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Muchacha desnuda de Enrique Casanovas; La Montserrat de Julio González, y La dama oferente de Pablo Picasso, bes de las obras que forman parte de la exposición La exposición de la semana Escultura española 1900- 1936 I BA a escribir que es extraño que Palacio Velázquez la e s c u l t u r a e s p a ñ o l a no Palacio de Cristal cuente con un libro análogo al Parque del Retiro de Lafuente Ferrari sobre nuestra pintura, pero inmediatamente ad- sensibles a la belleza exenta de las v i e r t o que una obra como la formas. El tema es tan sugestivo Breve historia de la pintura espa- que, de analizarse, podría conducir ñola clásica en la especialidad a muy sorprendentes teorías reladesde su aparición, no puede exi- cionadas con la sociología y la psigirse periódicamente sin tener una cología de nuestro tiempo, tan proidea demasiado optimista de nues- clive a lo informal no sólo en las tras posibilidades bibliográficas. El artes plásticas. La mayor parte del propio Lafuente habría sido, de arte moderno se ha proyectado en proponérselo (pienso en sus estu- la pintura, y ésta, dotada de unas dios sobre Capuz, Mateo Hernán- oportunidades de delicuescencia dez, Alvarez Laviada, etc. el his- que no siempre pueden tener ni la toriador más capaz de ordenar crí- arquitectura ni la escultura, acaticamente tantos materiales disper- para desde el impresionismo la hissos hasta convertirlos en un corpus toriografía y la crítica (la seducción claro y orientador. Más de una de los libros a todo color los revez me he planteado para mí pertorios de diapositivas, el vídeo mismo el problema de la situación más tarde) reduciéndose cada vez o, si se quiere, del drama del es- más la atención hacia la escultura, cultor actual, perdido, con sus sue- que es la que hoy nos ocupa. ños de volumen y de dura materia, Hay, claro que sí, obras generaen medio de la incomprensiva sociedad de hoy dice Lafuente Fe- les y monográficas sobre la escultura española, pero piénsese que rrari. el primer ensayo alrededor de su Así está, en efecto, el escultor contemporaneidad, el de Gaya español, perdido- desconocido- Ñuño, es de 1957, año en que la en un clima plástico cada vez más bibliografía sobre nuestra pintura sumergido en la magia alienante era ya torrencial. Con los estudios de los colores, en una sociedad de Gaya Ñuño (los más generales que presta escasa atención a las hechos para la Summa Artis y Ars formas rotundas, tangibles, ansio- Hispaniae) hay que citar los de Rasas de modelar rigurosamente fael Benet, Martín González, Pardo unos espacios cada día menos Canalís, Marín- Medina, de 1978 JUEVES 13- 6- 85 Hasta el 22 de julio éste, los volúmenes V y VI de la Historia del arte hispánico Muy poco más respecto a la escultura española de finales del siglo XIX y todo lo que va del XX, con la excepción de unos nombres, gloriosamente ya lugares comunes en la historia del arte europeo, que van de Gargallo, Picasso y Julio González a Baltasar Lobo y Chillida. Era, por tanto, esperada con grandes esperanzas de orientador resumen esta exposición de Escultura española 1900- 1936 Pero sus expectativas de coherente desarrollo de tal panorama han quedado poco menos que defraudadas. Claro que la exposición, considerada como mera y magna exhibición de obras conocidas (desconocidas también, y no siempre injustamente) resulta grata, pero al no someterse a un plan (cronológico, estilístico, etc. resulta también hermosamente gratuita. ¿Qué se ha querido manifestar aquí? ¿Que en tiempos pasados se olvidaron políticamente algunos nombres? Casi todos ellos, con la salvedad del gran Emiliano Barra! y pocos más, van a seguir sin recordarse, pues los que eran dignos de recordación (Picasso, Julio González, Alberto, Ferrant, etc. estaban ya bien presentes. La exposición resulta del todo incompleta porque entre los nombres que conforman su fin de siglo faltan obras muy características de Barrón, Querol, Marinas, Agapito Vallmitjana ¡cuándo se entenderá la aportación escultórica de Gaudí! los modernistas catalanes... De los que caracterizan buena parte de nuestros años treinta, ¿qué se hizo de Victorio Macho, Díaz Yepes, José Planes, Oteyza? (Planes era segunda medalla en 1922, y Oteyza primer premio de escultura de la Bienal guipuzcoana de 1931) La gran vedette de la exposición es La dama oferente nombre que evoca sin más las damas oferentes del arte ibérico, y cuyo título más literal es La mujer del vaso (o del búcaro, tan evocador para un Picasso complacido siempre en las reminiscencias de la infancia) obra que los estudiosos de la escultura picassiana (Prampolini, Penrose, Kahnweiler) no consideran demasiado; sí, como es natural, los vanamente obstinados en la politización del genio, uno de cuyos ingredientes esenciales (Picasso mediterráneo, clásico, andaluz) es la eironeia la lúdica digitación... A. M. CAMPOY ABC 1 5 1