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ABC, pág. 60- SUCESOS -DOMINGO 28- 4- 85 Ochenta muertos en el incendio de un hospital psiquiátrico de Buenos Aires Dos sospechosos han sido detenidos por la Policía Buenos Aires. José Alejandro Vara Cerca de ochenta muertos y más de ciento noventa heridos- algunos muy graves- es el provisional y aterrador balance del espectacular incendio ocurrido en la noche del viernes en el Instituto Neuropsiquiátrico de Saint Emilien, situado en el populoso barrio de Saavedra de la capital argentina. El incendio, que dio lugar a un sinnúmero de escenas de pánico entre los internos del centro en su deseperada lucha por escapar de las llamas, comenzó en el pabellón central del segundo piso por causas que aún están por determinar. Circulan ahora todo tipo de versiones y rumores encontrados e incluso se asegura que el director de la institución ha sido detenido, además de dos sospechosos. Uno de ellos, un joven, Carlos Braga, que el año pasado provocó un incendio en uno de los pabellones. La velocidad con que las llamas se fueron adueñando de los pisos inferiores, ayudadas en su devastadora carrera por los elementos de alta combustibilidad de los materiales, apenas permitió que enfermeros y asistentes pudieran ayudar a escapar a los enfermos, mayoritariamente afectados con cuadros de alteraciones mentales profundas. Cerca de las once de la noche, cuando el pánico se había apoderado de la mayor parte de la población hospitalaria- cifrada en 410 personas- que corría enloquecida por pasillos y salas a la búsqueda de una salida qué en ocasiones resultaría más que improbable, puesto que todas las ventanas de la institución son blindadas, llegaron a la zona siniestrada las primeras dotaciones de bomberos del cercano cuartel de Belgrano, que, de inmediato, comenzaron a destrozar ventanas y puertas de acceso. Sin embargo, muy pronto tuvieron que suspender las maniobras de evacuación, dado que el fuego se apoderó literalmente de las cuatro paredes exteriores del edificio, que se convirtió en una gigantesca tea. El hospital pasó a ser una trampa mortal. Los enfermos se vieron atrapados entre vidrios blindados, puertas con triple cerradura de seguridad o, simplemente, por los primeros vapores del sueño o los efectos de los poderosos sicofármacos que reciben habitualmente para su tratamiento. La mayor parte de la nómina hospitalaria del Saint Emilien está integrada por niños y ancianos considerados como prácticamente irrecuperables Hecho este que añadió un nuevo componente de horror a la tragedia. El incendio, calificado de catástrofe nacional por una fuente policial, provocó situaciones de extremo patetismo. Cuentan algunos vecinos que los gritos de horror de los enfermos se encuchaban desde al menos tres manzanas. Asimismo, se ha destacado en medios municipales el ejemplar comportamiento de los habitantes del barrio. Muchos de ellos, y a la vista de la tardanza de bomberos y asistentes, lograron derribar alguna puerta de acceso valiéndose tan sólo con la ayuda de sus brazos y piernas envueltas el cazadoras o camisas. Otro testigo, quien dijo que oyó algunas explosiones y que al poco de iniciarse el incendio se produjo un corte de suministro eléctrico que dejó al hospital en penumbra, contó cómo a través de los ventanales vio como cinco ancianos corrían deseperados entre el humo y las llamas, con sus ropas incendiadas, intentando localizar una salida. Fue algo terrible que no olvidaré Los familiares de los enfermos iban llegando hasta la avenida del Tejar, donde está localizado el hospital, y se concentraban en las inmediaciones en espera de conocer la suerte de sus allegados, entre lamentos, gritos histéricos e inconsolables llantos. Pasada la medianoche, los bomberos lograron dominar el fuego y el personal policial comenzó entonces la ardua tarea de la identificación de cadáveres- todos ellos carbonizados- así como la búsqueda de víctimas Entre las personas que pudieron ser rescatadas con vida o que, por sus propios medios, consiguieron burlar el acoso de las llamas, hay al menos cincuenta con quemaduras de extremada gravedad. Este dato, y el hecho de que acaban de comenzar las