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48 A B C ENTIERRO DE TIERNO GALVAN MIÉRCOLES 22- 1- 86 viej Madrid. Mercedes Contreras y Virginia Rodenas Un silencio momentáneo anunció ¡a salida, por la puerta principal de la Casa de la Villa, del féretro que contenía el cuerpo de Enrique Tierno. Segundos después, el numeroso púbíico congregado, que abarrotaba aceras, balcones, y fachadas, prorrumpió en grandes aplausos, coreando al tiempo el grito de Tierno, Tierno Hombres y mujeres arrojaban claveles, y lucían pegatinas con el lema: Hasta siempre En hombros de varios concejales, los restos mortales del viejo profesor fueron conducidos hasta la carroza fúnebre, tirada por seis caballos negros, que iba a llevar al alcalde en su último recorrido hasta la plaza de Cibeles. Eran las tres y diez de la tarde. La carroza que transportaría los restos del alcalde de Madrid había sido llevada desde la calle Sacramento hasta la calle Mayor, aguardando que Tierno se despidiera del Patio de Cristales de la Casa de la Villa. Este carruaje había sido cedido por el servicio de pompas fúnebres del Ayuntamiento de Vich (Barcelona) Construida en madera y de estilo barroco, fue transportada a Madrid la noche del lunes en el interior de un camión, tras la solicitud del Ayuntamiento madrileño al museo de Carruajes Fúnebres de la ciudad condal. Tiraban de la carroza seis caballos, con arneses y penachos negros, que habían sido contratados a una empresa de cinematografía y que habían intervenido en películas como Curro Jiménez y La vida de Gayarre Un grupo de jóvenes, en representación del Circo de la Ciudad de los Muchachos, despedía en la misma plaza de la Villa al alcalde realizando una pirámide humana que fue coronada por un adolescente que portaba una bandera blanca con la palabra adiós grabada por ambos lados; mientras hombres y mujeres, ataviados de chulapas y castizos, aplaudían. Una vez colocado el féretro en la carroza, se formó el duelo. Lo presidían su viuda, su hijo Enrique, su nuera, el presidente del Gobierno, Felipe González, el vicepresidente, Alfonso Guerra, el alcalde en funciones, Juan Barranco, el marques de Mondéjar, jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, Sabino Fernández Campos, secretario general de la Casa Real, que ostentaban la representación de los Reyes de España, ministros del Gobierno y concejales, siguieron a pie a la comitiva. Entre los asistentes se encontraban el presidente del Senado, José Federico de Carvajal, el jefe de la oposición, Manuel Fraga Iribarne, el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García- Pelayo, del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Antonio Hernández Gil, el Defensor del Pueblo, Joaquín Ruíz- Gimenez, el fiscal general del Reino, Luis Antonio Burón Barba, el presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, el presidente de la Asamblea de Madrid, Ramón Espinar, los embajadores de la URSS, Francia, Alemania y Argentina, el embajador de España en las Naciones Unidas, Fernando Moran, los diputados, Enrique Múgica, Chiqui Benegas, Santiago Carrillo, Nicolás Redondo, los alcaldes de Lisboa, Ñuño Crus Abecasis, de Lille, Pierre Mourois, de Burdeos, Jacques Chaban- Delmas, de México D. F. Román Aguirre Velázquez, de Cientos lis miles de m a io Sargo del re Managua, Moisés Hassan Morales, de Lima, Alfonso Barrantes, la alcaldesa de Luxemburgo, Lydie Wurth Polfer, el vicealcalde de La Habana, Fermín Domínguez, el jefe del gabinete del alcalde de Nueva York, Dianne Coffey, los alcaldes de Barcelona, Pascual Maragall, y de Valencia, Ricardo Pérez Casado, el presidente del PDP, Antonio Garrigues Walker, Joaquín Satrústegui, Adrián Piera, presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, el alcalde de Móstoles, Bartolomé González. Un funcionario de la Corporación que transportaba un almohadón con el bastón de mando, el escudo y la recién impuesta medalla de Carlos III, precedía al cortejo. Un escuadrón de la Policía montada municipal abría paso y seguía a (os cuarenta coches que portaban las cientos de coronas que