Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
de las artes ABC Vicente Delgado Rubio Galería Sokoa Claudio Coello, 25 S indiferente que Delgado Rubio trate el paisaje urbano, los pueblos, la orilla del mar o el desnudo. Cualquier tema que trate o trabaje es un motivo para que el pintor encuentre su color y su bellísima gama (grises u ocres) sus reflejos de lluvia, las escasas luces de quien vino a ver esa terrible historia ciudadana, esos lugares húmedos de lluvia. No es fácil definir el encanto de esta pintura grata y entrañable, que nos transporta a momentos felices, que Delgado Rubio sabe manejar con cariño y sabiduría. En otro momento hemos comentado la peculiar temática del pintor, y también el catálogo de Sokoa, que parece acaparar a los paisajistas contemporáneos más brillantes del momento. Catalanes, vascos, andaluces, extremeños, castellanos, Sokoa elige lo más fino de la pintura de hoy, y de vez en cuando nos da una visión parisiense o una muestra que nos lleva a los tiempos (actuales) de Bélgica y Holanda. Línea inteligente, línea abierta, línea maravillosamente abierta al color, a la sensación del color. Delgado Rubio, bien conocido en Madrid, es un pintor muy sensible al matiz, lo Hasta el 9 de noviembre De 11 a 14 y de 17,30 a 21,30 Legorburu, Galanda y De Cabo Aachen, Montenegro y Cano Hasta el 2 de noviembre Jovellanos, 3; Argensola, 4, y Paseo del Prado, 26 De 11 a 14 y de 17 a 21 E S Figura sentada cual convierte cada uno de sus cuadros en una sinfonía de delicadas gamas, en una especie de acuarelas al óleo que placen al coleccionista y al aficionado. ¡Qué bellas figuras, qué deliciosas avenidas, qué grupos de gentes, qué marinas en ocre, qué fuegos fatuos a la orilla del mar, qué plazas, callejones, escalinatas! ¡Qué belleza y placer del óleo en la exposición de Vicente Delgado Rubio! Por supuesto, quien no ame este tipo de paisaje no disfrutará con ia contemplación. I a ustedes les gusta el paisaje verde, suelto, fluido, de la zona norteña (antes se decía provincias vascongadas) les recomendamos el paisaje de Legorburu, que nació en Zarauz en 1952, y que, desde muy joven, no ha cesado de interpretar su tierra con una facilidad sorprendente, no sólo por el color, sino también por la técnica, por la pincelada, por el espíritu que sabe transmitir a sus composiciones. Ya conocemos todos que con el verde y el rojo se consigue un relieve insólito. Pero, ¡con cuánta belleza nos lo cuenta Legorburu, con cuánto encanto medio abocetado nos explica el paisaje de Vasconia! Lo poco que él pudiera decirnos, Legorburu, con sus palabras, no es lo que nos dice con tos pinceles. Su aparente simplicidad esconde un saber hacer Paisaje que nos recuerda, forzosamente, el buen hacer de los pintores vascos que, a partir del siglo XIX, irrumpen en la pintura europea, la sacuden como un terremoto y se hacen imprescindibles. Eso es Legorburu. Juan Torra y Aran Galería Ingres Espalter, 13 Hasta el 5 de noviembre De 10,30 a 13,30 y de 18,30 a 21,30 L O que es fundamentalmente Juan Torra y Aran (perdón por castellanizar su nombre y apellidos) es un extraordinario paisajista. Un paisajista que se deleita con las amplias perspectivas, con los monumentos, con la costa marítima, con la montaña. Lo que no es Juan Torra y Aran es un costumbrista, un pintor de figura. Ese es el contraste que se aprecia en esta hermosa exposición, en la cual un pintor de talento se pierde en la minifalda de una turista milanesa. Torra ama, conoce e interpreta el paisaje como pocos. Pero no la figura, que se nos queda como anecdótica, como artificial, como de compromiso. Precisamente porque me gusta mucho este pintor le digo que no salga de su paisaje, que nos homenajee con su paisaje, con ese toque especialísimo suyo, capaz de construir con una pincelada amarilla toda la luz misteriosa de un crepúsculo o una amanecida. Juan Torra no necesita apenas presentación (ustedes lo saben) pero aquel que no conociera su obra tiene hoy la oportunidad de asomarse a ella, de disfrutaría. Me refiero, claro, al coleccionista de paisajes. Estos son muy JUEVES 31- 10- 85 mí lo que me choca de Galanda, de Miguel Galanda, es la facilidad con la que pasa de la línea en positivo a la línea en negativo. La facilidad con la que nos cuenta (o narra) sus historias míticas llenas de dioses, diosas, héroes y otras cosas, la facilidad con la que nos explica que, en el pasado, Minerva tenía las caderas redondas, Juno la frente altiva, y todo lo demás, incluidos los devaneos amorosos de Zeus. O sea, que Miguel Galanda, pintor joven y atrevido, ha tenido la valentía de olvidarse de sus orígenes, de su formación, de sus tendencias, para transmitirnos su visión de las cosas, su línea que, paradójicamente, nos acerca a ese mundo en el cual ni siquiera él mismo hubiera podido existir. Hay alguna cosa en su exposición que nos retrotrae a la A Pintura de Galanda etapa de Miguel Galanda en la cual el pintor se preocupaba por lo oscuro, por las zonas neutras. Eso es lo más flojo de la muestra, donde la línea se pierde, donde su fuerza expresionista fracasa. Invierno bellos. Y además no hay muchos que se entreguen a la labor de interpretar la Naturaleza, de analizarla, de darle vida y color. Podría citar alguna frase de García Viñolas, de Mario Antolín, de cualquier otro crítico que se haya asomado a la obra de Torra. Prefiero quedarme, como un recién llegado, en el límite del marco de sus óleos, asomándome y gozando de un viaje ecológico sin consignas, de un paseo hacia mi infancia pueblerina, de una gozosa escapada hacia mis viejos árboles. ASCUAL de Cabo es uno de esos pintores a los cuales no hay que pedirles revolución, sino evolución. Pascual de Cabo es uno de esos pintores que, de tiempo en tiempo, nos descubren el paisaje español como si el paisaje español fuera un descubrimiento. A mí me gustan sus florestas, sus interiores (en ios que uno quisiera estar) sus bodegones y otras cosas que él sabe hacer con acierto, con gracia, con soltura. En realidad, Pascual de Cabo me recuerda mi niñez, mi amor por la pintura bien hecha, por la luz, por la intimidad de la mujer, adolesOleo de De Cabo cente o adulta. Eso es lo que me ofrece Pascual de Cabo como un arte de verdad que lleva hasta noregalo otoñal, como un vibrante re- sotros el aliento de la obra bella galo de algún sitio donde estuve al- Como un juego delicioso, un peguna vez, como un exquisito mues- cado íntimo, una luz añorada, un trario de lo que se puede hacer verde que se convirtió en azul sin cuando uno sabe pintar, como un saberlo. P ABC 115