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VIERNES 13- 12- 85- ESPECTACULOS- Crítica de teatroCrítica de teatro -ABC, pág. 77 Benet i Jornet, entre Peter Pan y la Cenicienta Título: La desaparición de Wendy Autor: Josep M. Benet i Jornet. Dirección: Jaume Villanueva. Escenografía y vestuario: Josep Messeguer. Intérpretes: Montserrat Miralles, Luis López, Martí Galindo, Nuria Riera, Xavier Capdet, Jordi Turró, Pep Sais, Andreu Carandell, Nádala Batiste, Teresa Soler, Sasquia T. Giró, etcétera. El hotelito apólogo autonómico de Antonio Gala Título: El hotelito Autor: Antonio Gala. Dirección: Gustavo Pérez Puig y Mará Recatero. Escenografía: Francisco Nieva. Música y arreglos: Gregorio García Segura. Intérpretes: Beatriz Carvajal (Carmina) Marfa José Alfonso (Rocío) Julia Martínez (Monstserrat) Josele Román (Begoña) y Pilar Bardem (Paloma) Teatro Maravillas. Con evidente oportunismo, Antonio Gala se asoma al conflictivo tema de las autonomías con una comedia absolutamente de circunstancias titulada El hotelito El hotelito, que el autor se imagina como una casa- palacio del siglo XV, es España. En el astroso, ruinoso, empobrecido vestíbulo, Carmina, Rocío, Montserrat, Begoña y Paloma discuten su pasado y su porvenir. Una extranjera, ¿cuál? va a venir dispuesta a comprar el hotelito que, construido en el siglo XV, está a punto de demolición. La simbología es transparente. Los nombres de las discutidoras denotan con claridad que son la encarnación, cada una, de Galicia, Andalucía, Cataluña, País Vasco y Madrid, que se considera albacea del hotelito y ejerce una débil autoridad, porque se supone depositaría de otras doce autonomías, sobre las otras, divididas en dos parejas: la rica, la influyente, y la desvalida, la pobre: Cataluña- Vascongadas, GaliciaAndalucía. La situación es única: la espera. Esperando, las cinco mujeres, las cinco figuras simbólicas largan cuanto quieren. Discuten, se insultan, separadas por conceptos diferentes, por idiomas diferenciales, no se entienden. Todo es un guirigay. El guirigay típico de Gala compuesto de gracietas, frases desvergonzadas colocadas con provocativa oportunidad, alusiones históricas de epítome, versos traídos por la punta de los pelos, canciones regionales para formalizar la ambientación y una agitación muy femenina, un ir y venir un poco como el de la ardilla de la fábula- tantas idas y venidas tantas vueltas y revueltas quiero amiga que me digas... destinado a mantener una acción ficticia en el tiempo- desigual- de los dos actos. el conflicto político de disgregación, de destrucción del edificio construido hace cinco siglos por los Reyes Católicos a los que el autor se complace en dedicar sus habituales pullas, circulan por las venas de unas mujeres reales engrandecidas con una representación simbólica. La acción, llena de invenciones, de bromas, de ternurinas y sátiras divierte y hace olvidar la mínima consistencia del pensamiento, lo fluctuable de las actitudes ante un problema nacional que hace años atacó con mayor teatralidad Muñoz Seca en otra pieza que satirizaba las aspiraciones autonómicas que agitaron los breves años de la República. Contribuye a crear esa ilusión de acción escénica el bello barroco decorado de Nieva, que levanta el texto por encima de su visible banalidad realista- simbólica. Admirablemente conducidas, brillan las cinco actrices. Beatriz Carvajal está deliciosa en su dominio del agarimoso acento galaico y se convierte en el centro de interés dramático aun antes de la muy lograda escena espiritista, la mejor de la pieza. María José Alfonso hace una creación de la andaluza, personaje absolutamente tópico y simpático. Julia Martínez supera el personaje más difícil y sale airosa del acento catalán con maestría. Josele Román sirve un personaje sacrificado en el que Gala ha jugado maniqueamente con la situación, y Pilar Bardem luce su comicidad y su desgarro, a veces un poco gritón, en la madrileña. La fiesta hace reír y produce graduadas explosiones en las frases