
60 A B C
DOMINGO 25- 11- 84
Francisco Ayala, en
Hoy es un día que soñó en los lejanos días de su juventud, cuando tuvo claro que escribir sería la gran pasión de su vida. Fue una de esas ráfagas de ilusión que cruzan la mente con el brillo y la rapidez de una centella. Una idea tan hermosa como un proyecto juvenil. Era un sueño que había que fijar como una meta sin fecha determinada, con aureola de afanes sin límite. Sus anhelos tuvieron que convivir con circunstancias que parecían arrancadas de un mundo de pesadilla. Pero él escribía y cuando, al fin, la guerra española lo alejó de su patria era un escritor ya hecho. Aquella ausencia obligada no varió el rumbo del hombre. Compaginó tareas de profesor- es hermoso ganarse la vida hablando de literatura -con la labor- E l significado de las cosas varía con la edad. A mis años ser académico es una cosa tardía, no demasiado excitante. Hay más nerviosismo a mi alrededor que dentro de mí. Sucede, simplemente, que el entorno cotidiano se ha alterado. Su hija y su nieta, que residen en Estados Unidos, pasan unos días en el espacioso piso del escritor. Hay, pues, un ir y venir poco habitual, enhorabuenas repetidas, emociones compartidas. Pero Ayala, a pesar de ello o precisamente por ello, abunda en su idea. -Las cosas llegan a veces demasiado temprano, y aunque ese destiempo tampoco es bueno, lo cierto es que a mí, por circunstancias de mi vida y del país, esto que ahora me pasa me ha venido muy tarde. No, no es que contenga las emociones, es que a estas alturas parece de lo más natural. No me ocurre como cuando saqué la cátedra, que me sentí muy importante, o como cuando ingresé en el Cuerpo de Letrados de las Cortes. ¡Ahora ya... -Pero algo se le removerá en el alma. -Sí, claro. Lo que pasa es que siempre he sido escéptico en las exterioridades, le he dado más importancia a las relaciones de ideas, de amistad, que a la ceremonia pública. Recuerdo, por ejemplo, que sentí una enorme gratitud cuando en mil novecientos setenta y dos obtuve el premio de la Crítica por El jardín de las delicias y que me satisfizo el manifiesto a Francisco Ayala, y otro tanto me ocurre con la Academia. Pero, verá, es que soy una persona que no pide nada. No sé si por humildad o soberbia, nunca he buscado nada; porque usted sabe que existen muchas maneras de pedir... Ahora, eso sí, cuando algo llega me conmueve internamente. palabras con las que expresa aquel tiempo de distancia inevitable. Rechaza por igual los sentimientos paternalistas que quieren paliar el dolor vivido y las alabanzas que, basándose aparentemente en un punto de vista literario, se dedican a los creadores que vivieron el exilio. -Me he opuesto siempre a la mitificación del exilio, no sólo porque lo encuentro falso, sino inconveniente. Creo que las cosas deben apreciarse por lo que valgan y no por las circunstancias. Esto no supone que el exilio no haya supuesto nada, pero tampoco que deba darse un trato aparte a la literatura del exilio. Eso supone agrupar a todos los escritores, y la verdad es que somos muy diferentes. El exilio en sí no constituye una categoría literaria. No, no existe una raíz común. Unos marcharon a países de lengua distinta a la nuestra; otros, a Francia, donde vivieron en una especie de campana neumática, sin contacto con nuestra incansable de su pluma, y así, a pesar de lejanías y censuras, sus obras de creación o ensayo seguían fluyendo. Hoy es un día que convierte en realidad el antiguo sueño de un muchacho que libró una larga batalla hasta ver llegada la hora en que una solemne ceremonia lo convertirá en miembro de la Real Academia Española. Francisco Ayala, granadino, setenta y ocho años, guardián como pocos de sus emociones, se muestra sereno. Para este hombre el sentido de la dignidad es primordial. Absolutamente remiso a hablar de sí mismo, aparta su coraza de pudor para confesarse feliz. Pero vuelve a usarla- parapetado tras una sonrisa, un gesto que arquea sus cejas, una mirada que sustituye las palabras- para ocultar el precio pagado por esa paz. mucho peor estarse aquí. No, no sólo porque podía significar la cárcel y la muerte. El