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EL SILENC LOSVeM Ante la catástrofe de Chernobyl, las preguntas que se hacen los mectros de comunícacrón r i o s Occidente son éstas: ¿En dónde están los pacifistas, ios yérdes, los ecologistas? ¿En dónde las sentada! las huelgas de hambre, las manifestaciones, las cadenas humanas? ¿En dónde las protestas airadas ante las Embajadas soviéticas? ¿Por qué la pasividad y el silerrcio? ¿No estarán muchas de esas organizaciones financiadas por dinero soviético y controladas por el KGB? ¿Por qué ciertos periódicos- y entre ellos alguno español- dedicaron titulares a toda plana al pequeño suceso de la isla de las Tres Millas en Estados Unidos y ahora reduóén al mínimo su información sobre una catástrofe real? El hechOaes que la agitación antinuclear- dirigida por la Unión Soyiét a a través de sus terrríinales en grupos ecologistas y en períMcos y emisoras- ha supuesto que Occidente haya tenido que gastar sumas ingentes en sus centrales atómicas, mientras ahora sé ve que la URSS ha descuidado incluso las medidas de segíir ad elementales, con riesgo para la Humanidad entera. A este asunto dedicamos hoy un editorial en la sección dé Opinión y un cuadernillo central que se abre con un artículo de José María Carrascal. Viene a nuestra portada una imagen de archivo de una rruanifestación antinuclear ceíebrad en Madrid Si 9! t iüll. Kd K i