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10- dieiembre- 1983 SÁBADO CULTURAL Poesía- ABC IX Meditación en Socar Carlos Murciano Fundación Fernando Rieló- Madrid Decía Juan Ramón que la poesía se conoce porque nó es sustituibte; lo que se sustituye en poesía es siempre literatura. Vale recordarlo ante este nuevo libro- Meditación en Socar -de Carlos Murciano, fruto de una impresionante madurez estilística, porque todavía el estilo es el hombre. El dominio dé las formas- -todas las formas- y del lenguaje, uno de los más lúcidamente ricos de la actual lírica española, aduna el poeta de Arcos de la frontera el vital acento de la verdad hondamente arraigada en su obra, y la sensación, belía yidramáticai y a veces visionaria, de éste y de otros mundos. Esta es una poesía que ha traspasado la frontera de la realidad visible para hundirse en las significaciones de una metafísica de la realidad, acaso la única realidad que ¡ortológicamente, le compete a un poeta que contraste las oscuras premoniciones del olvido con el res plandor de la supervivencia. Meditación en Socar es, por momentos, una elegía, y, por siempre, un descubrimiento luminoso del origen, del antepasado que uno mismo es. Hay una ciudad- Socar, Arcos- Una infancia, un paisaje, unos vivos y unos muertos para meditar sobré el destino l i o mano; meditación grande en una ciudad pequeña, tal como escribió Lindsay. El tiempo- -esa entelequia que se les eséapó a los barrocos- -r imprime en estos poemas una estremecedora revelación, la que viene del hontanar clásico de Manrique: Si Dios existe Javier Martínez de Bedoya Unión Editorial, S. A. Madrid, 1983. 124 páginas Desde que Ortega y Gasset abrió una amplia brecha para meditadores hispanos con su Dios a la vista fuera de las coordenadas escolásticas y de las vías clásicas para probar la existencia de Dios, todo intelectual reflexivo, y nada digamos de todo creyente, tiene abierto un horizonte ideal para avistar no tanto la figura catequética y patriarcal del ser supremo como el tema de la realidad de Dios porque claramente nos complica y nos implica en algo tan axial para el hombre como la libertad, Y como nuesJavier Martínez tro fin úitimo. Ctaro es que fuera de nosotros mismos no tenemos otro campo de experimentación para buscarle ni contarnos con otra estrategia que partir de una actividad fundamentalmente interrogativa. Javier Martínez de Bedoya, ensayista y escritor de muy variados temas, ha sentido los estímulos de la trascendencia aquí y ahora en determinados momentos psicológicos, y en este libró Si Dios existe trata de responder al condicional del título. Se comprende que Martíriez de Bedoya, en uso de una cofriente del pensamiento activo, intenta explicarse a sí mismo, persiguiendo el sentido de su existencia y situándose en su lugar en el cosmos. Si Dios existe despliega él denso cuestionario de súS preguntas- respuestas dentro de un gran equilibrio personal. Martínez de Bedoya renuncia a utilizar lo que llamaríamos una dialéctica, pero rio a reproducir la historia singular del hombre en la historia del mundo. Desdé la calle- -es decir, desde Ginebra, París, Torremolinos, Madrid o Nasau, a donde le llevó la peripecia cotidiana- -el C autor escribe los capítulos de este libró y nos hace partícipes del íntimo interrogatorio sobre la discutida compañía de Dios en la manera humana de vivir. No hay tampoco un afán propedéutico o didáctico. A Martínez de Bedoya te guía la necesidad de explicarse ia plenitud del ser que le atrae y le sobrepasa; la- manera de ser que mezcla, en materia y espíritu, dos modos de existencia. Su acercamiento al problema es muy atractivo. En seis ensayos, que van desde el tema de Dios cómo tal Dios, hasta el problema intelectual de Dios, el espíritu en la materia, ef pasmo de ser humano, los grandes grupos del pensamiento metafísico, la antropología y la persona ¡ilumina con su denso rastreo la especial naturaleza simbiótica de nuestro ser; es decir, la alianza de espíritu y cuerpo. Su discurso es desde- luego reflexivo, y por lo tanto muy personal, aunque se apoya en importantes cotas de autoridad, El