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ABC, pág. 2 4- TRIBUNA ABIERTA -LUNES 10- 12- 84 XISTEN varios criterios para juzgar la aportación social de la empresa. En las áreas académicas se ha trabajado intensamente en la determinación de la función empresarial. De entre las formulaciones modernas destacan la que considera que la empresa cumple óptimamente su funr ción al suministrar el elenco de bienes y servicios que le demandan los consumidores. Estos están pidiendo constantemente unos productos determinados, aunque cambiantes, y al mínimo precio. La empresa, guiada por la búsqueda de rentabilidad, no tiene más remedio que ofrecerlos al mínimo coste que en cada momento se desprende de la tecnología vigente. Es decir, la adecuación de la producción empresarial a las demandas del merecado sería en este enforque el objetivo que la sociedad requiere de la empresa libre. LA CRISIS DE LA EMPRESA LIBRE Otras posiciones valoran magnitudes alternativas, desprendidas de la interrelación entre empresas y sociedad. En este sentido se tienen en cuenta los salarios y puestos de trabajo creados, los rendimientos que se ofrecen a los poseedores del capital, la formación facilitada a bs empleados, las exportaciones que facultan una mejor posición exterior del país, la colaboración en actividades comunitarias, la recaudación y liquidación de impuestos o a la investigación desarrollada. Una empresa libre persigue, fundamentalmente, sus objetivos en términos de rentabilidad. Sin embargo (y aquí radica su gran ventaja) para conseguirlos debe adecuarse inexorablemente a las preferencias de los consumidores. De esta unión emergen necesidades adicionales, como disponer de un equipo humano adecuado, trasladar sus productos a consumidores situados en el extranjero o participar en las tareas comunitarias, ya sea voluntaria o forzosamente. Estas tareas deben, además, ser completadas con una función oscura y a menudo no reconocida, como es investigar el futuro. En efecto, la empresa libre no solamente tiene incentivos para una buena administración de unos recursos siempre escasos, sino que debe prever qué ocurrirá en el futuro en el ámbito, tanto de las preferencias de tas consumidores como en la evolución del entorno económico, laboral y tecnológico. Resulta, pues, que la búsqueda y logro de la rentabilidad empresarial contribuye a la consecución de objetivos más amplios que los del empresario o consumidor considerados como individuos, para proyectarse en objetivos sociales que gozan de amplio consenso. Los pésimos resultados de la economía occidental durante los diez últimos años pueden sugerir a algunos que nos encontramos ante el fin del sistema económico propio de nuestro entorno. Yo creo, por el contrario, que estos diez años han continuado confirmando la vigencia de la empresa libre. Pensemos por un instante en los nuevos productos que han aparecido en el mercado o en las mejoras de calidad experimentadas en otros ya existentes, y comprobaremos que continúa e x i s t i e n d o el v í n c u l o empresa l i b r e consumidor. En este punto creo conveniente analizar con más detalle el porqué de los pésimos resultados agregados, cuando existen em- der c u a n d o o b s e r vamos que en los sistemas fundamentados en la libre empresa es Por Alfredo MOLINAS BELLIDO donde más han triunfado los principios de la presas libres perfectamente dispuestas a au- libertad y el progreso económico, social y culmentar sus beneficios. tural; principios también verbalmente defenEl proceso de cambio en los gustos de los didos por aquellos colectivos. consumidores requiere, a su vez, un cambio Para la explicación de este fenómeno se en los sistemas de producción. Tal cambio han dado varios motivos. A mi juicio, es la diopera a menudo en el seno de las empresas versidad de soluciones que crea el libre merya existentes, o bien se produce cado y la completa descentralizauna situación de empresas antición de sus decisiones lo que guas por otras de nuevo cuño. El molesta a aquellos que creen que obstáculo fundamental a la operasus valores son los mejores y que, tividad de este proceso ha tomado por tanto, hay que imponerlos a la forma, en nuestro país, de batodos. rreras a la liquidación de activiLas razones intelectuales son dades productivas existentes y ya utilizadas a menudo por los admino rentables. Esta actitud cerrada nistradores de la cosa pública al cambia implica, a su vez, tres para aumentar su área de influenprincipales dificultades: continuar cia. Siempre se encuentran modestinando recursos a actividades tivos para proteger, promocionar, obsoletas, impidiendo así trasladar regular u ordenar, mientras se olesfuerzos humanos y recursos de vida que la economía fundamencapital a las nuevas actividades en la empresa libre tiene sus que empresas y consumidores depropios mecanismos de incentivaAlfredo Molinas finen como de futuro. En segundo ción y castigo. Presidente de Fomento lugar, se infringe un elevado casLa experiencia norteamericana del Trabajo Nacional tigo a aquellas empresas que dede estos últimos años sirve de ciden autorreestructurarse. El ejemplo en muchos campos a las mantenimiento de unas plantillas inade- economías españolas y europea. Los bricuadas, o los caros despidos, generan unos llantes resultados obtenidos en términos de costes de reestructuración a añadir al nece- nuevos empleos, nuevas empresas y crecisario esfuerzo reinversor. En tercer lugar, la. miento de la renta no pueden caer en saco contemplación de este panorama desalienta a roto si el conseguir estos objetivos es materia compartida por todos nosotros. los que podrían ser nuevos empresarios. Aquellos éxitos no se han logrado (afortuEsta rigidez impuesta a las empresas ha coincidido, además, con una política fiscal y nadamente) como resultado de costosos y presupuestaria que ha producido desper- complicados planes de desarrollo elaborados fectos en la actividad productiva de las em- centralmente. Por el contrario, han sido las ideas favorables al libre mercado las que han presas libres: creado un clima económico propicio para la Es obvio que las circunstancias de crisis toma de riesgos empresariales. La reducción económica no se deben a que las empresas de los impuestos directos la práctica eliminano busquen beneficios o a que los consumi- ción de la inflación y la desrégulación de aldores hayan cambiado su comportamiento. gunos sectores tan significativos como el fiPor el contrario, continúan vivos los es- nanciero y los relacionados con las nuevas quemas de funcionamiento de la empresa li- tecnologías han sido las decisiones más combre, y se demuestra que lo que está en crisis plicadas que se han tomado en Estados son los mecanismos de intervención pública, Unidos. Desde España y Europa debemos reinstrumentados principalmente a través de la visar nuestros mecanismos de intervención política presupuestaria y los controles di- pública en la economía. No es irreal suponer rectos de la actividad productiva. Son los po- que una liberálización sería muy positiva para deres públicos quienes dicen a los empresa- nuestro clima social. Más aún si los competirios: Si usted gana, la Administración también dores internacionales están trabajando ya con gana. Si usted pierde, pierde solo. una legislación más libre y más capaz de ofrecer un marco estable a la empresa. La empresa libre, como institución básica de la economía de mercado, ha sido objeto Estas actuaciones, que deben ser llevadas de vivos ataques. Ello es más difícil de enten- a cabo en cada uno de los países, deberían completarse con una revisión a fondo de la política económica comunitaria. Esta no está contribuyendo a la creación de un mercado común europeo verdaderamente competitivo. La complejidad de sus mecanismos de decisión y los afanes reglamentistas de la poderosa burocracia de Bruselas tampoco contribuyen a la competitividad de la empresa europea. 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