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LUNES 16- 12- 85- CULTURA ABC, pág. 33 Pere Gimferrer: Me encuentro en el momento más solemne de mi vida de escritor El poeta catalán leyó ayer su discurso de ingreso en la Real Academia Madrid. Ayer tarde tomó posesión de su plaza de académico de número el poeta catalán Pere Gimferrer. La Real Academia Española ondeaba su bandera nacional sobre el frío de la tarde de diciembre y el poeta, tempranero en llegar, atusaba su larga guedeja en el alargado salón donde los jueves debaten los académicos. Paseaba Gimferrer, nervioso, junto a un Dámaso Alonso vitai y chispeante. La sala estaba en silencio. Cercano, el satón de sesiones, con sus viejos terciopelos granates y sus vidrieras mudas, se iba llenando de escritores y jóvenes estudiantes. A las seis y veinticinco llega Francisco Ayala. Sale Gimferrer a saludarlo. Y, al poco, se forman corrillos y bullen los comentarios. Luego, Pedro Laín presenta al nuevo académico a los que serán sus compañeros. Y surge la primera anécdota. Gimferrer le dice a López Rubio: Yo no le conocía a usted, pero le cito en mi discurso. Rosa Chace! tantos sueños a las puertas de la Academia, con su abrigo de paño, llega al salón y se sienta tímidamente, sola. Por allí andan Andrés Amorós e Isabel Falla y el vicepresidente de la Academia Puertorriqueña, Luis Hernández Aquino. Y muchos poetas, desde Alonso Gamo o Juan van Halen a Pureza Canelo o Antonio Pereira. Gimferrer tiene ahora una larga conversación con Fernando Lázaro Carreter. Y Luis Rosales, desbordante de alegría y sonrisa, dice que ha sido un triunfo elegir a Gimferrer: por joven y por bilingüe Torrente Baliester llega, apresurado y sin fraque. Es que vengo de Salamanca... Así que sólo traje oscuro. Como le llueven las felicitaciones se limita a encogerse de hombros y ya veis, reponiéndome del susto... La esposa de Pere Gimferrer, Mary Rosa Caminar, ha ocupado un sillón en la primera fila, delante de Rosa Chacel. Comenta Fernando Lázaro que el próximo enero dará una conferencia en el teatro Español sobre Lope de Vega y la figura del gracioso Zamora Vicente y el padre Sopeña hacen un aparte. Y de pronto, inesperadamente, un revuelo de cámaras fotográficas y esos llamaretazos de los focos de la televisión. En la sala de trabajo de la Academia aparece ia esposa del presidente del Gobierno, Carmen Romero, y el ministro de Sanidad, Ernesto Lluch. Luce doña Carmen traje negro largo con una ligera esclavina. Se cubre con un chai de punto negro y en su mano lleva un monederito de cobre. El ministro de Sanidad va con toga y birrete. Laín hace las presentaciones. En medio del trajín, el viejo senador socialista José Prat anda perdido entre unos y otros. Carmen Romero exclama: Para mí era un placer escuchar a Gimferrer y el padre Miguel Batllori le besa la mano. Llegan Consuelo Gil y don Pedro Sainz Rodríguez. Dámaso Alonso empieza a ponerse nervioso. Bueno, a ver si empezamos, que son las siete y diez... Y Laín decide que principie la sesión. La sesión, entre el recuerdo a Aleixandre y Tovar Academia Española no sólo representaba el centro de una vasta tradición literaria, sino que, de modo mucho más próximo y concreto todavía, era la Corporación a la que semanalmente, acudía y me daba cumplida y frecuente noticia de ello, mi maestro y amigo Vicente Aleixandre A él, a su memoria, dedicaría Pere Gimferrer su discurso de ingreso. No había, pues, de limitarse a los elogios de rigor para el antecesor. Seria toda su disertación un amplio, generoso, literario y sentido homenaje al autor de Espadas como labios un hombre y un poeta excepcional del que Pere Gimferrer anunció que se adentrará en su vida y en su obra en un próximo futuro. Habló