Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MARTES 23- 4- 85- LA FIESTA NACIONAL: -Cuarta corrida de la Feria de Abril de Sevilla -ÁBC pQg. 75 Un grito: ¡Viva la Virgen de la Paloma! Emotivo adiós de Antoñete a Sevilla Sevilla. Vicente Zabala, enviado especial Yo no sé bien si el cielo sevillano lloraba hoy para despedir con su llanto a Antonio Chenel Antoñete o para favorecer a los labradores, que éstos días pedían el agua con verdadero fervor, pues decían que se les estaba secando todo después del favorable invierno que habían disfrutado; pero como uno es fundamentalmente aficionado a la fiesta, prefiere creer que las lágrimas caían desde las alturas porque un gran torero no volvería a exhibir su arte sobre el dorado albeto de la Maestranza. El tiempo no ha querido colaborar al lucimiento de la muy esperada corrida del arte. Eran demasiadas cosas las que se aunabarv en este cartel para que Sevilla te volviera fa espalda a esta corrida. Digamos, en honor de la verdad, que el primer atractivo del cartel, por circunstancias de sobra conocidas, infladas y desorbitadas por nosotros, por todos nosotros, los medios de comunicación, desde (a televisión al último papelín, pasando por tas revistas del corazón, era Rafael de Paula. Ni que decir tiene que Curro Romero conserva intacto su torero cartel en Sevilla. Y por si fuera poco Antoñete venía de Madrid a despedirse para siempre, a pisar por última vez el ruedo de la Maestranza. rando por entre los brazos, el lugar donde clavaba cuadró en ta cara del animal, y de arriba abajo dejó tos dos palos más derechos que la Giralda. Cerraría et tercio con otro superiorísimo par, caminando lentamente, jacarandoso, llevándose la embestida con la hombrera derecha para girar sobre los talones, y, después de ganar ta cara torerísimamente, juntar las manos y las zapatillas al mismo tiempo para dejar attá arriba otro soberano par de banderillas. Cuando Antoñete tomó la muleta, su enemigo se encontraba entablerado. Chenel (o llevó por bajo como prolongación de lo que había estado llevando a cabo eficazmente su peón Martín Recio. A continuación se enderezó por el lado derecho para correr la mano en dos series de redondos aceptables. Pero Antonio no venía a salir del paso. Se entregó con la mano izquierda, atornillando las zapatillas, adelantando et trapo, tirando espléndidamente de la fiera en largos y majestuosos pases naturales. Le dio los adentros al animal, sin tomarse una sola ventaja. Era tal el temple del berrendito de la calle Boeángel que el toro acabó entregándose, sumiso, siguiendo embelesado el despacioso recorrido de la muleta. Hubo un momento de auténtico estremecimiento, sobre todo para los madrileños. Ya se sabe que entre serie y serie de muletazos en la Maestranza se producen esos formidables silencios. Una voz rasgó el aire. ¡Viva la Virgen de la Paloma! gritó alguien con respeto y admiración como si la Macarena piropeara al famoso Jienzo de los barrios bajos de Madrid. Antonio, que lleva en el capote de paseo bordada la efigie de fa Dolorosa, que debería ser la Patraña de la capital de España, contestó con otra serie de naturales antológicosv rematados con un medio pase con la izquierda emulador del efe la firma, que arrancó un clamor de los. graderíos. Entró a matar con fe, para dejar una estocada, mientras los tendidos se llenaban de pañuelos antes de que el toro rodara por los suelos. Se le otorgó la oreja, que Antoñete, a Antoñete en un adorno paso lento y mirada turbia por tas lágrimas, paseó por el ruedo entre aclamaciones. Al acabar la corrida se FepetiFÍan tas ovaciones para el maestro, que tuvo que saludar repetidas veces antes de salir por última vez en su vida a buscar et callejón de la calle tris para tomar el coche camino del hotel. Y lo otro... Curro Romero tuvo un lote imposible. No se acopló con ninguno de los dos, pese a ta voluntad que lució a lo largo de la tarde. Ambos toros le llegaron at último tercio muy broncos, con la cara alta, defendiéndose. A nadie le extraña que cuando Curro no encuentra el- toro que va a viene se convierte en un náufrago. Desconoce ta ciencia de lidiar. No está capacitado