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26 abrii- 1986 SÁBADO CULTURAL ABC IX Novela- Poesía Punto de fuga Alejandro Gándara Ediciones Alfaguara Madrid, 1986. 97 páginas Escrita en forma de monólogo interior, Punto de fuga es una novela de trama mínima y difícil de seguir por el lector a causa de que aparece ahogada por análisis y retórica inacabables: un profesor universitario es despertado una mañana por una vecina que le pide ayuda para rescatar a su gato del peligro de muerte en que se encuentra; una vez que ha puesto a salvo al animal, pasa por la Facultad y, en vez de cumplir con su obligación, decide pasar por un conglomerado de tiendas, en una de las cuales roba un collar, Alejandro Gándara que esconde en uno de sus guantes; acude luego a una cita con una amiga, le da cuenta de su robo y ambos marchan al domicilio de ella, donde presimiblemente hacen el amor; preocupado por las consecuencias que puede acarrearle el haberse ausentado indebidamente de la Universidad, el profesor va a casa de su catedrático a darle explicaciones, pero aprovecha que lo encuentra en situación culpabilizante para no hacerlo; retorna al apartamento de su amiga, que se halla con otro hombre, y, tras esperarla escondido, la golpea cuando cae en la cuenta de que el guante con el collar, que dejó allí por inadvertencia, ha desaparecido; van a buscarlo a casa del hombre que estuvo con la muchacha, huyen al ser descubiertos mientras intentaban forzar la puerta del apartamento, y, según todos los indicios, caen con el coche en que iban por un terraplén. Este argumento, que he expuesto detalladamente para orientar al posible lector del libro y para mostrar su aparente y quizá real insignificancia, plantea a quien con él se enfrenta un problema: ¿es un simple pretexto para escribir una novela o refleja de alguna manera la problemática secreta del autor? En el primer caso, nos encontraríamos ante una novela provista de fundamentos irrisorios, sobre los que no cabe edificar nada de consideración por mucha sutileza que se le quiera echar. En el segundo caso, ante un libro en el que un hombre con graves problemas interiores, sobre los cuales no posee control ni clara conciencia, intenta utilizarlos para hacer literatura En uno y otro caso, puede afirmarse sin temor a errar que nos hallamos ante una obra totalmente fallida. Si Alejandro Gándara cree que para escribir una novela basta con establecer una línea argumental indigente, sin significación en sí, y con bordar luego sobre ella adornos intelectualistas, se equivoca gravemente. Pues si la trama carece de significación, los análisis de las reacciones interiores y exteriores del héroe ante lo que él hace o ante lo que le sucede se convierten necesariamente en variaciones en torno a nada, en elucubraciones puramente mentales sin correspondencia posible con lo dado, sin relación con lo real: meros juegos aburridos excepto para quien, tomándose en serio lo que no tiene seriedad intrínseca, se obstine en descubrir qué es en verdad lo que ha querido decir el autor con tanto concepto y con tanta palabra- una empresa abocada al fracaso, como ese hipotético lector hubiera debido deducir de la lectura previa del texto de la contraportada, donde alguien, previsiblemente Gándara, ha pretendido suministrar claves para la comprensión de la novela sin conseguir otra cosa que un galimatías irritante. Si Alejandro Gándara cree que se puede escribir una novela a partir de una problemática que no se osa encarar abiertamente, también se equivoca de manera grave: los análisis que a partir de ella se establezcan, se orientarán ineluctablemente hacia el absurdo y la gratuidad, hacia la mentira, convirtiéndose en meras pruebas de un supuesto virtuosismo mental que no puede impresionar, sino a los miembros de esas clases medias de la cultura que se pasman admirativamente ante el confusionismo disfrazado de profundidad. A mi parecer, Gándara, por una parte, cree que la literatura consiste en variaciones en torno a la nada, y, por otra parte, es un hombre que teme ser analizado o analizarse- e n la página 72 de