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XVI ABC ABC 11 octubre- 1986 Nabokov: palpitaciones inéditas 4. N UEVE años después de su muerte, en su exilio dorado de Montreux, Vladimir Nabokov comienza a apercibirse, con Borges y Samuel Beckett, como una de las figuras excepcionales que han comenzado a prolongar, desplazar, sustituir, a los padres fundadores- Proust, Kafka, Joyce- en el terreno decisivo de las grandes convulsiones que continúan haciendo oscilar la historia y el rumbo de la creación literaria universal. Durante los años sesenta, se extendió, desde los campus de las universidades norteamericanas, un culto que los relatos de Nabokov publicados en el New Yorker alimentaban con el fuego sagrado de una pasión devoradora. Al final de los años sesenta, comenzaron a escucharse voces aisladas que situaban a Nabokov entre los grandes maestros de la prosa inglesa de nuestro S glo, junto a Henry James, Conrad, Virginia Woolf. El culto de Nabokov se extendió a varias capitales europeas, donde varías capillas de iniciados comenzamos a difundir y propagar la buena nueva de un nuevo mesías que devolvía a la burla, la tragedia bufa, ei amor más frenético por las lenguas, los juegos más trágicos y patéticos, la condición del gran arte shakesperiano. Hoy, al fin, es una banalidad en Nueva York, en San Francisco, en Londres, en Sydney, en Roma, en París, afirmar que la obra de Nabokov continúa creciendo de modo vertiginoso. Gracias a la erudición acumulativa de las sectas y devotos formados en la tormenta de los felices años sesenta, hoy comenzamos a percibir hasta qué punto Nabokov ha sido literalmente masacrado por varias generaciones de traductores hispanoparlantes, hasta qué punto una obra escrita en ruso, inglés, francés, alemán, nos resulta hoy indispensable para comprender el misterioso destino de la creación literaria en nuestro tiempo. Estas y otras razones convierten la publicación postuma de L Enchanteur en el acontecimiento literario internacional de la temporada. Si recordamos el célebre postfacio de Nabokov a la primera edición americana de Lolita L Enchanteur fue la primera palpitación de la más célebre nymphette de la historia de la literatura universal Tal es el interés primero de esta novela corta: la culminación estilística, con The Gift de toda la obra rusa de su autor, periodo que incluye varias obras maestras, como The Defense o los relatos incluidos en el volumen A russian beauty El texto original de L Enchanteur se perdería durante cuarenta años, en la vorágine del exilio forzoso, cuando Nabokov se adentraba en la selva luminosa de la revelación de una nueva lengua, el inglés nabokoviano, la tierra prometida donde el autor estaba llamado a erigir nuevos monumentos y homenajes a la nostalgia de la tierra prometida y para siempre perdida, Ada or Ardor: a familiy chronicle Palé Fire Lolita será la piedra fundacional del nuevo mundo, y el cordón umbilical que une el cadáver abandonado de la lengua materna y el cuerpo maduro y frondoso donde Nabokov podrá fecundar y revelar su propio y último destino. Lolita deberá integrar todas las grandes tradiciones del árbol genealógico de su autor: la erótica del juego verbal que Nabokov descubrió en Lewis Carroll y Andrei Byely; la precisión infinita de los matices del arco iris estil i s t í c o y v e r b a l que Nabokov u t i l i z a recurriendo a la herencia de Ana Karenina y Gogol; la parodia iluminada de la gran tradición novelesca británica (Sterne, Jane Austen, Tackeray) la condena trágica al exilio del ciudadano que nunca volverá a su patria, el hombre errante y sin destino en la tierra, caído y perdido en la torre de Babel, el paraíso imaginario de las lenguas y las iluminaciones del lenguaje. Tras Lolita Nabokov contará, al fin, con los recursos retóricos imprescindibles para acometer la construcción de los mitos llamados a sustituir a las inolvidables divinidades de la tierra proscrita por la historia. Tras Lolita liberado del martirio, el purgatorio, de la revelación final de una nueva lengua, Nabokov podrá erigir nuevos y maravillosos templos en mármol rosa, homenajes a la patria para siempre perdida, el San Petesburgo de su infancia, la lengua rusa. Antes de Lolita estaba L Enchanteur que, con The Gift cierra y concluye la saga del exilio inglés, alemán y francés, la crónica melancólica del destierro, el proyecto inconcluso e imposible de la reconstrucción del paraíso en la tierra de nadie del exilio. L Enchanteur culmina la saga de apatridas, desesperados, marginales, desterrados, niños abandonados, seres sin patria ni cobijo que pueblan toda la obra escrita en ruso por Nabokov. Todos ellos pudieran habitar en un volumen único, nombrado con eí titulo de un libro que está en el origen mismo de la prosodia nabokoviana de la época, Las almas muertas Sin embargo, por vez primera, la voz que habla por la boca del fabulista ha descubierto la palpitación primera de un paraíso de nuevo imaginable, real, tangible, aunque para siempre proscrito: la belleza turbadora y trágica de la nymphette, que ocupa, en la mitología nabokoviana, el puesto de Diana en el panteón clásico. L Enchanteur posee el misterio y el ericanto del primer acto dé amor. El narrador ha descubierto, ha desflorado, con extremo pudor y delicadeza (maravillado ante la fragancia y el poder inexorable de sus artes de seducción) ha descubierto que, al fin, el cuerpo de la lengua, la retórica, le permite revelar, descubrir, refutar, iluminar, maravillosos mundos que no existían antes que el are combinatoria de las palabras y los cuerpos ilumine con la fecundación y el advenimiento de ua nueva vida, un nuevo mundo, llamado a refutar y reinventar la realidad. El narrador sabe que la historia concluye inexorablemente en. la tragedia. Pero los colores, perfumes, aromas, matices, juegos, errores y sombras de la escritura nos ayudan a inventar un pasado y un destino imaginarios que iluminan y justifican nuestra existencia sonámbula. Juan Pedro QUIÑONERO