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Abula, Sen y Club Urbis Gálibo. 7: Ñúñez de Bt y Uenéndez Pelayo, 71 Sauce, García y Cano 37, Hasta el 17, el 22 y el 22 de mayo De 11 a 14 y de 17 a 21 Modesto Ciruelos Galería Novart Monte Esquinza, 46 Hasta el 20 de mayo De 11 a 14 y de 17 a 21 L UIS Sauce (Madrid, 1933) es un acuarelista que, desde hace diez años, viene obteniendo la mayor parte de los premíos importantes de su especialidad. Y ello lo consigue sin recurrir a ningún tipo de innovación en la pintura al agua: sólo un excelente oficio en la aplicación del color le basta a Luis Sauce para captar la realidad de los paisajes españoles, variados en cuanto a luz, en cuanto a ambiente, en cuanto a vegetación y arquitectura, pero uniformes en la exactitud y la sensibilidad del artista. Veintiséis acuarelas forman esta su nueva exposición, en las que encontramos barcas de Cádiz, callejuelas de Laredo, paisajes nevados de la sierra, rompientes de La Corana, pueblos de Cáceres y de Avila. Y lugares de Salamanca, Asturias Valencia y de las costas. Hay una vista del Puente L Hervás (Caceras) acuarela de Toledo llena de luminosidad y dos composiciones de flores que son buen ejemplo de la maestría de Sauce. IGUEL García (Sevilla, 1957) es un joven escultor que estudió Bellas Artes en su ciudad y que desde hace dos años viene asomándose a las salas de exposición con una escultura clásica que, en el volumen, se corresponde con la Escuela Realista Sevillana de hoy. No sólo es realista en la realización, sino que sus modelos siguen la línea de la gran tradición clásica y de la veintena de piezas en barro (algunas policromadas como figurillas de Tanagra) la mayor parte son desnudos académicos masculinos y fe, meninos, bustos y cabezas y, como novedad, algunos rostros de inspiración egipcia. Es una escultura elegante y serena, fina y con algo de racial en la postura y la apostura. Es una escultura fuera del tiempo, que pide formatos M A reaparición de Modesto Ciruelos (Cuevas de San Clemente, Burgos, 1908) puede considerarse como un acontecimiento, pues, desde hace más de medio siglo, ha venido siguiendo una de las trayectorias más limpias y claras de la pintura contemporánea. Es una trayectoria que fe ffevan, paso a paso, desde un arte propio de los años treinta a la abstracción, cubriendo sucesivamente las etapas del posimpresionismo, posexpresionismo, poscubismo, hasta liberarse definitivamente de la representación más o menos fiel de la realidad y alcanzar un abstraccionismo que, en sus comienzos, se basaba en la geometría y que, posteriormente, habría de liberarse y lograr las más bellas síntesis de color y forma. Lo que ahora pinta Ciruelos nada tiene que ver con la geometría, ni con la materia, ni con el collage es pintura pura y joven, realizada por un pintor de setenta y siete años que ya ha recorrido todos los caminos y para quien el oficio no tiene secretos. Sorprendente exposición de tintas planas que se ordenan misteriosamente en el cuadro. Como escribió Castro Arines en la monografía de- u Abstracción de Ciruelos dicada al pintor, alguien dijo ya que la mayor libertad como exigencia pictórica para Modesto Ciruelos se manifiesta tanto en su independencia como creador de arquetipos pictóricos, como en el cumplimiento de una disciplina técnica laboriosamente aprendida El resultado de ese largo aprendizaje (San Fernando, Casón del Buen Retiro, Artes y Oficios, Círculo de Bellas Artes, Nacional de Artes Gráficas) está aquí. Alfredo Ibarra Galería Ingres Espalter, 13 Escultura de Miguel García mayores y material más sólido, como la piedra o el bronce. Pero que incluso así tiene toda la gracia y el encanto de la obra bien hecha y bien sentida. O M O no recordar, ante J I estos treinta y tres KJ V óleos de Alfredo Ibarra, su formación de ilustrador, su pertenencia a una generación que, en muchos aspectos, está influenciada por los ilustradores de Blanco y Negro su facilidad de resumir en una escena todo un contenido literario y estético? Alfredo Ibarra no puede (ni quiere) desprenderse de esa formación y de esas viviencias: el resultado es su pintura, centrada en la belle époque y más allá, a caballo entre los cronistas oficiales de la Villa (con Emilio Carrere y sus leyendas madrileñas a la cabeza) y un tiempo en el que la vida transcurría sin sobresaltos, del gabinete al paseo del Prado, de la playa de la Concha a la Opera, de la plaza de Oriente a los Jerónimos. Madrid que sólo existe ya en el recuerdo y al que Alfredo Ibarra rinde homenaje en estas estampas de costumbres que tendrán, para muchos, el valor de lo visto o entrevisto, en la realidad o las páginas de las publicaciones de aquel tiempo. Hemos de citar, forzosamente, los aciertos de composición y color que se advierten en El palco número Hasta el 21 de mayo De 10,30 a 13 y de 18,30 a 21,30 M ARÍA del Carmen Cano Jiménez es hija de pintores y licenciada ella misma en Bellas Artes, de cuya Facultad sevillana es profesora. Conocida en Madrid a través de un hermoso cuadro que fue f i n a l i s t a en VIII Concurso Nacional de Pintura para Artistas Jóvenes Blanco y Negro el pasado año. Su pintura, viniendo de Sevilla, no puede por menos de tener esa poesía que envuelve la obra de algunos pintores de la luz que, ahora, tamizan la luz y suavizan la dureza de todo exceso luminoso. En los treinta y seis cuadros de María del Carmen Cano abundan los paisajes, las naturalezas muertas y, especialmente, los patios o corrales un par de desnudos, tres vistas de Segovia y algunos interiores. Exposición variada, pues, bien pintada y que, en ocasiones, recuerda a la acuarela: hasta tal punto es deliN 8 ABC Pintura de M. C. Cano cado el óleo de la pintora, que se recrea en los jardines, en las plantas de las macetas, en las paredes encaladas, en los tejados y las fachadas de Sevilla. Una misa para el jueves cinco El piano Plática La blusa nueva Dama de compañía Una misa para el jueves De la modista y la soltura y la belleza de dos apuntes que consagran el buen hacer del pintor. Otras obras (como El alquimista nos llevan a otros siglos, pero con el mismo prurito documental para reconstruir los ambientes y la misma delicadeza al situar las figuras en una atmósfera cuya realidad nos parece evidente. Claro que son sobre todo los ambientes familiares de la clase media acomodada los que gusta de recrear Alfredo Ibarra, con sus figuras femeninas, sus niñas y sus jóvenes soñadoras a la espera de un futuro. JUEVES 16- 5- 85