su novela se lee: Si hay algo peor que los policías son los psicólogos (entre los que abundan por cierto los ex seminaristas) Y su novela, en consecuencia, se resiente de ello: para camuflar la falta de sentido de lo que cuenta, para enmascarar la insignificancia de lo que transmite, apela- -lo que está convirtiéndose en una moda de la novela española reciente- a lo que ya en otras ocasiones he caracterizado como la estética de la desorbitación de lo banal: un emitir trivialidades con la ampulosidad y la voz cavernosa de los falsos profetas, un hinchar descaradamente el perro de lo banal, un amenazar con revelanciones trascendentales que no bien expuestas resultan ser convencionalismos irrisorios. Escribe Gándara en la página 80 de Punto de fuga: El metabolismo era una maraña silvestre buscando los puntos de luz del cerebro acorralado. Lo que, leído, da escalofríos: si la literatura acabara por convertirse en esto, si ciertos intermediarios culturales lograran convencer a los más de que una suma de frases como la citada constituye una novela, tendríamos que echar el cierre e irnos. Leopoldo AZANCOT Territorio Alvaro Valverde Premio Ciudad de Badajoz Colección Alcazaba. Badajoz, 1985 Breve libro el de Alvaro Valverde, Territorio premio Ciudad de Badajoz, pero que deja una muy viva impresión de lírico en su punto: en la línea de salida de una carrera sin sobresaltos y con una calzada libre y expedita para que su voz se oiga en el ámbito hispano. Nadie podrá arrebatarle el territorio de su canto- como dice aplicándose una cita de Valente- porque en la reciente- y muy valiosa- poesía extremeña la impostación de la voz de Valverde es limpia y bien modulada. La ventaja de este joven lírico es que trabaja en una extrema y dura tierra que ha raspado de su suelo todo el historicismo esteticista, donde cada uno de sus escritores ha buscado su línea: una línea hermética como Bermejo, la elegancia densa de la canción, como Castelo o el alucinado existencialismo de Pureza Canelo. Valverde se sitúa entre línea neoclásica y cultamente romántica de Sabido y el depurado oficio de Ramírez Lozano. Territorio es un acierto pleno: se inserta en esa difícil de lo objetivo- subjetivo, en el compás del lenguaje denso, en la modernidad de unas bien asumidas experiencias. Nos encontramos en un ámbito desnudo, al que se han podado los sentimentalismos inmediatos. No así su trágico rastro. Nada hay ocioso en los poemas, plenos de precisión formal y abiertos al mundo de la memoria. El poeta sabe el terreno que pisa. Para un creador joven es una ventaja. Lo demás llega con el tiempo y aquí el tiempo ha dejado su distancia, su asepsia, su tirón turbador. Un viento desolado, en el que no sería raro encontrar los vislumbres de un mitigado romantiscimo pasa por el libro. El poema se apoya en su vacio, en su propia ausencia, ya que tras la sutil anécdota- y apenas existe en Territorio -se esconden los signos. El libro aparece como una acotación o una cita por alusiones, tamizados en sus versos la luz y el gozo del autor. In limine es una toma de posición estética; luego, en Jardín cerrado alcanza el máximo esplendor con sus ilesos aromas, la bruma de la luz, la inocencia de la vida. Todo es rumoroso y todo es lúcido, contagiado acaso del misterio y del temblor vegetal y arborescente de sus imágenes. Los símbolos de la ausencia aparecen descritos en Estancias con sus huellas de la muerte, con sus voces desnudas, con sus lugares murados donde crece un silencio borgeano. La expresión se robustece incluso en Travesía en el que el sentido del viaje tiene una formulación heraclitana enormemente bella. Un verso como la distancia se hizo para amar lo recóndito o este otro de esplende entonces la delgada anuencia de la luna nos transporta a un horizonte clásico, mediterráneo- libre, eso sí, de la suntuosidad superficial venecianista- -en que late el pulso del poeta con intensidad de un joven dios feliz, de un orfeo dichoso. Variaciones y homenajes continúa esa misma línea de acierto. r IW t i ¿BL SCA TRABAJO? Encuéntrelo en la Sección de Anuncios por Palabras de A BC.