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de las artes ABC m Lledó, Miura, Alcaín, Aparicio y Cárdenes El Tajo de Ronda por Bernardino de Pantorba Últimos trabajos Circulo de Bellas Artes Marqués de Casa Riera, 2 INCO artistas, nacidos entre 1936 y 1946, de muy distintas procedencias y muy variado estilo, están exponiendo estos días en el Círculo de Bellas Artes. Digo variado estilo porque entre el cromatismo modernista de Alcaín y la escueta abstracción de Mitsuo Miura o Lledó hay un abismo estético que solo el espíritu generacional puede colmar. Se trata, pues, de una exposición llena de sugerencias, en la que, por orden alfabético, quisiéramos citar a Alfredo Alcaín (Madrid, 1936) pintor conocido y reconocido, que ahora se vuelca hacia el círculo y el panel como forma expresiva acorde con su colorismo delirante, rrtre verdes y amarittos. -Gerardo Aparicio (Madrid, 1943) presente con tres grandes cuadros y tres vitrinas de dibujos que nos llevan al mundo de los volcanes expresionistas y violentos. Ricardo Cárdenes (Las Palmas) del que recordamos una reciente individual y que con tres grandes lienzos y seis grafismos nos vuelve a poner ante los ojos su clavo obsesivo. Guillermo G. Lledó (Madrid, 1946) quizás el más puro y limpio de los pintores no figurativos aquí presentes, sencillo de línea y ascético de color, de quien en alguna otra ocasión hemos hablado elogiosamente porque, en su tendencia, es de lo mejor que hay en España a la hora actual. Mitsuo Miura (Japón, 1946) afincado entre nosotros desde hace mucho tiempo y cuyas experiencias (maderos, tiras de tela, fotografías, tejidos teñidos, pinturas) ya ha conocido el público a través de la colectiva de La Caixa. Son, como puede verse, artistas muy diferenciados, pero que, en el fondo, tienen algo en común, algo generacional. Quizá no sea éste el moHasta el 31 de octubre De 11 a 14 y de 17 a 21 Colectiva en Sotomayor Fundación Sotomayor Espalter, 8- 10 Hasta el 10 de noviembre De 10 a 12 y de 18 a 20 C D Pintura de Lledó mentó de señalar sus concomitancias, pero lo cierto es que la muestra tiene una cierta y curiosa unidad secreta, una armonía que no viene de una escuela común, sino de una visión compartida de la realidad. Podríamos aprovechar esta ocasión para señalar que las exposiciones que celebra el Círculo de Bellas Artes de Madrid no siempre tienen la afluencia de público que merecen, tal vez por desconocimiento del público. Y suelen ser muy interesantes, bien montadas y, por si fuera poco, no comerciales. Estas exposiciones merecen an mejor suerte por la buena voluntad de los organizadores, pero cada vez que visitamos una de ellas nos sentimos desolados y solitarios. Por supuesto, el día de la inauguración están llenas de gente, pero es gente que va a ser vista, sólo. EBEN ustedes perdonarme que me vuelque, con todo mi entusiasmo, en esta exposición antológica y colectiva que reúne tantos y tantos nombres admirados por mí. Deben ustedes perdonarme que cite en primer lugar el nombre de Bernardino de Pantorba, pintor injustamente olvidado, paisajista notable y retratista singular que, en el caos actual del arte (y de la vida) parece no existir salvo para los que tenemos la fortuna de seguir, de vez en vez, su peripecia humana. Lo cierto és que, amparados por una hermosísima colección de obras de Fernando Alvarez de Sotomayor, la muestra que con tanto cariño han preparado 4 as Wjas del maestro tiene un encanto especial. Aparte de Bernardino están nombres tan ilustres como el de Aser Guerrero, María Bardasano (la hija del inolvidable Pepe Bardasano) Fabiola Almarza Sorolla, Godelieve, Manuel Iñigo (otro paisajista de calidad extraordinaria) Juana Francisca, Edmundo Uoret Navarro (que celebra en estos días una espléndida exposición) Teodosio Manzano, Ricardo Montesinos (hijo del también inolvidable y querido amigo Rafael) Adela Pellón Gómez de Rueda, Francisco Reolid, Amadeo Roca, Ulpita Ubiera Tomé, María Rosario Sotomayor, hija de Fernando y discípula aventajada en el retrato, el interior y la composición. Repito mi entusiasmo por una muestra a la que quizá no asista mucho público, pero que recomiendo por su categoría en un ámbito que (por supuesto) nada tiene que ver con el arte contemporáneo y que, sin embargo, nos traslada a un mundo de belleza antigua de costumbrismo, de figuración honesta y bien hecha. El Autorretrato de Sotomayor mundo que hoy miramos como un recuerdo, como un arcaísmo, como un viejo pasaje de nuestras vidas. Pienso que hay, sin duda, un lugar para cada cosa en esta existencia: en ella no debe faltar un sitio para el arte que, indiferente al tiempo, nos sigue hablando desde finales del siglo XIX. Cualquiera de estos cuadros nos traslada a un tipismo español, a un concepto paisajístico español, a una retratística española. Cualquiera de ellos nos habla de un buen hacer, de un color estudiado, de un dibujo riguroso. Por ello recomiendo la visita, despaciosa, a la Fundación Sotomayor, centro para la nostalgia y para la degustación tranquila del arte, porque las hijas de don Femando saben mantener el ambiente, la decoración, la atmósfera de lo que fuera estudio de su padre. Por todo eso lo recomiendo. Javier RUBIO ABC 113 JUEVES 3 T- 10- 85