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SÁBADO 21- 12- 85 Washington, y el país, se quedaron de piedra. Aparte de que un Kennedy es por naturaleza un candidato presidencial, éste venía coqueteando con la idea prácticamente desde que, poco más que un muchacho, sus dos hermanos mayores fueron asesinados. Buscar la buscó sólo una vez, en 1980, sin éxito. Pero competía con un presidente de su propio partido, Cárter, lo que hacía la misión doblemente difícil, y todo el mundo daba por seguro que lo intentaría otra vez. De hecho, las encuestas le daban como el candidato demócrata favorito para 1988 y él mismo había dado pasos que tenían toda la apariencia de los ejercicios de precalentamiento que hacen los atletas antes de lanzarse a una carrera: había perdido peso, había hecho una gira por Suráfrica con claras connotaciones propagandísticas y se había corrido hacia el centro, llegando incluso a votar en alguna ocasión con Ronald Reagan. Todo parecía dispuesto para el anuncio de que se presentaba, cuando llegó exactamente el contrario. ¿Por qué? Puede darse por seguro que no fue una decisión tomada precipitadamente. No con alegría. No es ningún secreto que a Ted Kennedy le gustaría ser presidente. Ha tenido que ser algo muy importante lo que le empujó a renunciar. No es ningún nuevo matrimonio ni escándalo se apresuran a decirnos desde su cuartel general. INTERNACIONAL ABC pág. 25 triunfo final. Y han decidido ni siquiera empezarla. Es el mejor regalo de Navidad que pudiera haber hecho a su familia y a sus rivales. La salida de Ted Kennedy abre la puerta a todos los aspirantes demócratas a la Presidencia. Los más beneficiados son los que le pisaban los t a l o n e s el g o b e r n a d o r Cuomo y el senador Hart, que ya compitió, con varia fortuna, en 1984. Pero ese tapón que representaba un Kennedy ha saltado y el campo queda totalmente abierto, por lo que no hay que descartar a competidores desconocidos o semidesconocidos. Toda una nueva generación de potenciales líderes demócratas está ansiosa de demostrar que es capaz de asumir puestos de responsabilidad, y ésta puede ser su oportunidad: los senadores Nunn y Bradley, el gobernador Robb y algunos más, de los que ni siquiera hayamos oída Lo curioso es que, habiéndose retirado de la carrera, el peso, prestigio e influencia de Ted Kennedy en su partido no ha hecho más que aumentar. Por lo que, renunciando a la corona, puede haberse convertido en el king- maker en el que hace al rey. En cuanto a si esto significa una renuncia para siempre a su último sueño, alguien apunta que, en 1992, Ted Kennedy, hoy con cincuenta y tres años, será más joven que cuando Reagan ganó por primera vez la Casa Blanca. Conmoción en EE UU tras la renuncia de Ted Kennedy La elección de 1992 será su última oportunidad Nueva York. José María Carrascal Ted Kennedy se ha eliminado a sí mismo en la carrera por la Presidencia de 1988, y puede que todas, aunque esto ya no es tan seguro. Buscaré la reelección en el Senado, lo que significa que tal vez no sea nunca presidente fue su anuncio. ¿Qué entonces? No hay otra explicación que la realidad política. Seguro que el senador la ha estudiado a fondo con el formidable equipo que siempre le rodea. Y han llegado a la conclusión de que no tiene posibilidades, pese a que las apariencias parezcan indicar lo contrario. Ted Kennedy sale siempre mejor en las encuestas que en las urnas advierte un analista. Y si puede contar con incondicionales de su familia, tiene que contar también con un 25 por 100 del electorado que nunca les votará, especialmente a él. Chappaquidick, con la sombra de Mary Jo Kopechne, nunca le abandonarán. Por otra parte, el país, tras Ronald Reagan, se ha corrido demasiado a la derecha para que él pueda abarcarlo. Ya hemos dicho que Ted ha hecho un esfuerzo para correrse hacia el centro. Pero su imagen es más grande que un partido que viene sufriendo derrota tras derrota en esa línea. La de Móndale les ha bastado. Si quiere recuperar la Casa Ted Kennedy Blanca, tendrá que ensancharse hacia la derecha. Es p o s i b l e que con un enormne esfuerzo de sangre, sudor, lagrimes y dinero, Ted Kennedy consiguiera la candidatura demócrata. Pero es prácticamente imposoble que ganase luego la elección. Es lo que han visto él y sus ayudantes: una campaña sucia y violenta, sin un Corazón Aquino desvela su proyecto político de gobierno Respetará el acuerdo sobre las bases USA Manila. Elvira Santos En el curso de una conferencia de Prensa, Corazón Aquino anunció que respetará el acuerdo norteamericano- filipino sobre las bases militares y que destituirá a todos aquellos generales que por su edad deberían encontrarse en situación de retiro. Esta rueda de Prensa se produce poco después de que el alto Tribunal filipino declarara constitucional el acto de adelantar las elecciones presidenciales para el 7 de febrero de 1986. La decisión del Tribunal fue aceptada por el presidente Marcos comentando que las elecciones ya pueden tener lugar para borrar todas las dudas del Gobierno. A lo largo de la campaña electoral, Corazón Aquino va desvelando poco a poco su programa de gobierno y sus intenciones respecto a determinadas cuestiones en caso que alcanzar la victoria. Preguntada sobre una posible alianza o acuerdo con los comunistas, Cory Aquino declaró que primeramente deberían participar en las elecciones Por otra parte, y sobre la posibilidad de que Marcos utilizara medios fraudulentos para ganar las elecciones, el secretario adjunto de Defensa USA, Richard Armitage, aseguró que ello impediría a su Administración pedir nuevos créditos al Congreso, ya fuese para las fuerzas norteamericanas en este país o para el Gobierno filipino. Destituciones enel Gobierno cubano ante el congreso del PCC Cese forzoso de los jefes de la revolución Miami. Roberto Laurenti A la reciente destitución de Ramiro Valdés como ministro del Interior, le ha seguido la de Sergio del Valle como ministro de la Salud. Estos y otros cambios se asocian al reajuste del Gobierno por Fidel Castro ante el III Congreso del Partido Comunista. Sergio del Valle no ha dejado de ocupar cargos en el Gobierno cubano desde los días de Sierra Maestra. Fue jefe de Sanidad militar y subjefe de una de las columnas que combatieron durante la revolución. Según la información del Gobierno, pasará a realizar otras funciones En parecidos términos se anunció a primeros de este mes el relevo de Ramiro Valdés, uno de los pocos jefes militares de la revolución cubana que quedaba en cargos políticos. Valdés era el cerebro de los servicios de espionaje e inteligencia desde los tiempos de la revolución hasta que en 1979 pasó a ocuparse del Ministerio del Interior. Valdés era además una de las tres personas que tienen el título de comandante de la revolución junto a Juan Almeida y Guillermo García Frías, ambos sin ningún cargo relevante pero miembros del Buró político y del Consejo de Estado. Otros cambios registrados recientemente han sido los de Antonio Pérez Herrero, a cargo del control ideológico del Partido Comunista, ahora sólo miembro del Comité Central, y Humberto Pérez, hasta entonces presidente de la Junta de Planificación.