Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC, póg. 34- TRIBU 3 VA ABIERTA -SÁBADO 12- 11- 83 E hubiera podido esperar otra cosa del centenario de la muerte de Marx. Hubiera debido ser la ocasión de un universal y completo reexamen de lo que escribió y pensó Marx, de to que han hecho de su pensamiento sus seguidores y de las distintas cosas que hoy significa en distintos países y situaciones el marxismo. No ha sido así. En ios países que se proclaman oficialmente marxistas no se ha pasado de las aparatosas conmemoraciones rituales y vacías! Nada que se parezca a una revaluación y a un nuevo examen. En los grandes centros intelectuales de Occidente ha proseguido el debate abierto, ya desde hace mucho tiempo, sobre la verdadera significación del marxismo, sus equívocos y sus contradicciones con la historia y la realidad. No ha habido, sin embargo, un pensador más influyente en toda la memoria de los hombres. El largo predominio de Aristóteles por cerca de mil años sobre el pensamiento europeo, hasta el comienzo del Renacimiento, no (legó a convertirse nunca en un sistema de gobierno y de organización social. Las poderosas influencias de Montesquieu y Rousseau en los grandes movimientos pofíticos e intelectuales del siglo XVIII, nunca adquirieron el carácter rígido e inmutable de un sistema cerrado. En cambio, el marxismo, o io que bajo ese nombre ha (legado a definirse como tal en el mundo soviético y en algunos países del Tercer Mundo, se ha convertido no sólo en la expresión definitiva de la verdad inapelable, sino en la invariable definición de las funciones del Estado y del hombre en sociedad. Todo está dicho allí. Nada que lo contradiga en alguna forma puede ser aceptado. Posiblemente el propio Marx sería el primer sorprendido de esta increíble transformación. MARX EN SU CENTENARIO pretensión absurda. Ya en su propia vida el mismo Marx dejó testimonios de que rechaPor Arturo USLAR PIETRI zaba semejante posibilidad, El era, fundamentalmente, un hombre de esNada hubiera sido más oportuno y útil, con tudio y de ciencia. Un producto ejemplar de la motivo de este centenario, que haber promoUniversidad alemana, formado al calor de las vido en los grandes centros de estudios sonuevas ideas de Hege) cuya sed insaciable ciales ese proceso de reexamen. Lamentablede saber lo llevó a convertirse en un profundo mente no ha do así. conocedor de la economía, de la Historia y de No es posible considerar a Marx sub spela sociología. Es asombrosa la extensión y cie aeternítatis Era plenamente un hombre variedad de sus obras y de sus intereses in- de su tiempo. Un hijo de la filosofía de Hegel telectuales. No es un autor fácil de leer. Quie- influido por el surgimiento de los grandes manes no tengan una erudición muy vasta y va- terialistas, contemporáneos, un lector deslumriada no lograrán entender mucho de lo que hrado de Darwin y de los economistas ingleél dejó dicho, en forma oscura muchas veces. ses y un testigo insomne del surgimiento de Esto ha contribuido a que sus herederos y la revolución industrial en Inglaterra. De esa causahabientes políticos lo hayan reducido observación directa y minuciosa de una situaaudazmente a un catecismo, a una cartilla de ción que, como todas, tenía que cambiar y axiomas, donde, según ellos, está toda la vermodificarse sacó con facundia deslumbrante dad que el hombre puede llegar a conocer axiomas, escolios y leyes que iban, según él, sobre sí mismo la historia y el porvenir. a determinar Ja historia humana de manera Más que a la apertura de una mentalidad inexorable. Sobre una visión parcial de dos científica, esto corresponde a una actitud casi ideas confusas y debatibles, la de la plusvareligiosa. Camus Ja llama una religión sin lía, que según él crea el trabajo y la de la trascendencia Una revelación que está con- lucha de clases que según él es la ley fundatenida definitivamente en algunos textos sa- mental de la Historia, el sistema capitalista iba a crear inexorablemente cada vez masas grados, invariables, y cuya interpretación más grandes de proletarios miserables, mienmisma está restringida. Desde Juego esto es contrario a todo espí- tras la riqueza se concentraba cada vez en ritu científico. La ciencia no es el reino de las menor número de manos, hasta que