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Reagan, en La reina de Montana una Imagen de las que valen más que mil palabras RONALD REAGAN, EL MAR 2 Por Ignacio RUIZ QUINTANO L americanismo tiene dos grandes autores épicos, que son Walt Whitman y John Ford. Si Whitman compuso para la literatura la epopeya americana de la democracia, Ford recreó para el cine- -que es la forma épica de nuestro tiempo- -todos esos hechos gloriosos y dignos de ser cantados que constituyen la epopeya americana de la aventura, simbolizada en la gigantesca marcha hacia el Oeste emprendida por una cuadrilla de emigrantes puritanos que, iluminados por la doctrina calvinista de la predestinación, arrostraron los peligros naturales que esconde lo inexplorado con la resignación bíblica- -la Biblia es el libro que guía al pionero americano- -de un pueblo elegido en busca de una tierra prometida, alumbrando en la grandeza de esta marcha la 10 E Mañana, día 21, Ronald Reagan inaugurará su segundo mandato cantar los hechos del hombre anpresidencial. Entre los asistentes a la ceremonia volverán a verse tiguo, cuyo héroe es literario, las caras conocidas de sus amigos de antaño, de la gente de Holly- único e inmortal. El estilo ameriwood. Ronald Reagan, que tiene a sus espaldas una dilatada ca- cano, en cambio, ha construido una épica democrática destinada rrera política y ha merecido la confianza de los americanos para a cantar los hechos del hombre ocupar la Casa Blanca, nunca ha renegado de su pasado de actor, moderno, cuyo héroe es cinemaespecializado en papeles de chico bueno, vaquero decidido y soldado tográfico, múltiple y tan pereceamericano. Aunque luego se haya hecho caricatura de todo eso, la dero que a menudo se nos muesverdad es que la experiencia le ha servido después para aguantar, tra pasado de fecha, y por esto como nadie, las cámaras. En víspera de su toma de posesión, pa- pudo decir Carlyle que la demosamos revista a esos días de galán que no aspiraba al Osear cracia no es sino la desolación de no encontrar héroes que nos dirijan, que es lo que ha consagrado leyenda de la que ha surgido el tan noble parece sucumbir de un a América como la tierra de la espíritu americano, que, en el flechazo, como el veloz Aquiles oportunidad, donde la buena vefondo, sigue vagando por la fron- por culpa de Helena, que sucum- cindad obliga así por costumbre, tier donde los hombres sitúan el bir de un balazo, como el juez que es herencia antigua de la vida extremo de la civilización. Roy Bean por culpa de Lily en caravana, como por interés, Puestos a sucumbir épicamente Langtry, pues de las historias no que está en el hecho de que cualpor una mujer, que es lo que nos importa la manera como dis- quier vecino puede ser presiacostumbran a hacer los hombres curren, sino el estilo con que se dente, y es el caso de Ronald cuando resuelven acortar el ca- cuentan. El estilo griego creó una Reagan, el marshall que llegó del mino que lleva a la posteridad, épica aristocrática destinada a cine para restablecer el orden en