habían llegado al Ayuntamiento. Tierno, amigo, el pueblo está contigo Gritos, grandes aplausos, lloros y lamentaciones acompaña- El presidente del Gobierno impuso sobre el cadáver de Tierno laGran Cruz de Carlos III Madrid. María González- Vegas El presidente del Gobierno, Felipe González, prendió la Gran Cruz de Carlos III, concedida a título postumo a Enrique Tierno Galvan en el Consejo de Ministros. Fue de una gran emoción este acto, que tuvo lugar en la capilla ardiente, momentos antes del levantamiento del cadáver. Joaquín María Correchea, jefe de Protocolo del Estado, dio lectura al real decreto de concesión de la condecoración. Desde la una de la tarde se habían cerrado las puertas de acceso al público a la capilla ardiente. Comenzó entonces el desfile de autoridades, que dieron su adiós al alcalde de Madrid y el pésame a la familia de Tierno. En la presidencia del duelo, en el Patio de Cristales, junto con la viuda y los hijos de Tierno, se encontraba el alcalde en funciones, Juan Barranco. Por la noche, los concejales de los tres grupos políticos habían velado por turnos el cadáver. Pierre Maurois, alcalde de Lille, y Chaban- Delmas, alcalde de Burdeos, amigos personales de Tierno, también se encontraban en este desfile de autoridades por la capilla ardiente, junto con los embajadores de Francia, URSSy Alemania. El cardenal arzobispo de Madrid- Alcalá, monseñor Ángel Suquía, acudió a la capilla ardiente acompañado del obispo auxiliar, Agustín García- Gaseó, y del vicario general de la diócesis, Manuel González Cano, dieron e! pésame a la familia y ante el cadáver de Tierno rezaron en voz baja un responso, ya que en alta voz se opuso a que lo hicieran el concejal de Relaciones Institucionales, Manuel Ortuño. Monseñor Suquía, el obispo y el vicario, aunque en un principio se había anunciado que asistirían al levantamiento del cadáver, salieron del Patio de Cristales y esperaron abajo, de pie, en la entrada de la escalera principal hasta la salida del féretro. No presenciaron, por tanto, el acto de imposición de la medalla, que tendría lugar después cuando llegó Felipe González. Con el presidente del Gobierno acudió a despedir el cadáver de Tierno Alfonso Guerra. También asistieron todos los ministros del Gobierno, el presidente de la Comunidad autónoma, Joaquín Leguina; el de la Asamblea de Madrid, Ramón Espinar, y el alcalde de Barcelona, Pascual Maragall, entre otros. Muy emocionante fue el desfile de la Policía Municipal delante del féretro y de los funcionarios del Ayuntamiento encabezados por el secretario general, Mario Corella. El párroco de Cristo Rey, de Arguelles, barrio donde vivía fiemo Galván, padre Tomás Martínez Pérez, leyó un responso antes de que fuera cerrado el ataúd. Con este acto, según explicó el mismo párroco, la Iglesia da fe del fallecimiento y se adjunta a la partida de bautismo. Tierno nació, también, en el mismo barrio madrileño. La viuda de Tierno Galván, Encarnación Pérez Relaño, abandonó la presidencia del duelo y retiró la bandera que cubría parte del cuerpo del alcalde. Ella misma la dobló y la dejó dentro del ataúd, que fue cerrado en presencia de la viuda y los hijos, por los concejales Ortuño, Moral, Mella, García Ponte y Zapata. Encarnita dijo el último adiós a su marido. Salió el féretro del Patio de Cristales a hombros del personal de la funeraria, precedido de Aurelio S. García, el funcionario de Asistencia Interna y Ceremonial, que hacía guardia como conserje delante del despacho de Tierno y le acompañó durante todos los días de su enfermedad en la clínica. Detrás del féretro, la familia, el presidente del Gobierno, el vicepresidente, el alcalde en funciones, los ministros, presidente del Gobierno autónomo de Madrid, el jefe de la oposición municipal, los concejales de los tros grupos políticos y los m a o s Así bajaron por la escalirv ia principal del Ayuntamiento. A la salida se incorporó a la comitiva el cardenal Suquía, el obispo y el vicario y salieron a la plaza de la Villa donde la gente, allí congregada, recibió el féretro con aplausos y vivas al alcalde.