del e s t í m u l o c o n s t a n t e de Aleixandre a los escritores jóvenes, de su negación de todo encastillamiento, de sus mejores poemarios, de su calidad humana. Para muchos fue, durante décadas, la encarnación viva de la dignidad del hombre en la palabra subrayó. Y nos fue narrando sus encuentros, desde aquellos veintiún años que contaba Gimferrer cuando llamé por vez primera al número tres de la calle de Velintonia hasta su última visita, en abril de 1982, en unión de Octavio Paz, una visita en el verde claro de luz palaciega de la primavera madrileña Contestó, en nombre de la Academia, el novelista Francisco Ayala. Un amplio resumen de ambos discursos aparece en páginas siguientes. Luego, el director de la Academia, Pedro Laín, entregó a Pere Gimferrer la medalla y el título de académico e invitó al recipiendario a ocupar su puesto entre sus compañeros de Corporación. El público asistente, puesto en pie, tributaba a Gimferrer una cálida ovación, mientras se levantaba la sesión y todos intentaban acercarse al poeta catalán para abrazarle y felicitarle. La tarde de diciembre, clara y fría, se había llenado de luces y esperanzas en el interior de la Academia. Al año justo de ser enterrado Vicente Aleixandre, su espíritu vagaba por estas salas con más alegría que nunca. Aquella alegría antigua de sus azules, andaluces ojos. Y es que, a veces, la muerte no logra romperlo todo. Santiago CASTELO Pere Gimferrer Abre a continuación la sesión y dos académicos recientes, Va, entín García Yebra y Juan Rof Carballo, salen a recibir al recipiendario. Poco después, Gimferrer, escoltado por ellos, entra en el salón. El silencio es impresionante. Todo el público permanece en pie hasta que el poeta catalán ocupa su sitial y se dispone a leer. Pere Gimferrer mira hacia el salón, bebe un vaso de agua y también tiene para Tovar unas imprevistas palabras de homenaje. Ayer mismo recibía sepultura en Madrid. Un año antes era enterrado Aleixandre. Entre estas dos evocaciones discurriría su primera tarde académica. Homenaje a Tovar Van los académicos ocupando sus puestos. En primera fila del estrado lo hará Carmen Romero. Frente a ella se ha colocado Antonio Buero Vallejo. El ministro, en presidencia, resaltando tos vivos naranjas de su toga tras las puñetas de encaje. Pedro Laín, puesto en pie, la voz quebrada, hace e) elogio fúnebre de Antonio Tovar. Resalta el luto de la Academia, la costumbre de suspender estos actos; pero comprendieron la inconveniencia de hacerlo, fovar había apoyado con su firma y su deseo la incorporación de Gimferrer. Creen, pues, cumplir con su deseo siguiendo el rito. Y para el querido, admirado, llorado Antonio Tovar tornaron sus elogios improvisados: por ta eminencia de sus saberes, por su condición moral y por ser fiel cumplidor de lo que en cada momento creyó su deber... Memoria de un poeta A continuación, Pere Gimferrer, con voz pausada y llena de emoción, comenzó su discurso señalando que se encontraba en el momento más solemne de mi vida de escritor, ante el honor más alto que se me ha dispensado y reconoció que asistía ayer por primera vez a una Junta, ya sea pública u ordinaria, de la Academia a la que, sin embargo, reconoció haber constituido una presencia constante en mi vida desde hace años Fue enlazando gratitudes y afectos y recalcó que la Real CONSEJO A UNO QUE EMPIEZA, EL CUAL ESTA DISPUESTO A LLEGAR MUY ALTO Sea para ti lo esencial: calidad y fuerza creadora. Ahora bien, si no las jaspeas de generosidad y no les das reflejos de genuina humildad (si es fingida, casi mejor) triunfarás quizá, tal vez, a lo mejor o de todas todas. Pero a lo triste, a lo tosco (contra toscos, troscos) Descabalado, frustradito a la postre. Julio CERÓN