Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
44 A B C tura de signo pederasta a lo Gide o, en otro orden de cosas, at modo de Proust. Nada de discursos apologéticos o sectarios, de presuntas superioridades, incompatibles con la concepción cósmica del amor que se defiende. El pansexualismo (orquiano- -muy complejo, por otra parte- -no se declara enemigo de una moral del amor. El público, el gran drama de 1930, formula con mucha claridad todos estos problemas. LORCA: SONETOS ojos fuera de sus- órbitas en la locura de esta fiebre insensata! (Soneto CXIX) nado con el paso del tiempo, presencia compulsiva en los Sonnets, y se distancia del Quevedo que elevó a verso perdurable el gran tema barroco del amor más poderoso que la muerte: polvo serán, mas polvo enamorado El propio poeta conoce también la naturaleza febril, enajenadora, de su pasión amorosa, y busca la cumbre de prudencia Llagas de amor Pero la pasión se acaba imponiendo siempre. La sociedad cerca a. ios amantes. Lorca había dramatizado el conflicto en El público. Lo poetiza ahora en ese impresionante soneto titulado El amor duerme en el pecho de! poeta -título de delicadas reminiscencias sanjuanistas, de nuevo- Pueblan el poema jinetes justicieros que esperan ejecutar a los amantes, tras haberlos difamado con turbias palabras ¡Cuánta angustia y cuánta inocencia juntas en esta obra maestra! Se justifican plenamente aquellas magistrales palabras de Vicente Aleixandre, que en 1937 calif i c a b a a estos p o e m a s de prodigio de pasión, de entusiasmo, de felicidad, de tormento, puro y ardiente monumento ai amor en que la primera materia es ya la carne, el corazón, el alma del poeta en trance, de destrucción Palabras perfectas, algunas de las cuales he tomado prestadas para dar título a estas páginas. Amor oscuro sí, y, sin embargo, claro amor. Claridad de la guirnalda de rosas claridad de la alegría que trae el amor puro. Recordemos de nuevo las claras palabras de la Oda a Walt Whitman cuando el poeta pide severamente, en nombre del amor, que se cierren las puertas de la bacanal Entre el desorden de Baco y el orden de Apolo, k dos grandes mitos de Occidente que tanto preocuparon a Nietzsche, Lorca opta resueltamente por la luz y la armonía SÁBADO 17- 3- 84 que no puestos en limpio, representan versiones si no definitivas sí muy maduras. El undécimo poema conservado, Soneto de la guirnalda de rosas está escrito en papelde tamaño dina 4, a tinta, y también con bastantes correcciones, como puede verse en el facsímil que se reproduce. Hoy por hoy, éstos son los textos base para cualquier edición rigurosa, aunque en algún caso la existencia de impresos o copias en limpio pudiera aconsejar otros criterios. La lectura cuidadosa de los autógrafos permite corregir los múltiples errores contenidos en la edición clandestina publicada en Granada, en el otoño de 1983 La presente es, pues, la edición española más completa de los sonetos amorosos de Lorca y la única autorizada hasta la fecha, exceptuadas, claro está, las entregas parciales que diversos editores de Lorca habíamos venido realizando. Los sonetos no están numerados en los manuscritos. Sin embargo, su agrupación en pliegos permite al editor un orden que no sea enteramente arbitrario. En consecuencia, hemos optado por ordenar los tres pliegos, pero, hemos respetado el modo en que los poemas se suceden en cada uno de ellos. Sí es decisión nuestra, en cambio, que abra la serie el Soneto de la guirnalda de rosas que, según se ha indicado ya, se conserva en un manuscrito aparte. Hemos transcrito los difíciles autógrafos con la mayor fidelidad posible. Ha sido necesario completar la puntuación escasa- -de base musical, en realidad, como toda la de Lorca- pero se ha procurado, también en esto, respetar algunas de sus peculiaridades. ¿Existió un manuscrito más completo y definitivo? Algunos testimonios parecerían apuntar en esa dirección. Pero, hoy por hoy, su hallazgo seria casi un milagro. En todo caso, por diversos datos coincidentes puede pensarse que no fue excesivamente elevado el número de sonetos que llegaron a ser escritos. Si, como indican varios testimonios, fue Rafael Rodriguez Rapún, secretario de Lá Barraca el encargado de hacer una copia, su muerte en el frente de Bilbao durante la guerra civil y la destrucción de su casa madrileña por los bombardeos eliminarían cualquier posibilidad de recuperación de ese manuscrito. Miguel GARCÍA- POSADA Quevedo y Góngora La formidable intuición de Lorca, que apoyaba una cultura vastísima y perfectamente asimilada, dio con el modelo exacto, con el canon que se adecuaba justamente a sus propósitos. Hubo, claro es, otras incitaciones. Lo fue, sin duda, Quevedo, cuyos sonetos de amor, estremecidos y tallados en verso apretadísimo, no podían serle indiferentes a García Lorca, tan fervoroso siempre de don Francisco. Tampoco podía estar ausente Góngora, una fidelidad antigua. No por azar se adjetiva como gongorino uno de los sonetos de la serie. Los Sonetos y Shakespeare Tales son los supuestos ideológicos y temáticos sobre los que descansan los Sonetos. Joaquín Romero Murube me contaba, en 1967, que en la primavera de 1935 Lorca le había dicho en Sevilla entre gestos de entusiasmo: ¡Cien sonetos, Joaquín, como los de Shakespeare! La referencia al genial poeta inglés es luminosa, y podría Incluso explicar que el titulo más explícito fuera desplazado en beneficio del genérico. Porque Shakespeare, quizá la mayor admiración literaria de Lorca, se filtra y asoma con frecuencia a estos versos. Hay ecos verbales concretos de los Sonnets, tal como el poeta español los pudo leer en la espléndida traducción (pese a quien pese) de Luis Astrana Marín. Pero no se trata sólo de eso. Es que en el universo amoroso shakespeareano Lorca encontró un modelo preciso. Ciertamente hay diferencias, a veces profundas, entre el mundo neoplatónico de los sonetos de Shakespeare y el orbe más terrestre de nuestro poeta. Pero Shakespeare ofrecía a Lorca un sistema conceptual y expresivo contextualmente homologo. Este es el dato clave. Los espléndidos elogios de la belleza y juventud del misterioso personaje a quien se dedican gran parte de los Sonnets hallan su correlato en algunas turbadoras formulaciones del poeta español. Similar relación existe entre la juventud de los destinatarios de las dos series sonetísticas y la edad de los poetas: Shakespeare se ve viejo; Lorca se autodescribe como Otoño enajenado El neoplatonismo de Shakespeare dista, con todo, de moverse en el plano de la serenidad y de los modelos ideales. Está atravesado por hondas grietas de dolor y sufrimiento: los amantes se separan, el poeta se acusa de sus faltas ante el ser amado y también habla de las de éste, percibe el mundo exterior como una amenaza, siente su amor como una herida sin remedio, y las noches son testigos de su desesperación. No era absolutamente original el poeta inglés: se apoyaba en la larga tradición del petrarquismo. Pero sí fueron nuevos la intensidad con que expresó esa angustia nocturna, el modo como supo potenciar el sentimiento de la aflicción amorosa, la profundidad con que poetizó la experiencia del amor vivida como enajenación absoluta: ¡Cuánto se han exacerbado mis Universo poético Nada de lo expuesto resta originalidad a los Sonetos. Lorca asimila, hasta hacerlos casi irreconocibles, influencias y estímulos. Es la cultura en la sangre de que él hablaba. Quizá no había leído más, aunque tampoco menos, que el resto de los poetas de su generación. Pero los superó a todos en su pasmosa capacidad de asimilación, de- intergractón trasustanciada de los elementos más dispares. Es el genio. No hay otra explicación. Amor oscuro secreto, pero también trágico. Todos los sonetos están veteados por esta dimensión sombria. Temor angustioso a perder lo que he ganado La separación se convierte en un martirio; el miedo a esa pérdida se transforma en gigante opresivo, en fantasma casi tangible. Varios poemas están concebidos desde esa situación. Amor febril, locura que ulcera y tortura el corazón del poeta: Llagas de amor reza un título, como en los grandes lenguajes eróticos y místicos de la literatura clásica. Pasión recurrente y obsesiva. Dice el mismo soneto de las Uagas Este dolor por una sola idea. Esta angustia de cielo, mundo, y hora. En este miedo, en esta ansiedad constante por la pérdida temida, reside la clave de estos poemas, el impulso que anima contenidos y expresión, el motor de su estilo. Alguna vez el miedo queda en suspenso y entonces la voz del amante se desahoga en exclamaciones casi extáticas. Tal es el sentido del soneto El poeta habla por teléfono con el amor Los enemigos de los amantes son todos. Están en el plano del ser. Es el tiempo destructor y su culminación, la muerte. Lo dice el Soneto de la guirnalda de rosas Pero ¡pronto! Que unidos, enla zados, boca rota de amor y alma mor dida, el tiempo nos encuentre destrocados. Aquí Lorca identifica su visión con la de Shakespeare, obsesio- Nota al texto La presente edición se basa en los manuscritos conservados en los archivos de la familia García Lorca. Diez de los once sonetos se hallan escritos en cuartillas dobles, de papel de hilo para cartas, con membrete del hotel Victoria, de Valencia, en un total de tres pliegos. (García Lorca estuvo en Valencia, con la compañía de Margarita Xirgu, en la primera quincena de noviembre de 1935. Dos pliegos contienen tres sonetos y el otro incluye cuatro. Están escritos a lápiz, y la gran cantidad de tachaduras y correcciones que presentan parece indicar que nos encontramos ante una primera redacción, aunque seguramente revisada. En este sentido hay que señalar que en siete de los sonetos los títulos han sido escritos a tinta, a veces sobre otros desechados, sin que, en cambio, existan otras variantes también a tinta. Quizá cabria deducir que se trató en bastantes ocasiones de una revisión profunda y, por tanto, que los autógrafos, aun- Sólo algunos casos, a título de ejemplo: el Soneto de la dulce queja recibe el título inexistente de Soneto del dulce llanto el v. 11 de El poeta dice la verdad reza: con día, grito, sal y luna vieja donde debería decir: con. decrépito sol... el v. 1 de El poeta habla por teléfono con el amor se edita así: Tu voz regó la duda de mi pecho cuando la lectura correcta es: Tu voz regó la duna... etc. etc. Los sonetos se editan, además, según un orden caprichoso. Véase el párrafo siguiente para esta cuestión.