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y: fcñ -r- V j QUIEN CAIGA Ayer se hizo pública la sentencia de Rumasa. El peso de la decisión final ha correspondido al presidente del Tribunal Constitucional. Tal vez L, no exista un nombre en el mundo del Derecho español con más autori- rj dad, por su independencia y su capacidad, que Manuel García- Pelayo. Sin demérito para los otros magistrados, él constituye la mejor garantía 1 de solvencia y respetabilidad para el ciudadano. El Estado de Derecho 7i ha funcionado en sus más altos mecanismos y la sentencia, se coincida o se discrepe, hay que acatarla. La filtración de su contenido, aunque considerablemente sesgado como se deduce de la comparación entre el texto real y el anticipado; y, sobre todo, la de los debates y votaciones, ha levantado sospechas en la opinión pública de que 3 W 4 guno de los doce magistrados, al no guardar secreto, ha infringido l a ley orgánica del Tribunal Constitucional, o bien han sido personas en, r ¡las que depositó su confianza el alto organismo. La investigación de responsabilidades en este sentido es imprescindible, caiga quien f caiga como ha dicho el presidente García- Pelayo. El pintor Mampaso trae hoy a nuestra portada una sesión del Tribunal Constitucional: a la izquierda y desde el fondo, los señores Gómez Ferrer, Rubio Llórente, el presidente García- Pelayo, Latorre Segura, Diez- Picazo y Truyof- Sierra. En la fila de la derecha y de arriba abajo, los señores Pera, Tomás y Valiente, Díaz de Velasco, Arozamena, señora Begué y Escudero del Corral. (Editorial e información en páginas interiores)