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18 ABC OPINIÓN Panorama LUNES 25- 11- 85 RECORDATORIO N O cabe duda que estamos asistiendo, al socaire de tan traído y llevado pacifismo, a una marea antimilitarista sin precedentes, particularmente en España. Proliferan las manifestaciones de rechazo y repulsa contra todo lo militar, haciendo especial hincapié en lo referente a la prestación del servicio militar obligatorio. Todo lo negativo, ofensivo e injurioso que puede decirse respecto de este derecho y obligación constitucional se está escuchando y tolerando. Como resulta inútil intentar responder a todas y cada una de cuantas tonterías, ofensas e inexactitudes se vierten sobre este tema, pienso, sin embargo, que no será ocioso reproducir lo que la Constitución de la URSS dice al respecto. En su artículo 5. Defensa de la Patria socialista -y en su artículo 31, dice: La defensa de la Patria socialista es función trascendental del Estado y obra de todo el pueblo. Con el fin de proteger las conquistas socialistas, el trabajo pacífico del pueblo soviético, la soberanía y la integridad territorial del Estado, han sido constituidas las Fuerzas Armadas y se ha establecido el servicio militar obligatorio. El deber de las Fuerzas Armadas de la URSS ante el pueblo consiste en defender firmemente la Patria y mantenerse en constante disposición combativa que garantice la réplica inmediata a cualquier agresor. El artículo 32 del mismo capítulo 5. establece que: El Estado garantiza la seguridad y la capacidad defensiva del país y pertrecha a las Fuerzas Armadas de la URSS con todo lo necesario. El capítulo 7. Derechos, libertades y deberes fundamentales de los ciudadanos de la URSS -dice lo siguiente: Artículo 62. El ciudadano de la URSS debe velar por los intereses del Estado soviético y contribuir al fortalecimiento de su poderío y prestigio. La defensa de la Patria soviética es deber sagrado de todo ciudadano de la URSS. La traición a la Patria es un crimen gravísimo ante el pueblo. Artículo 63. El servicio militar en las Fuerzas Armadas de la URSS es un deber de honor de los ciudadanos soviéticos. La duración del servicio militar en la URSS es de dos (2) años para los Ejércitos de Tierra y Aire y de dos (2) a tres (3) en la guardia fronteriza y en la Armada. Los soldados soviéticos juran su bandera de rodillas. La segunda guerra mundial es calificada en el preámbulo de la Constitución como la gesta imperecedera del pueblo soviético y de sus Fuerzas Armadas, que alcanzaron la victoria en la Gran Guerra Patria La palabra patria se repite setenta y siete veces en el texto de la Constitución de la URSS. Según nos han contado los medios de comunicación soviéticos, un teniente que perdió ambas piernas en la impopular guerra de Afganistán solicitó y obtuvo permiso, con la prótesis ortopédica correspondiente, para volver a incorporarse a una unidad de combate. Sin comentarios. Manuel MCNZON -Aquí podrías estar tú incluido si yo te hubiera acertado cuando te disparé en Teruel. -O tú, si yo hubiera tenido mejor puntería cuando te bombardeé en Brúñete. Contraventana LOS RESULTADOS Y LAS COSTUMBRES I INEVITABLEMENTE, después de la espera, I la fiesta y el cansancio, todos los políticos se han retirado de las pantallas y de los micrófonos con un aire de triunfo que cuesta trabajo entender. Más o menos, como siempre. Se lo han tomado como costumbre. No sé cómo se las arreglan para explicar, uno por uno, que cada cual valora muy positivamente los resultados de esta consulta y que su partido considera (aquí, un matiz y un vocablo que no me gusta nada) que se puede o no se puede extrapolar las cifras... Acostumbrados a pronosticar la victoria y a levantar los brazos, como si de verdad hubieran arrasado todos, los políticos no suelen dar su brazo a torcer fácilmente, y mucho menos en las primeras horas del batacazo. Negar la evidencia es signo característico en la fórmula de fidelidad de los candidatos, muy por delante, por supuesto, del propio cumplimiento de las promesas electorales. Me cuentan- -y no puedo creérmelo- -que don Alfonso Guerra tiene previsto otro viaje a Galicia para seguir repasando con sus habituales improperios algunas fantasías y pronósticos de lágrimas que se le han quedado en el maletín, con las prisas. La vehemencia no es la mejor virtud. Y el buen ejemplo para demostrar que el vicepresidente del Gobierno es capaz de tirarse en paracaídas, en cuanto se pone en trance, nos lo acaba de brindar su companero don Felipe González, prudente a más no parar para explicarnos los verdaderos motivos de su excursión a bordo del yate Azor Aunque se haya servido de las páginas de The Washington Post no queda más remedio que reconocerle agudeza al presidente del Gobierno por la idea de aprovecharse de un crucero de placer para finalizar el simbolismo negativo de cuarenta años de franquismo De no haber sido por el riesgo arrostrado de hacer naufragar, de paso, el simbolismo del partido obrero, a estas horas bien podría considerarse la intuición y la jugada como la de un maestro. Muy fino lo de ¡simbolismo. Los resultados de Galicia están llenos de victorias simbólicas, clavo ardiendo al que se agarran desde los que no ganan hasta los que pasan gloriosamente inadvertidos. Ese sí que es un milagro electoral: conseguir que muchos españoles se vayan a la cama sin el menor síntoma de perplejidad y con el convencimiento de la extrapolación para que los mensajes y los avances de resultados le casen y lleguen a soñar tanto éxito y tanto regocijo por un descalabro que ni rebozado se puede entender. Todo un juego del absurdo. Ganar, lo que se dice ganar, no han podido ser todos. La valoración, por mucha retórica con que se adorne, tampoco tiene vuelta de hoja. El arte de explicar una tabla exacta por métodos tan apasionados como pintorescos no deja de ser un soplo de magia verbal que, acaso, sirva para desinflar poco a poco los ardores de la campaña. Mientras se reponen del esfuerzo los señores candidatos, tanto los triunfadores como los demás, resulta saludable la recomendación de que nadie olvide los parlamentos de las últimas semanas. Lo único que no debe fallar en el futuro inmediato es el cumplimiento de las promesas, la responsabilidad de los programas y el respeto al electorado. Porque los gallegos, todos los que ponen sus anhelos en la tierra y en el mar de Galicia, sí que merecen sentirse ganadores después de estas elecciones del otoño de 1985. Luis PRADOS DE LA PLAZA