autor está muy lejos de haber compuesto un manual para conocer a Dios én siete días. Ni sus argumentaciones, que sólo lo son en cuanto van anotando el paso algunas premisas imprescindibles, buscan la tracción probatoria En Si Dios existe encontramos una manera dé hacer camino al meditar, desechando pistas confusas o retóricas- -por ejemplo, el científico evolutivo a ultranza, por ejemplo, la alienación o el objetualismo de Heget- -y logrando una armonización- convincente. Martínez. de Bedoya no olvida qué en cuestiones existenciafes hay. razones qué el corazón no entiende, y sinrazones qué están dentro de la dinámica humana. La máxima atracción del libro reside, en mi opinión, en su parábola espiral mediante la cual construye la síntesis de la dialéctica vital, no tan alejada én un primer nivel de la de algunos filósofos españoles, incluso Ortega, al que no se le cita, y desde luego inserta én la imagen científica de) universo transmitida por Zubiri y que radica én el complejo abrazó de materia y espíritu, unidos en una realidad táctica. Martínez de Bedoya esgrime una poderosa palanca como base de su argumentación: la libertad. Y desde luego- -acaso una de las matizacfones decisivas del ensayo- -la distinción entre biología y antropología. Acompañar a Javier Martínez de Bedoya, en la lectura dé su libro presupone realizar, una interpretación personal a la vez. No es difícil reconocerse en sus propuestas, a poco espíritu humáriista que se posea- -y queda muy claro que el humanismo no basta én la intelección del problema de Dios- pues su coherencia, posiblemente un poco marti lleante y reiterativa, reproducé un proceso analítico donde la lógica se impone desde una comprensión totalizadora. A partir del dato de que la razón no puede explicar al Ser humano, la suma dé sinrazones avala una apertura de posibilidades: el ensayo de transición que hace al hombre puente entre la Naturaleza y el espíritu. Pero la especie humana- -como demuestra en estas páginas el propio autor- -es voz íntima y opción dé esperanza, cosa que descarta- la sola materialidad de nuestra vida. El hombre se diferencia de los animales porque su espíritu superior le hace advertir las diferencias, gracias a su sentido crítico. Y todo un clamor humano que documenta la historia de las religiones, abona, con repercusiones ilimitadas, la plenitud del ser. Posiblemente Si Dios existe es un libro muy ambicioso, muy emocionante también- -no obstante, la pasión nunca quita conocimiento- escrito con un lenguaje denso y, en ocasiones impresionista. La acezante inquietud existencial del autor se derrama a borbotones. Pero siempre con acierto a la hora de desvelar y de ordenar tas ideas. Aunque el libro está dentro de un buen nivel, yo preferiría los dos capítulos primeros y los dos últimos. La aportación empírica desde el megalítico acá o la pasada por la historia tienen un común divulgador que se compadece menos con el calado exigente y lúcido del libro. De un libro denso y equilibrado, que esponja el corazón y nos reconcilia con el pensamiento. Florencio MARTÍNEZ RUIZ ¿Qué se hizo dé aquel danzar, de aquellas músicas acordadas, de aquel olor a tarde y a eucalipto? ¿Qué de los cuerpos que el verano ardía y, mojados, doraba? ¿Qué de mí? Y la que alcanza una más compleja, superpuesta proyección existencia! Poemas como Cementerio o Como un patio contienen una síntesis esclarecedora sobré los temas y antitemas en los que se mueve la poesía que ha superado la metáfora del lenguaje del signo para encararse con la metáfora del lenguaje del ser; la presencia y la ausencia, las devoraciones de la muerte y el rescate de una antropología invencible, hálian el punto infrangibie en el poeta, que se levanta para ordenar, domeñar al tiempo; por eso, en la meditación no cabe el olvido porque el poeta, sin dejar el fluir heraciitano, tiene el poder omnímodo de bañarse dos veces en las mismas aguas del mismo río. Este es, finalmente, el espejo que refleja a estos poemas, de una belleza pura y total, dichos con la sabiduría de un gran poeta, que da, como quería Lindsay, el renacimiento a Socar H. Emilio PEDEMONTE