir, aunque sólo sea sumariamente, que la actuación de la Administracióri carece de la previa y preceptiva habilitación legal, pues no ha intervenido ni siquiera se le ha notificado al interesado, que no es otro que el Colegio Oficial de Médieos de Madrid. Como consecuencia de este despojo, el Colegio ha presentado una denuncia en la Comisaría y el correspondiente interdicto ante los Tribunales ordinarios. Aquí nació la Medicina española Fourquet, Argumosa, Capdevila, Calleja, Ramón y Cajal, Recaséns Letamendi, Marañón, Jiménez Díaz, y entre sus muros, los doctores Antonio Sáez y San Martín emplearon por vez primera la anestesia etérea. Ortiz de la Torre realizó la primera sutura de corazón, la vacuna contra la dipteria fue empleada por Hergueta, Marañón lévó el primer tubo de ensayo con la reacción de Wassermann, Ramón y Cajal, en un modestísimo laboratorio, realizó sus famosos trabajos y un largo etcétera, que sería prolijo enumerar. También en San Carlos se realizó la primera autopsia, así como la primera aplicación de la penicilina, cuyo descubridor, el profesor Felim Fleming visitó la Facultad y conversó con el doctor Marañón. En el anfiteatro, ahora magníficamente restaurado, fue descubierta durante las obras una lápida que había quedado escondida tras una rudimentaria pantalla de proyección. Én ella, con grandes caracteres en latín, se da fe que en el año 1834 se vio realizado, aunque sólo en parte, el proyecto de Castelló. En el año 1845 se llevó a cabo una reforma trascendental para los estudios de Medicina en España, que pasan a formar parte de la Universidad Central, con el hombre de Facultad Universitaria de Medicina. Habían transcurrido tan sólo once años desde aquel día en que el edificio de San Carlos era inaugurado, mientras resonaban en sus muros las palabras encendidas de Juan Castelló y Roca. Hoy, en el edificio hay un patio bautizado con el nombre de Cajal. Un lugar tranquilo, de césped recién plantado, por el que cada día cruzaba el maestro desde su aula a su laboratorio, cuyas ventanas se elevan sobre ei jardín. El aula de Cajal ha sido también cuidadosamente restaurada, devuelta a su primitivo carácter. Los bancos, guardadores de mil lecciones, se alinean vacíos. Sobre la cátedra, un enorme mural, extraído de una vieja fotografía, en la que Gájal aparece durante una de sus clases, preside la sala, que conserva la austeridad y la nobleza que caracterizaba al maestro. La Neurona es también el nombre que, como homenaje a su descubridor, se. ha dado a un íntimo rincón, bajo el café, hoy también restaurado sin añadir un ápice de modernidad. Como también lo ha sido la biblioteca semianular que rodea el anfiteatro. En los sucesos precursores a la revolución de 1868, como en tantos otros momentos de la historia política española, los alumnos de Atocha. tuvieron una intervención destacada. Se recuerda también con simpatía la popularidad que disfrutó la estudiantina de San Carlos, en su tiempo la más famosa de la Universidad. Se da la circunstancia de que hasta los policías dejaban libre la calle de Atocha cuando los jóvenes estudiantes se veían complicados en algún motín o algarada. Hoy, la antigua Facultad de Medicina de San Carlos y ahora sede del Colegio de Médicos de Madrid continúa escribiendo, entre sus muros, la historia de la Medicina española. Esta Corporación ha hecho posible la conservación y restauración de un edificio que se estaba derrumbando, posibilitando así que las generaciones venideras de médicos puedan pasear por los mismos lugares que lo hicieron, en su época, Ramón y Caja! y Marañón, entre otros.