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DE SEMANA Sábado cine Largometraje Estrenos TV Ann Brancroft, una de las actrices que intervienen en Hindenburg La dificultad de vivir de las mujeres maduras se hace patente en esta película polaca Elizabeth Montgomery es uno de los soportes de Acto de violencia Hindenburg de Robert Wise, 1975. Color. Ciento veinte minutos. Sábado, a las once menos veinte, por la Primera Cadena, en Sábado Cine Etcétera De Pawel Kedzierski y Zbigniew Kaminski. 1975. Color. Óchenla y seis minutos. Domingo, a las once menos veinticinco, por la Segunda Cadena, en Largometraje Acto de violencia de Paul Wendkos. 1979. Color, fioventa y cuatro minutos. Domingo, a Jas cinco y cinco, por la Segunda Cadena, en Estrenos TV Se encuadra la película en el género, o subgénero, del cine catastrófico o de desastre y se adapta fielmente a los esquemas del mismo. Es decir, que se toma un medio de transporte- e n este caso el zeppelin que da nombre al filme- y se hace que, a bordo del mismo, se den cita un serie de personajes, protagonista cada uno de una minihistoria que se encadenará con las de los demás y con la central, en este caso la colocación de una bomba que hará que el dirigible explote momentos antes de su llegada a Nueva York, ciudad a la que se dirigfa desde Francfort. Transcurre la acción en 1937, dos años antes de que se declarara la segunda guerra mundial, y, como no podía ser menos, hay entre los personajes nazis y antinazis, además de una más o menos excéntrica condesa y toda una galería de tipos cuya interpretación se ha encargado, como es habitual en el género, a figuras moderadamente populares, de preferencia viejas glorias que, realmente, no tienen demasiadas ocasiones de demostrar su eventual talento. Ni siquiera los efectos especiales están demasiado bien conseguidos, acaso por una detectable carencia presupuestaria. Y la puesta en escena no está a la altura de lo que podría esperarse de Robert Wise, el responsable de West Side Story Preside el reparto George C. Scott. Junto a él cabe destacar a Anne Bancroft, Charles Durning y el veterano y truculento Burgess Meredith. VIERNES 12- 7- 85 Otra película polaca que, como las que se nos han ofrecido últimamente, parece producida, con toda probabilidad, para la televisión. Se compone de dos historias independientes entre sí, cada una realizada por un director distinto, y sin más nexo de unión que su preocupación por la dificultad de vivir de las mujeres maduras. Se titulan las historias en cuestión, respectivamente, Amarrado y Una lección de amor y son responsables de sus guiones los propios realizadores, de los que poco se sabe fuera de su país. Cabe esperar, a partir de las sinopsis que proporciona TVE, un cine fundamentalmente intimista, con acotaciones, por así decirlo, sociológicas, y cabe temer también un exceso de sentimentalismo, lastre habitual de buena parte de la producción reciente made in Poland En cualquier caso, es posible que, sin ser excelente, la película o telefilme ofrezca interés en tanto que observación de la realidad cotidiana de su país de origen, en el supuesto de que la libertad de expresión de sus autores no haya sido limitada Paul Wendkos ha realizado, para la pantalla grande, si no obras maestras, sí películas interesantes, especialmente en el campo del cine policíaco y el de terror, por así decirlo, sofisticado. En este caso se ha inclinado por el melodrama social, centrando su película en la regresiva evolución de una periodista que, tras sufrir una agresión personal, abdicará de sus ideas liberales para convertirse en una peligrosa racista. Bien realizado, el telefilme vale, por la interpretación de Elizabeth Montgomery, Detrás de la p a n t a l l a LA TELEVISIÓN, ¿NO SE TOCA? No parece que la remodelación, crisis, de Gobierno vaya a alcanzar a la Radiotelevisión oficial. El problema no es sólo de personas, lógicamente, sino de valentía para la reorganización del Ente en profundidad, extensión y mensaje. El presidente ya ha dicho que han cambiado los titulares y no tas líneas políticas- c o s a sorprendente, porque para no cambiar las segundas ¿por qué tocar a los primeros? y ello ha creado un clima pesimista en el medio. El sindicato independiente (APLI) que ya no envía sus comunicados al director general, debido ai cerco de silencio a que los somete, se ha apresurado a lanzar una hoja acusatoria por elevación dirigida a la Moncloa, con la siguiente propuesta: antes de traspasar su actual situación límite en planteamientos, problemas gerenciales y organizativos, de guerra civil entre los profesionales (contratados y plantilleros) y la anemia de contenidos de la programación general, se debe intentar una solución global, recurriendo al diálogo, la participación de la sociedad, la llamada a la responsabilidad de los empleados e, incluso, la intervención de los políticos en rueda de trabajo, en consenso paritario. Ahora, en un clima preelectoral ya agobiante, con una sensibilidad de interinidad no hay ningún derecho a seguir en la Radiotelevisión que es de todos los españoles y no sólo del PSOE. La iniciativa de los independientes que comentamos posiblemente caiga, como las anteriores, en el vacío, pero no debiera ser así porque, esencialmente, sugiere una alternativa oportuna por necesaria. Sí. No es razonable que la voluntad de concordia que parece presentar el presidente del Gobierno margine del marco reformador at más potente medio de orientación, fiscalización y modulación de la opinión pública que se ha dado nunca en España. Un puente con la Prensa, la inclusión de los consejos asesores, la reforma del Estatuto, una programación de puertas abiertas han de ser, todavía, posibles. La política de la Televisión no se toca que temen los empleados del holding seriamente preocupados por servir bien el futuro, ante la nueva ley en ciernes de las comunicaciones nacionales, no es de recibo. Con Calviño- contra quien se comienza una campaña de recogida de firmas inédita hasta ahora- -o sin Calviño, ¿no es hora ya, señor presidente, de que veamos una razonable televisión todos los días? SPECTATOR A B C 103