régimen político bastaba para que la situación fuese peor que la que teníamos en el extranjero. Por otra parte, piense que las naciones americanas estaban en pleno crecimiento y que los españoles que llegaron allí bien preparados, incluso a nivel de obreros, no sólo encontraron trabajo en seguida, sino que ascendieron de categoría. Los intelectuales pudimos dar clases, traducir... Pudimos vivir. -Juan Ramón habló de los poetas profesores con cierto desdén, ¿qué opina usted? -Creo que ganarse la vida hablando de literatura es un privilegio. Además, a nadie le estorba el saber, y como usted sabe siempre hay buenos estudiantes con los que mantener interesantes conversaciones de las que surgen ideas, aunque no he sido de tos que las roban, ¿eh? que de todo hay. para quienes eran ajenos a la filosofía Su presencia continuada en los diarios ha determinado, a buen seguro, que su discurso de ingreso en la Real Academia verse sobre La retórica del periodismo
El discurso de la Academia
-Mi discurso trata de caracterizar lo que significa la labor del periodismo en la sociedad moderna y los cambios que la técnica introduce en el modo de proceder. No se trata tanto de una deshumanización como de la influencia de una propaganda que actúa más sobre las emociones que sobre la razón. No me refiero sólo a la Prensa, naturalmente, sino a los medios de comunicación en general. Creo que se estudian las técnicas para lograr influir por debajo de los condicionamientos racionales. ¿Pesimista con respecto al futuro? La Historia cambia, y unos cambios son para bien y otros para mal. No hay cambio que no tenga sus ventajas y sus inconvenientes. Una ventaja podría ser la incorporación de la totalidad de la población a la vida pública mediante la información que no sólo es rápida, sino instantánea. Es más superficial que profunda, eso sí, y esto puede no ser tan ventajoso. Por ejemplo: las catástrofes llegan en bloque. Estos últimos días han sido pródigos en catástrofes y todo se junta. Si no existiera la información tal y como se entiende hoy, la gente se enteraría tarde y mal. Es la instantaneidad lo que tiene en vilo a la gente. Eso y el hecho de que el espectáculo más cruel se mete en las casas. Acuérdese de la cogida de Paquirri; pienso que aquellas escenas terribles pudieron provocar desvanecimientos o que personas sensibles cerrarían los ojos con horror. Claro que antiguamente la gente iba a ver las ejecuciones públicas, y puede que ese espectáculo equivalga ahora al banquete de la televisión. Sí, cierto que ese medio de comunicación facilita y extiende ese morbo, pero no estoy tan seguro de que fomente la violencia, quizá
Ser académico, por circunstancias de mi vida y del país, me llega muy tarde. El español acostumbra a creer que lo sabe todo, suele tener una especie de engreimiento idiomático.
realidad; muchos fuimos a países americanos muy diferentes entre sí. Algunos, cuando nos fuimos, ya éramos conocidos, otros se formaron fuera... ¿Qué tenemos en común? -Quizá el desarraigo marque por igual. -Eso es bastante relativo. Mire, sobre el exilio se ha lloriqueado mucho y ese patetismo es falso. Para los que se quedaron en Europa la cosa fue distinta, más difícil; pero los que llegamos a América nos encontramos con países más parecidos a la España de la anteguerra que a la de la posguerra. Además, teníamos lo elemental: se comía. Hubiera sido Buenos Aires, Puerto Rico, Nueva York y Chicago fueron los lugares en los que el profesor fue impartiendo su saber. En el tiempo dejado a la creación hubo siempre un hueco para un mundo que ha ejercido una especial atracción para los intelectuales: el de la Prensa. Apenas adolescente, trabajó dos o tres meses en la Redacción de El Debate y aunque fue cosa de un verano su firma ha aparecido de, manera constante en los periódicos. Años antes de la guerra colaboró en El Sol y Luz el periódico de Ortega y Gasset, de quien celebra su utilización de la Prensa como plaza pública
La mitifícacióiL del exilio
El escritor, que abandonó España en 1939 y regresó en 1960, aunque no se estableció definitivamente en su patria hasta su jubilación, mide las