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VIERNES 31- 10- 86- RELIGION -ABC, pág. 43 La Congregación para la Fe reitera que los actos homosexuales son inmorales Los invertidos son llamados, como los demás, a la virtud Ciudad del Vaticano. Miguel Castellví La Carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales hecha pública ayer en Roma por la Congregación para la Doctrina de la Fe, es el primer documento de la Iglesia dedicado exclusivamente a la homosexualidad y supone una respuesta a las presiones de algunos grupos de gays especialmente norteamericanos, que han tratado de cambiar la tradicional doctrina católica sobre este punto candente. La cuestión de la homosexualidad fue tratada en 1975 en un documento de la misma Congregación sobre Algunas cuestiones de ética sexual en uno de cuyos puntos se rechazaba la distinción establecida por algunos entre la homosexualidad de nacimiento y la adquirida y se reiteraba el tradicional pensamiento católico sobre el tema. El hecho de que este documento vaticano fuera interpretado a veces de un modo excesivamente amplio, ha llevado a la Congregación a realizar un nuevo documento dedicado exclusivamente al tema, en el que, sin modificar el juicio moral, se expone con mayor amplitud el apoyo escriturístico en que se apoya y las razones teológicas, morales y sociales que obligan a dar un juicio negativo sobre los comportamientos homosexuales. Esta carta, que trata con enorme respeto a los homosexuales- habla siempre de las personas homosexuales y huye todo otro tipo de calificativos despectivos- afirma que, como los demás cristianos, también ellos están llamados a vivir las virtudes cristianas y, entre ellas, la castidad. Al mismo tiempo, se defiende la dignidad de los homosexuales afirmando que no se puede clasificar a las personas por este criterio y que todas son iguales como hijos de Dios. La Congregación recuerda que la declaración de 1975 distinguía entre condición o tendencia homosexual y actos homosexuales y afirmaba que éstos son intrínsecamente desordenados y en ningún caso pueden recibir aprobación moral. En la discusión que siguió a la publicación de la Declaración se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto de que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena. Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia más o menos fuerte hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo, la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada. se en la historia de los hombres de Sodoma. No puede haber duda acerca del juicio moral expresado allí contra las relaciones homosexuales dice el texto, que cita también las condenas de la homosexualidad contenidas en el Levítico y en las tres cartas de San Pablo: la primera a los Corintios, Romanos y la primera a Timoteo. Condena de los movimientos gays- católicos e! designio divino de la unión del hombre y la mujer, unión de amor y capaz de dar vida. Sólo en la relación conyugal puede ser moralmente recto el uso de la facultad sexual. Por consiguiente, una persona que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente. Optar por una actividad sexual con una persona del mismo sexo- prosigue el textoequivale a anular el rico simbolismo y el significado, para no hablar de los fines, del designio del Creador en relación con la realidad sexual. La actividad homosexual no expresa una unión complementaria capaz de transmitir la vida y, por lo tanto, contradice la vocación a una existencia vivida en esa forma de autodonación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana. Esto no significa que las personas homosexuales no sean a menudo generosas y no se donen a sí mismas, pero cuando se empeñan en una actividad homosexual refuerzan dentro de sí mismos una inclinación sexual desordenada, en sí misma caracterizada por la autocomplacencia. Esta postura de la Iglesia- dice el documento- no supone incomprensión hacia los homosexuales ni es debida a prejuicios secu- El juicio moral de la Iglesia En el punto siete se expone el juicio moral de la Iglesia sobre la homosexualidad y las razones teológicas del mismo: La Iglesia, obediente al Señor que la ha fundado y la ha enriquecido con el don de la vida sacramental, celebra en el sacramento del matrimonio TRASFONDO DEL DOCUMENTO El documento que hoy publica la Congregación para la Doctrina de la Fe no es un asteroide sin historia. Tiene su origen en la creciente preocupación del Vaticano ante el nacimiento y las presiones de grupos cristianos que tendían en varios países del mundo a bautizar la homos e x u a l i d a d y a p r e s e n t a r l a como aceptable dentro del mensaje cristiano. La primera respuesta al problema se dio en el documento que el 29 de diciembre de 1975 publicó la misma Congregación, que entonces presidía el cardenal Seper, cuando en la Declaración sobre algunas cuestiones que afectan a la ética sexual uno de sus puntos, el octavo, respondía a la pregunta hecha por un obispo sobre si entre los homosexuales definitivamente tales podrían ser justificables las relaciones en una sincera comunión de vida y de amor, análoga al rnatrimonio, en cuanto ellos se sienten incapaces de soportar una vida solitaria La respuesta de la Congregación era tajantemente negativa y señalaba que desde la Sagrada Escritura y desde la moral católica los actos de homosexualidad son intrínsecamente desordenados y en ningún caso pueden recibir cualquier tipo de aprobación La misma declaración señalaba, por otra parte, que en la acción pastoral con los homosexuales éstos debían ser oídos con comprensión y sostenidos en la esperanza de superar sus dificultades personales y su desarraigo social Era, pues, una postura tajante en lo teórico y comprensiva y estimulante en lo pastoral. Esta comprensión del documento vaticano no pareció suficiente a un grupo de teólogos especializados en los temas sexuales y a algunas asociaciones dedicadas a la pastoral pro- gay especialmente en Estados Unidos. Concretamente el teólogo Charles Curran- recientemente descalificado por el Vaticano- -criticó entonces a Pablo VI por haber firmado dicha declaración y escribió que el Vaticano demostró en dicho documento su incomprensión hacia los homosexuales En cambio, el Papa Juan Pablo II reiteró, cuatro años después y durante su visita a los Estados Unidos, los planteamientos de Pablo VI al afirmar en uno de sus discursos que el comportamiento homosexual es moralmente deshonesto Mientras. tanto, en numerosos países, especialmente en Estados Unidos y Bélgica, se multiplicaban las asociaciones o movimientos de homosexuales- católicos En Europa eran especialmente activos grupos como el Cristo Liberador en París y Bruselas; el Arbeitsgruppe Homosexuelle und Kirche en Alemania Occidental; el Bureau National d Aide Pastoral aux Homosexuelles en Francia; o la asociación Courage en Estados Unidos. Al mismo tiempo, algunas otras Iglesias cristianas eran, en este campo, más liberales Así, la Iglesia Unida de Cristo consagró en 1982 como pastora a Anne Holmes, que no ocultaba su homosexualidad. Ante las dudas sembradas por algunos de estos movimientos, el Vaticano ha creído necesario volver a tratar el tema en una declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe más amplia y concreta que la de 1985, que se limitaba a confirmar la tradicional doctrina católica. El tema en la Biblia Después de esta puntualización, la carta aporta los argumentos escriturísticos sobre el tema y recuerda cómo Dios crea al hombre a su imagen y semejanza como varón y hembra y el hombre y la mujer, cuando cooperan con Dios en la transmisión de la vida mediante ¡a recíproca donación esponsal reflejan la unidad interna del Creador Esta verdad sobre la persona humana se oscureció con el pecado original y el deterioro debido al pecado continúa desarrollando-