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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 8 NOVIEMBRE 1983 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E vuelve a hablar del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel. A estas alturas, parece no sé si ridiculo o escandaloso, que sea menester plantear esa cuestión. Durante muchos decenios, España había vivido en un espacio confinado y sujeto a extrañas limitaciones. Conservo un viejo pasaporte caducado (lo guardé porque estaba seguro de que si algún día lo contaba nadie lo creería) en que se lee: Válido para Tánger y el resto del mundo (excepto Rusia y países satélites) Dominó la política de esos decenios una extraña sumisión a los países árabes, que me producía algún sonrojo nacional. Todo ha cambiado desde entonces, y muy especialmente en las relaciones internacionales. España ha cambiado embajadores con todos los países vedados, por supuesto, con Rusia y todos sus satélites (y algunos más que le han ido naciendo) Países tan democráticos y ejemplares como ellos, o Libia, o el Irán, o Vietnam, o Camboya tienen representaciones normales en España, y España en ellos. Pero la sombra del viejo régimen parece cubrir ese pequeño país mediterráneo que se llama Israel. Para tratarlo como a los demás, nuestros Gobiernos, por lo visto, necesitan pedir permiso. Al convertirse España en Reino, al recobrar su libertad, parecía que el primero en tenerla era el Gobierno; pero sin duda hay alguna excepción. La normalización de relaciones diplomáticas- -tan justificada en principio, aunque tal vez se está acercando la hora de revisarla- -se ha detenido obstinadamente en un caso singular. Y es singular también en otro sentido, porque Israel es casi un país hispánico. En 1968 lo visité en su integridad y di cierto número de conferencias. Iba dispuesto a usar las lenguas que están a mi alcance para ello (francés, inglés, alemán) me advirtieron que, si quería ser entendido por una mayoría de los auditorios, las diera en español; y en nuestra lengua pronuncié todas, en diversas instituciones; y el español es la lengua que más usé para hablar con israelíes de todos los niveles, desde el presidente Navon hasta los vendedores ambulantes. El español es una de las lenguas principales de Israel por dos motivos. El primero- -el más asombroso y conmovedor- -es la supervivencia del castellano de fines del siglo XV, conservado durante cinco siglos en la diáspora por todas las comunidades sefardíes, en países de lengua árabe, griega, turca o eslava- -o bien holandesa, como fue el caso de Spinoza- El ladino (latino) o judeo- español está vivo en Israel, ABC ISRAEL como lo estaba en todo el Mediterráneo oriental y en otros lugares; se imprimen libros y periódicos, se lo oye en la calle. Yo lo oí por primera vez hace exactamente cincuenta años, en Rodas, en Salónica, en Turquía y, por supuesto, en Jerusalén, Belén, Jaffa o Tel- Aviv. He recordado la aparición, en Constantinopla (o Istanbul) de dos preciosas muchachas q ue hablaban como dos damitas de la corte de Enrique IV o de los Reyes Católicos. El segundo motivo del uso del español en Israel es el gran número de habitantes que proceden de los países hispánicos de América o que han vivido en ellos muchos años, arrojados por la persecución nacionalsocialista que empezó hace medio siglo justo, a la que pudieron escapar vivos, en muchos casos con el número indeleble del campo de concentración, que algunos inocentes suponían el número de su teléfono cuando los veían en Buenos Aires o Montevideo. Llevo quince años hablando de esto, considerando el absurdo de que este país está para España en una especie de lazareto único. En 1968, con gran preocupaciónr escribí sobre el dudoso porvenir del español en Israel, a causa de ese abandono y aislamiento. En esta situación está amenazado, y es de temer que se extinga o poco menos. La razón es clara. Se ha conservado durante medio milenio porque era la lengua propia de los judíos, en países ajenos; era el símboio de su identidad, la lengua familiar, el vínculo personal y entre los grupos de la diáspora sefardí. Pero la situación ha cambiado: la lengua común de Isral es el hebreo todos la han aprendido; los niños la hablan desde su primera infancia, en ella estudian, en ella viven. La vieja función del español ha cesado por el cambio de la situación histórica y social. El judeo- español- -escribí REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN Y TALLERES SERRANO, 61- MADRID- 6 S CERÁMICAS DE ALTA CALIDAD paz y cla. fi pavimentos y revestimientos cerámicos Alcalde Sainz de Baranda. 61 Rodríguez San Pedro, 5 Cira, de Valencia. Km. 25.500 Argandadel Rey (Madrid) en 1968- -pudo luchar contra el turco, el árabe, el búlgaro, el griego; contra el hebreo no podrá luchar. Los sefardíes, dentro de pocos años, a lo sumo de una generación, dejarán de hablar en español. Pero luego añadía, con un resto de esperanza: A menos que... Habria un remedio, una posibilidad de salvación de esa lengua, y con ella de esa minoría lingüística española. Habría que transformar el ladino, es decir, actualizarlo, convertirlo en español plenamente actual. Los israelíes estudian y saben muchas lenguas modernas; el español podría ser la segunda lengua aprendida, estudiada, cultivada, perfeccionada, de los hijos de los que la han hablado desde la cuna. Pero para ello harían falta cursos, institutos, libros, conferencias, emisiones de radio, discos, películas, periódicos, revistas, profesores. Lo que hacen con sus lenguas, aun en países que no tienen esa entrañable relación con ellas, todos los grandes países con algún sentido de su tradición. Esto podría hacerse, debería hacerse, y el español sería la primera segunda lengua de Israel, porque es la más viva después del hebreo, la unificadora de una más grande minoría. ¿Se hará? Temo que no. Esto interesa a España, y todavía más a esa realidad sutil y casi impalpable que es la lengua española, un poco de aire vibrando de cierta manera, unas sílabas contadas con cierto paso de andadura. Poca cosa, que no sirve gran cosa para la política ni para la propaganda. Además, parece que a algunos gobernantes de países árabes les molesta que se sienta algún interés por los judíos, aunque sean poco menos que españoles; y alguna vez votan en un alto edificio de cristal, junto al East River, acerca de cosas que no les van ni les vienen, pero esos votos se cuentan... Temo que dentro de unos decenios, cuando todavía me acuerde de las dos damitas de Constantinopla, tenga que repetir, con la melancolía de Jorge Manrique: ¿Qué se fizieron las damas... Esto decía en mi breve libro Israel: una resurrección. Han pasado quince años, justo el tiempo de una generación. Cuando recientemente estuve en Jerusalén, todavía se hablaba español, aunque ciertamente menos. He querido citar mis palabras de entonces, porque desgraciadamente no han perdido su valor; más bien, increíblemente, lo han intensificado. Todavía es tiempo para que España piense en sí misma y sea de una vez independiente. Julián MARÍAS de la Real Academia Española