para vencer dificultades y resolver problemas. Cuando no te sale su toro no sabe qué hacer y, escarnecido por la mayoría del público, que percibe su fa! ta de habilidad y destreza, tira por la calle de enmedio y mata con esa rapidez que de un tiempo a esta parte exhibe por todas las plazas. Escuchó pitos en los dos. Ya hemos dicho que la expectación acompaña a Rafael de Paula. Se ha creado una enorme pasión, sólo comparable a aquella de los año sesenta, cuando en España mandaba El Cordobés, después del Generalísimo, se entiende... La gente va a ver a Paula de manera diferente at resto de los toreros. Yo sé que a este hombre sencillo y honesto no te agrada. Lo acaba de manifestar en repetidas entrevistas. Pero to cierto es que te va a venir muy bien. Nada pudo hacer con su primero, que era difícil. Macheteó sobre tas piernas, a la defensiva, y mató dé dos pinchazos y media a paso de banderillas. Escuchó pitos. En el sexto, que embestía con nobleza, instrumentó dos hermosas verónicas sin que, por fin! le enganchara et percal. Comenzaron las palmas por bulerías para animar al calé. Rafael quiso con la muleta. Anduvo cerca del triunfo; mas no es posible alcanzarlo instrumentando un pase limpio y tres más con la muleta punteada. Se sucedieron los altibajos. La falta de ligazón. Ayer decíamos, a propósito de Manzanares, que ta faena a de ser una. La desconexión de unos pases con otros, ta falta de relación de tos movimientos y la pérdida del sentido del ritmo rompen la belleza del arte de torear. Mató de un bajonazo. Le ovacionaron por la buena voluntad, por los pases deslabazados y por ese afecto y lealtad inquebrantable que desde hace unos días se le dedica a este torero... Impresionante La actuación de Antoñete frente al primer toro transcurrió sin pena ni gloria. Nunca mejor dicha esta tópica frase. El de tas Ventas se defendió con desahogo y decoro de la bronca, alta y áspera embestida del de Cartos INláñez. A continuación sus compañeros de cartel se mostrarían inseguros y dubitativos con otros dos toros de embestidas poco claras. Así llegamos al cuarto de la tarde. Parecía que la corrida había tomado la cuesta abajo. Y ya se sabe que cuando este espectáculo se tuerce resulta muy difícil encarrilarlo. Pero Antoñete, muy torero, muy responsable, muy profesional y, como siempre, muy valiente, se fue a tos medios para juntar las zapatillas a un toro de incierta embestida. El madrileño lanceó a ta usanza de esta tierra, sin despatarrarse, jugando sólo los brazos y acompañando con la cintura. El manso acabó por aceptar ta habilidad del maestro del mechón blanco, que, seguro, con paso firme y sereno, no le dudó en ningún momento. A continuación vendrían los momentos ctaves del éxito: el peón Martín Recio se dio a una brega de manos bajas y tances largos, sin dejar enganchar, sometiendo una barbaridad, andando para atrás, apoderándose del manso animal con una inteligencia y una sobriedad que podrían haber firmado Atpargaterito, El Boni, Gabriel González, Rafaelitlo, Alfredo David, Juan de la Palma, Bojitta o cualquiera de los grandes de todas las épocas. Todavía habría momentos de enorme vibración artística a cargo de otro soberbio profesional de la cuadrilla del madrileño. Se trataba de Manolo Bonichón, conocido también por los valencianos por Montoliú. Resulta que et rubio banderillero se puso a andarle de frente a su enemigo muy despacio, pasito a paso. No inició el cuarteo corriendo hasta que llegó muy cerca. En ese preciso momento juntó los brazos, levantó tos codes, y, mi- Ficha de la corrida Plaza de la Real Maestranza. Lleno. Cinco toros de los Herederos de Carlos Núñez y uno de Belén Ordóñezv que serró plaza. Correosos y difíciles. Cuarto y sexto se dejaron torear. Antoñete, de verde y oro. En su primero, media estocada y descabello (palmas) En el cuarto, estocada sin punttlta ovación, oreja y vuelta al ruedo) Curro Romero, de verde botella y oro. En su primero, media estocada y dos descabellos (pitos) En el quinto, estocada corta y descabello (pitos) Rafael de Paula, de tabaco y oro. En su primero, dos pinchazos y media estocada (pitos) En el sextos bajonazo ovación)