Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 ABC NACIONAL LUNES 19- 3- 84 Consecuencia del ametrallamientc Manuel Fernández afronta con ánimo la vida a pesar de su pierna perdida Los hechos han demostrado sin ninguna duda que los franceses nos tiraron a matar Brest (Francia) César de NAVASCUES, enviado especial La cara humana de la moneda está en el Hospital de la Marina de Brest. Mientras ios políticos discuten si el apresamiento a tiros de los pesqueros es algo más que un incidente en la habitación número tres de la primera planta del edificio de cirugía y traumatología de este gran complejo hospitalario dos marineros españoles se recuperan de sus heridas. Uno de ellos habrá de afrontar su existencia futura con una pierna menos. Manuel Fernández Gómez do Santos es un chaval joven, veintitrés años, que saluda con una mano fuerte, callosa de trabajar en la pesca. De origen portugués, hace años Hablamos primero con Manuel Fernández, que nos dice cosas de su vida de pescador. -En este barco llevaba cuatro años trabajando, pero en la empresa hace ya seis años que estoy. ¿No había otro sitio menos peligroso para pescar que el que ocupabas cuando os tirotearon? -Sitios había muchos. Pero nosotros estábamos pescando sin licencia. Está prohibido pescar. -Y sabiéndolo, ¿por qué decidisteis trabajar allí? -No podíamos hacer otra cosa. Hace tiempo que pescábamos sin licencia. Lo dice todo con una simplicidad que asusta. Todo el problema diplomático y económico, las largas discusiones y convenios, se resume para él en ese no podíamos hacer otra cosa -Pero hasta ahora el problema había supuesto la detención y la multa. ¿Pensabais que os iban a disparar alguna vez? -No, nunca. Y nos habían atacado otras veces. Pero eran balas de fogueo, para asustar. Nunca pensé que iban a disparar a matar. ¿Crees que querían mataros? -Sí, los hechos lo demuestran. Para pasar lo que ha pasado es que han disparado a matar. ¿Cómo se produjo el ataque? ¿No os avisaron para que paraseis? -Sí. Ellos dijeron que parásemos. Pero nosotros no lo hicimos. Esto sucede así, hace años ya. Si paramos tenemos que pagar murtas, ir a juicio y perder tiempo en muchas cosas. Sabemos que vamos a perder. Y nosotros lo que queremos es pescar. Muchas otras veces nos han dejado. De hecho nos permitían hacerlo. Pero esta última vez ha sido terrible. que está afincado en Ondárroa con sus padres. Siempre ha vivido de cara al mar y piensa reorganizar su futuro en algo relacionado con el mismo. Se muestra optimista, aunque tiene las cosas difíciles ante sí. En la habitación, de seis camas, sólo permanecen él y su compañero de barco, Eugenio Goimendi, que tiene treinta y un años. Está casado. Tiene dos hijos y en el momento de realizar esta entrevista esperaba ser operado de la pierna derecha. A pesar de su seria situación, ambos marineros se quejan sobre todo de aburrimiento, aunque reconocen que no se han portado muy mal con ellos. Manuel Fernández Gómez do Santos, un portugués domiciliado en Ondárroa (Vizcaya) muestra su pierna amputada desde una cama del hospital de Brest- -Sí, un médico. Había varios oficiales, algunos de ellos médicos. ¿Y no os trajeron al hospital hasta ocho horas después? -Sí. Así fue. ¿Cómo os trataron aquí? Algunos compañeros vuestros, en España, se han quejado... -Hombre, creo que he perdido la pierna porque se lo tomaron con demasiada calma. Me dejaban en la camilla y empezaban a charlar a mi lado. Se sentaban y mientras tanto yo estaba sufriendo. Ahora, cuando toco el timbre, tardan horas en atenderme. Luego vienen y me ponen la comida, o lo que sea, aquí arriba en la bandeja y no puedo moverme apenas. Lo tengo que hacer todo yo solo. No puede ser así. Me tendrían que ayudar. Pero ellos no se preocupan. Me lo dejan todo para que me las arregle como pueda. ¿Por dónde te han cortado la pierna? -Por encima de la rodilla. Esto va a suponer para ti un cambio total en el modo de vivir. ¿Qué piensas hacer? -Lo que pienso es afrontar la vida. Creo que he perdido la pierna porque el traslado se lo tomaron con demasiada calma habían ya olvidado. Estábamos charlando tranquilamente cuando, de repente, bum la bomba cayó allí: Momentos de dolor, de sorpresa, de miedo, de desesperación y un traslado que tarda ocho horaá. Algo difícil de entender. ¿Os trajeron directamente al hospital? -No. Todavía permanecimos allí mucho tiempo. Todo ésto sucedió a las tres de la tarde y no entramos aquí hasta las once de la noche. ¿Qué sucedió en todas esas horas? -Nos trasladaron del pesquero al barco francés y de allí nos transportaron aquí en helicóptero. Todo fue de repente ¿Qué sentisteis cuando comenzaron a disparar? -Nosotros estábamos escondidos. Ellos, al principio, únicamente tiraban al sitio donde no había personas, aunque el barco lo han dejado todo agujereado. Luego parecía que nos habían abandonado y nosotros íbamos tranquilos pensando que las patrulleras nos ¿No os atendió nadie allí?