labores de descombro, hacen suponer a las autoridades que la cifra inicial de muertos pudiera sobrepasar en las próximas horas el centenar. En concreto, algunos bomberos lograron acceder a los pisos quinto y sexto del edificio a primeras horas de la madrugada; declaraban a su salida que a cada paso que dábamos pisábamos un cuerpo, un cadáver Sin pistas para detener a los atracadores de Parla Madrid. S. S. Los restos mortales dei policía nacional Miguel Breganciano Cano, asesinado el jueves por unos atracadores en Parla, fueron inhumados ayer en el cementerio municipal de Cáceres. Las investigaciones en torno a este suceso, como el de la muerte de un industrial en la misma localidad madrileña, prosiguen, aunque, según nuestros informes, no hay pistas importantes, y la detención de los autores de ambos sucesos puede ir para largo. Como se sabe, se ha identificado a unos individuos, que, por el momento, no han sido localizados, y en la Comisaría de Parla se encuentra detenido un joven apodado Willy, que se cree es amigo de alguno de los sospechosos y al que se interroga en un intento de averiguar la verdad. Por otro lado, y en relación con el policía asesinado, se ha informado que la capilla ardiente con los restos mortales de la víctima fue instalada el viernes pasado en el acuertelamiento de la Policía Nacional de Cáceres y que ayer el féretro fue llevado a la catedral de Santa María, donde se ofició un funeral. Al acto religioso asistieron, además de la viuda y algunos familiares, el delegado del Gobierno de la Comunidad Autónoma, Juan Remírez Piqueras; el gobernador civil, Ángel Hernández, y el alcalde, Juan Iglesias. Primeras autoridades de la Policía Nacional y compañeros de la Demarcación de Valladolid, de la que dependen las Fuerzas de Cáceres, se desplegaron a esta provincia, especialmente para acudir a los actos fúnebres. Miguel Breganciano nació hace treinta años en Santiago del Campo, provincia de Cáceres, localidad, esta última, donde vivió casi toda su vida. Apresado en Cádiz un barco con veinticinco toneladas de marihuana Cádiz. Efe. Un total de 16 grandes sacos, de unos 25 kilogramos cada uno, que contienen marihuana colombiana, han sido extraídos, hasta el momento, por la Policía de la bodega del carguero Lady K apresado el viernes en aguas gaditanas. Entre el cargamento de cemento en sacas de papel, que transporta el buque, de bandera panameña, también se han localizado varias pilas más de sacos de las mismas caracteristicas, que contienen la citada droga. La Policía ha detenido a ios 14 tripulantes y a otras cuatro personas presuntamente implicadas en el contrabando. Un funcionario de la Brigada Central de Estupefacientes dijo que los informes de que dispone la Policía española aseguran que el Lady K transporta no menos de 25 toneladas de marihuana y unos 50 kilos de cocaína, valorado todo ello en más de 2.550 millones de pese. tas. En Madrid, la Dirección General de la Policía confirmó la detención y la posibilidad de que el alijo ascendiera a esas cantidades, con lo que sería el mayor intervenido hasta ahora en España. Estibadores del puerto de Cádiz, en unión de una brigada de mecánicos, taladraron una de las mamparas que separan las bodegas del barco, donde han sido localizados sacos de cemento que contiene marihuana. El mismo funcionario añadió que, según el despacho del buque, el puerto de procedencia fue la ciudad colombiana de Cali y que el destino era un lugar de las islas Azores, pero el barco fue localizado anoche en aguas del golfo de Cádiz, a 35 millas frente a Sanlúcar de Barrameda, pop una patrullera de vigilancia fiscal y obligado a dirigirse al puerto de Cádiz, donde permanece retenido. La llegada del buque ha despertado un extraordinario interés en la ciudad, hasta el punto de que la Policía Nacional ha establecido barreras para impedir el acceso de curiosos al lugar, donde una grúa realiza las operaciones de descarga de la carga, para localizar la droga. Con 75 metros de eslora y, aproximadamente, mil toneladas de desplazamiento, el Lady K aparece en el muelle pesquero de Cádiz como un verdadero ataúd flotante, con el casco oxidado en numerosos puntos y salpicado de parches.