ocurriera verdades absolutas definitivas, sino de las hi- la destrucción automática e inevitable del sispótesis y las aproximaciones a la verdad, ani- tema. No es eso lo que ha ocurrido. Hoy las mada por una continua duda y abierta a un masas trabajadoras disfrutan de los nivles de proceso tenaz de revisión y rectificación. Y, vida más altos de la Historia humana y la risin duda, que las más expuestas a ése pro- queza está distribuida de manera más amplia ceso de continua rectificación son las ciencias y general que en ningún tiempo anterior. del hombre y la sociedad. Pretender que un Analizar contradicciones como éstas hupensador halló de una vez por todas las verbiera sido buen ejercicio para los centros de dades inmutables y eternas del funcionapensamiento de un mundo tan amenazado miento de la sociedad y de la Historia es una como éste en que vivimos. HORA que se ha vuelto a ver en la pequeña pantalla al sempiterno hablador, al inefable personaje Estupiñá, que sube escaleras y recorre esas calles de Madrid de la Restauración, admirablemente reproducidas para escenarios de Fortunata y Jacinta recordé lo que me contaba el novelista vizcaíno Juan Antonio Zunzunegui, que cultivó la amistad de Galdós en los últimos años de su vida. La época en que el escultor Victorio Macho representó a don Benito bajo los pinos del Retiro, con esa manta de granito sobre las rodillas, ya abrigadas para la eternidad. En un paseo por los alrededores de la plaza Mayor hablaba el novelista de sus personajes no como de entes de ficción salidos de su pluma, sino como si se tratase de auténticos vecinos de Madrid que él hubiese conocido y tratado en otro tiempo. A veces- -me decía Zunzunegui- -lo que me contaba, sin darse cuenta, eran páginas enteras de sus novelas, que yo recordaba. Uno de los personajes del que más ha- biaba Galdós era de don Plácido Estupiñá. Aquel castizo que había tenido bajo los arcos de la plaza Mayor una tienda de bayetas y paños det Reino. Pero cuando Estupiñá entra én las páginas inmortales de Fortunata y ja- A LA CASA DE ESTUPIÑÁ pasar frente a la puerta del entresuelo vio el señorito Santa Cruz una mujer j o v e n alta y Por Juan Antonio CABEZAS bonita que sentada en la escalera comía un cinta ya había quebrado el negocio de los huevo crudo Era Fortunata, que de tan original manera iba a entrar en las páginas de la paños, porque Estupiñá atendía más a los novela inmortal en calidad de protagonista. contertulios de su tienda que a los clientes. Habitaba Plácido Estupiñá en una casa del La fantástica casa de Estupiñá, un cuarto costado occidental de la plaza Mayor, cerca piso sobre la plaza Mayor, fue adquirida hace del Arco de Cuchilleros. El piso era cuarto por unos años por el diplomático y escritor, apala plaza y séptimo por el número 11 de la sionado de los temas galdosianos, don Pedro Cava de San Miguel, dónde se iniciaba una Ortiz Armengol, que también fue asesor literaescalera de piedra, de ciento veinte escalorio de la serie televisiva Fortunata y Janes. Estupiñá, que en aquel tiempo ya ancinta daba achacoso, cuando volvía de misa de San Ginés procuraba ahorrarse treinta escaUna tarde de verano madrileño, Ortiz Arlones entrando a su escalera por la zapatería mengol reunió en el piso de Estupiñá a un El Ramo de Azucenas que tenía bajo los reducido grupo de escritores amigos que puarcos su amigo el señor Trujillo. dimos admirar y disfrutar de la magnífica obra Durante uno de los frecuentes arrechuchos de restauración del piso, así como de la que solía padecer Estupiñá, Juanito Santa exactitud de la decoración y mobiliario, muy Cruz fue a visitarlo por encargo de su madre. de acuerdo con la época. Al asomarse a los El gran hablador vivía entonces de la protec- balcones de Estupiñá, sobre la plaza Mayor, nos sentíamos flotar entre la realidad de un ción de doña Barbarita, que le pagaba para inmueble de cal y canto y esa fantástica geoque vigilase a su delfín y la tuviese informada de sus peligrosas andanzas juveniles. metría de la ficción galdosiana, tan hábilmente evocada por Armengol, en que se Santa Cruz entró a la escalera por el número 11 de la Cava de Sari Miguel, en cuya mueven los personajes de las novelas madrientrada fiabía un puesto de aves y huevos. Al leñas más populares del gran autor.