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de las arte jfc ABC p i i m m Retrato y Retrato de José Bergantín dos de las obras de Mercedes Gómez- Pablos que figuran en su doble exposición, dedicada a la figura, el paisaje y el dibujo La exposición de la semana Mercedes Gómez- Pablos A exposición de Mercedes Gómez- Pablos renueva el deseo de estudiar, intrínseca y comparativamente, lo que ha sido la presencia de la mujer en la pintura española contemporánea. Las antológicas de Gavar y del CondeDuque, aunque no exhaustivas, ofrecen materiales más que suficientes ya para estudiar el fenómeno de esta presencia singular, desarrollada entre nosotros en una proporción que tal vez no pudiera comprobarse en otros países de parecida tradición cultural. Tal vez sea España, en efecto, el país que más nombres de mujer ofrece a la pintura de este tiempo; podría precisarse que en los últimos veinticinco años, pues en épocas anteriores, pongamos que cuando las últimas grandes vanguardias de la école de Paris el nombre de una María Blanchard era como el de una estrella española solitaria. Podía hacerse y se hizo la historia de la pintura española de aquel tiempo sin nombres de mujer. Hoy no sería posible hacerlo, y si se hiciera, sería estúpido. Es más: algunos de los capítulos más creadores de nuestra pintura tienen nombre de mujeres, y no sólo el de lo naíf escrito por ellas puede que en lo más significativo que el género tiene. L Galerías Fauna s y Orfila Montalbán, 11, y Orfila, 3 Hasta el 31 y el 22 de mayo De 11 a 14 y de 17 a 21 Por eso no es lo mismo hablar hoy de una mujer pintora que pudo serlo hace cincuenta años: porque si ayer era una excepción o un eco de sociedad, hoy suele ser una de las ocasiones más originales y menos tópicas que pueden ofrecérsele al visitante de exposiciones. Y con este de Mercedes Gómez- Pablos, otro ejemplo inmediato: en la brillantísima antológica de Madrid visto por sus pintores puede que el acento menos acostumbrado lo den las pintoras, que es lo que sucede también en el Concurso Blanco y Negro Lo que ocurre es, y esta es una observación que deben provocarse sutilmente los espectadores, es que las mujeres no pintan ya como mujeres, que solía ser como ellas pintaban y como más que en cierto modo las consideraba la crítica. Hoy, si en una exposición no se descubre el nombre, lo que el visitante ve son cuadros de pintores. Porque las mujeres pintan hoy, cabalmente, como lo que son: pintores, cierto que sumando a los elementos ha- bituales de la composición un plus de sensibilidad menos común, una suerte peculiar de intimismo, una manera de elegancia singular. Podríamos aquí ofrecer una extensa nómina que corroboraría lo que decimos, pero la ocasión de Mercedes Gómez- Pablos basta para ejemplificar la tesis. Pocos, a primera vista, reconocerían en esta pintura una manera de mujer, y no obstante, más allá de la plástica pura, exactamente asexuada, se percibirá si con atención se mira una sensibilidad otra en el dibujo, no obstante su rigor y hasta su violencia expresiva. Sus retratos ahondan en el alma de los modelos con una acuidad muy otra también, y hasta en las arquitecturas hay un extraño informe amoroso. Toda su obra, parezca o no a veces propicia a tal consideración, se corrobora intimista, ahora más aparentemente que antes, pues la pintora disminuyó la materia con que en épocas anteriores parecía modelar los objetos. No ha perdido la materia pictórica su caracterís- tica sensualidad; lo que ocurre es que, de protagonista, la materia pasa a ser el soporte de su intencionalidad expresiva. A la exultante energía externa aquella sucede ahora un vigor interior, y el mismo dibujo se pliega a la disciplina de contención que la pintora se impone. La paleta puede ser básicamente la misma que sorprendió desde el principio por su simplicidad (blancos, negros, azules, en querida limitación de matices y tonos) y que Florence Delay interpretaba así: El blanco le fue dado por España. Más de la cal que de La luz le viene. El negro le fue dado por París y Notre- Dame. El azul le fue dado por su vida interior... Ahora sigue siendo la suya una paleta voluntariamente restringida (el colorista no es quien pueda agotar frenéticamente todas las existencias de Macarrón, sino aquel que usa justamente el color, el que siente su armonía) pero cada uno de sus colores favoritos desarrolla una más rica gradación de tonos, y éstos procuran más delicados grados de intensidad. Decía nuestro recordado Raúl Chávarri que las gentes que pinta Mercedes Gómez- Pablos son auténticos símbolos de la condición humana A. M. CAMPOY A B C 10! JUEVES 9- 5- 85