de latiguillo colocadas de cuando en cuando por lo que El hotelito si no va a ser vendido por incomparecencia de la extranjera que se espera, podrá ser alquilado por plazas sueltas durante muComo en cualquier texto del autor brota a chas representaciones gracias a la enorme veces la poesía, apunta el dicharacho político habilidad de Marta Recatero y Gustavo Pérez y satírico, el breve apunte referido a una ac- Puig. tualidad que está en boca de todos. Las cinco figuras están caracterizadas por los eleLorenzo LÓPEZ SANCHO mentos más convencionales y tópicos que definen en la jerga convencional a las regiones, y ef desarrollo, entre discusiones, gresRESTAURAMOS Y LIMPIAMOS cas y evocaciones desengañadas, críticas o sentimentales, remolca la situación única SU TOLDO hasta un final, falsamente optimista que llega de terraza y, si lo desea, lo almacenamos durante el invierno contra el reloj o sea no traído por el encuentro de los vectores de tensión que realmente TOLDOS S. MÓNITA no existen. Teléfono 252 47 68 Bien. Todo este texto escasamente teatral, básicamente literario, ha sido puesto en pie por Pérez Puig y Mará Recatero tan ingeniosamente que parece que estamos ante algo vivo; que hace creer al espectador que existe una sustancia dramática en la que la historia, Benet i Jornet, gratísima sorpresa teatral de 1980, feliz autor de Motín de brujas estrenada en el María Guerrero y que el crítico no dudó en proclamar, y lo mantiene, como la aparición de un nuevo gran autor joven, ha vuelto, cinco años después, con un montaje de otra pieza, La desaparición de Wendy escrita en el período mismo en que maduraba la gestación de Motín de brujas Así no debería haber vuelto. La desaparición de Wendy toma como base el mito de la infancia feliz traído a la literatura en 1902 por Barrie al publicar su novela The Little White Bird El pajarito blanco en la que aparece Peter Pan, su gran creación. Benet i Jornet hace una mixtura desafortunada al pretender fundir en su comedia a Peter Pan, el niño que no quiso crecer, que huyó al país de Never, Never, Never, y Cenicienta. Peter Pan es la ilusión pura. Cenicienta es el resentimiento social y liberado por la utopía. Pero ésa no es la única mixtura. Benet i Jornet ha tratado, a juzgar por lo que hemos visto, de mezclar también realismo y poesía, comedia y musical. La pócima resulta indigesta, pesada. Sobre todo por su presentación escénica. La vulgaridad del comienzo, con una pesadísima y trivial introducción, en la que el esfuerzo de Montserrat Miralles por ser seductora, ligera y grata resulta penosamente inútil, inicia el aburrimiento a cambio de informarnos de que Cenicienta es ahora Ceniciento. La descripción de las maldades de la hermana malvada (Nuria Riera) acompañada por un novio estrafalario y vulgarísimo (Xavier Capdet) amenazan el naufragio del edificio teatral, que se consuma con el ridículo, carente de gracia, énfasis cómico del supuesto padre de Ceniciento (Jordi Turró) que liquida el esfuerzo confirmando un modestísimo nivel de representación de aficionados que, si así se produjo en Barcelona, no explica en modo alguno la concesión a este pobre espectáculo del premio Adriá Gual de 1981. Deplora el crítico la estricta veracidad de su juicio, que está muy lejos de ser apodíctico. El texto, al menos en su versión castellana, le parece pobre, rebozado en vulgaridad, sin ingenio ni poesía, cosa sorprendente en el alto criterio en que tiene al autor. El montaje es siniestro, lamentable. Un mal gusto atroz en los figurines femeninos, ensañado con el primero de la pobre Nuria Riera, y sin luminosidad ni poesía en el camisón de Teresa Soler, la pobre Wendy del híbrido cuento. El juego de velos negros y transparencias, más proyecciones, de la escenografía tampoco alcanza una magia mínima. Las figuritas blancas volando en el forillo del principio a nadie le harán evocar el vuelo de Peter Pan hacia el país que nunca existió. L. L. S ÓQUERE VENDER SL COCHE? Utilice las páginas de Anuncios por palabras de ABC