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VI ABC SÁBADO CULTURAL 23- noviembre- 1985 Historia recien De Mortadelo y Fi Si un medio de expresión llegó a alcanzar una época de esplendor tras la muerte de Franco, ese medio fue la historieta. Reina de las infancias de la larga posquerra, vehículo manoseado de fantásticas aventuras que se cambiaba por pocas perras de semana en semana, la historieta había florecido en nuestro país a lo largo de los años cuarenta y cincuenta gracias a las enseñanzas legadas por los maestros americanos- los autores de los populares Flash Gordon, El Hombre Enmascarado, Rip Kirby, Príncipe Valiente o Merlín- y a la posibilidad de diversión fácil y barata que los tebeos representaban en momento tan poco pródigo en ella. El cuaderno Pero no. El país seguía produciendo excelentes dibujantes y la editorial Dolar recordaba con sus reediciones de series clásicas el extraordinario partido que, desde el punto de vista narrativo, se podía extraer de la historieta. Durante los años sesenta y primeros setenta, no obstante, esos excelentes dibujantes tuvieron que contentarse con ilustrar los guiones que los editores ingleses o alemanes enviaban desde sus respectivos países. Llenaban y llenaban páginas que, después, publicadas en revistas de lejanos lugares, no llegaban siquiera a ver impresas. Algunos de esos autores prefirieron marchar directamente a Europa en vista de las remotas oportunidades que en España ofrecían los tebeos. Y en Europa sí que estaban empezando a pasar cosas. Cosas que, aquí, la férrea censura que había prohibido por decreto la representación de la violencia, el amor o la maldad en los gobernantes, y el aislamiento cultural imperante convertían en inimaginables. Los tebeos seguían siendo para nosotros material de chiquillería y algún intento de ofrecer historietas diferentes para un público que había leído los cuadernos de aventuras en su niñez, pero que ahora contaba con bastantes años más fracasó a los pocos números. Apenas si llegaba alguna publicación extranjera. El panorama resultaba bastante desolador. de aveuntras llevaba a todas las casas al Guerrero del Antifaz, al Cachorro, a los agentes de Las Aventuras del FBI, al Jabato, las Hazañas Bélicas y al Capitán Trueno. Este último tebeo llegó a tirar semanalmente un cuarto de millón de ejemplares. Y también prosperaban las revistas de humor que, como TBO, Jaimito, Pulgarcito, Tío Vivo, o DDT, reunían a un nutrido grupo de excelentes dibujantes. Existían numerosas publicaciones y numerosos lectores. Pero, poco a poco, el desarrollo, la televisión y el cambio social, al que no supo acoplarse el medio, acabaron con la mayoría de ellas. Parecía que, en España, la historieta había muerto. cados fundamentalmente a una labor de oposición política al desafalleciente franquismo. Y cuando, con Franco, desfalleció del todo, llegó el estallido, la liberación. Un editor italo- argentino, Roberto Rocca, ve el cielo abierto y empieza a publicar en la nueva revista Tótem ese material europeo que durante años y años no había podido llegar a los quioscos españoles. Entre sus autores, Moebius, seudónimo del Jean Giraud, que publicaba en Pilote la famosa serie del oeste Teniente Blueberry -y que ha revolucionado, con su nuevo nombre y estilo, la historieta- y Hugo Pratt, creador en el año 67 del popular Corto Maltes se convierten en verdaderos ídolos. Mucho éxito obtiene, igualmente, entre una parte del público, el autor de Valentina Guido Crepax, si bien a muchos otros la Matahari intelectual de marras les parece simplemente una estúpida. Otros dibujantes consagrados en Europa, que Tótem presenta a los lectores, son Druiilet, Bilal, Brétecher, Caza, el clásico Battaglia, Margerin, etcétera. Poco después, el editor catalán Josep Toutain- que desde hacía más de veinte años dirigía una de esas agencias de ilustración de guiones extranjeros y de venta de material a que antes hacíamos referencia, Selecciones Ilustradas -se lanza también al mercado directo con sucesivas revistas en las que da a conocer el material americano acumulado. Se produce la curiosa circunstancia, entonces, de que ese material está a menudo dibujado por autores españoles que años atrás, y precisamente a través de Selecciones Ilustradas habían trabajado sobre los guiones enviados desde Estados Unidos. Gracias a las dos revistas de Toutain, Oreepy y 1984 dedicadas al terror y a la ciencia- ficción, respectivamente, Richard Corben, un americano que había llegado a sorprendentes resultados con la experimenrecursos en sus páginas. Mayo del 68, con su explosión en las calles de París, provoca también la explosión de los deseos de cambio de esos autores, y Claire Bretécher, Fred, Mézieres, Gíraud, Forest, Goscínny, Tardi, Mandryka, Druillet deciden empezar a hacer más lo que les plazca que lo que plazca al editor, aunque sin abandonar las series de éxitos como Asterix Luky Luke Valerian etcétera. La revista es objeto de todas las miradas. El mundo de la historieta va a iniciar su propia revolución. Y el nido en el que se empollaba era Pilote Allí se formaron y de allí salieron para editar sus propias revistas- como L Echo des Savanes Fluide Glacial y Metal Hurlant -los principales dibujantes de hoy. Y a muy pocos, entre ellos, les apetecía entonces seguir dibujando lo mismo de siempre al modo de siempre. La historieta pierde definitivamente su sello de sólo para jóvenes y busca en el espacio, en la calle, en el orden social o en la imaginación más desbordada nuevas historias que contar. Rompe el sistema clásico de viñetas, los viejos esquemas narrativos e incluso las costumbres del mercado editorial, en el que libros de cuidado aspecto, buen papel y esmerada impresión han sustituido al pobre tebeo de antes. Los intelectuales posan sus miradas en el medio y lo revalorizan. De una diversión menor para los chavales, la historieta, los comics como la denominan los americanos, pasa a ser lectura e incluso objeto de estudio para un público culto. El ritmo del medio ya no lo marcan, como en las décadas precedentes, los autores estadounidenses, sino los europeos. Sobre todo franceses, italianos y belgas. De lo cual, en España se habían enterado unos pocos profesionales que sentían inquietudes y buscaban nuevas perspectivas para sus trabajos, pero que, dada la situación crítica del país, se encontraban dedi- tación en el color, se convierte en todo un héroe también para los españoles. Por su parte, un modesto editor afincado en Madrid, José María de la Torre, inaugura el mercado del álbum con las historias de Carlos Giménez y la revista Bésame Mucho recoge material de tipo contracultural o más corrosivo socialmente. llega el boom Los hasta entonces sufridos lectores de comics y los jóvenes que iban accediendo al medio se volvieron locos, mientras los que siempre habían mirado a la historieta por encima del hombro empezaban a reconsiderar sus posiciones y se acordaban de que Umberto Ecco le había dedicado un ensayo. Se produjo entonces el llamado boom un florecimiento editorial que, poco a poco, fue recibiendo el acompañamiento de voces que, desde el mundo de la Cultura, con mayúsculas, reclamaban esas mismas mayúsculas para el- y fue en ese momento cuando se le empezó Europa se mueve En cambio, el clima social y culturalmente agitado que se respiraba en Europa, sobre todo en Francia, iba a propiciar una etapa de profunda renovación en los tebeos. La revista francesa Pilote que capitanea el mercado gracias a la coherencia de su línea aventurerodivertida, va perdiendo su carácter infantil y juvenil a medida que los autores habituales empiezan a experimentar nuevas formas, temas y