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MARTES 18- 10- 83 CULTURA -ABC, pág. 41 Tras prestar declaración, como testigo, en un juicio entre Bertrand de Jouvenel y un historiador judío, en el Palacio de Justicia, Raymond Aron sufría una crisis cardiaca muy dura a la altura del Quai de TOrloge, por donde paseaba solitario. Trasladado con gran urgencia a un hospital, moría pocas horas más tarde. Se consumaba, ayer, la desaparición de un moralista liberal, cuya ejemplaridad se extiende a todas las grandes disciplinas de las humanidades del siglo XX: sociología, historia del pensamiento, economía política, pensar la guerra y la estrategia en la era nuclear. Aron nació el 13 de marzo de 1905 en el corazón de lo más belfo del Barrio Latino, la Rué Notre- Dame- des- Champs, en el seno de una familia judía y burguesa, qué se arruinaría econó 1 micamente con el crack del 29. En la promoción de 1924, en la Ecole Nórmale Superieure, en la Rue d UInvAron tendría como condiscípulo a dos de tas figuras máss controvertidas de la cultura francesande su tiempo, Jeán- t Paut Sartre y Paul Nizan. Sartre sería, para siempre, el pequeño camarada con el que sostuvo una amistad fraternal, rota por las pasiones y convicciones políticas. La evocación de los años legendarios de la Rué d Ulm forma parte de la mitología intelectual de la cultura nacional. Durante treinta años, la cultura francesa se ha dividido entre esas dos armas de un mismo árbol desgajado. Hoy, en el otoño de su muerte, Aron había ganado la batalla junto a su viejo amigo, más apasionado que él, y más ciego e inconse cuente ante la tragedia histórica, una de las raíces esenciales del discurso aroniano. Entre 1930 y 1933, Aron asistirá en Colonia y Berlín a la ascensión dramática del nazismo, que marcará su vida y su obra. En Alemania descubre la gran filosofía local y la obra de Max Con Raymond Áron muere una época del pensamiento francés Un filósofo de la historia y un teórico de la disuasión nuclear París. Juan Pedro Quiñonero Raymond Aron ha muerto en el otoño más glorioso de su vida pública, moral e intelectual. La publicación de sus Memorias hace apenas cincuenta días le había convertido en el gran acontecimiento político, mundano, histórico de la temporada, cuando su legado intelectual lo afirmaba, al fin, como uno de los pilares del pensamiento europeo y occidental de nuestro tiempo. Weber, llamada a hacer bascular sus propias inclinaciones del humanismo clásico a las ciencias económicas, la sociología y el pensemiento de la sociedad industrial contemporánea. De regreso en Francia, Aron publica en 1935 uno de sus primeros grandes manuales clásicos, La sociología alemana llamado a marcar profundamente él horizonte d ¿varias generaciones de intelectuales. franceses. déi t stsí) ¡ág d la; guerra mundial, Ar 0 ftJpúb? KÍg otra de sus obras clásicas, su Introducción a lafilpsofía de la Historia: ensayo sobre tos límites de la objetividad Se trata, al fin, de las frondosas raíces dé sus textos mayores, donde estarán llamados a confundirse el discurso político y moral, lá reflexión histórica, tá filosofía de la Historia, la actualidad más viva y trágica, y un esbozo decisivo de la realidad estratégica del mundo, unificado conceptualmente en busca de una síntesis moral, Durante la guerra, Aran se instala en Londres, y dirige una influyente revista de la Resistencia, La France Libre A partir del 45, Aron sé; ínstala definitivamente en Frahcia. Su amistad con André MalraUx le introduce en el gran periodismo político de la época (la Redacción de Combat junto a Albórt Camus) abocándolo a una corta y escasamente significativa participación activa en la vida política. En el 46 estallan las grandes y decisivas polémicas entre Aron y Sartre. Aron denunciando, con Albert Camus, la significación moral, política, civil del sistema soviética. Sartre defendiendo ia colaboración política con la URSS. Será la gran ruptura. Y el inicio de un debate que duraría treinta años. yy. wAr ñfiWiioiaí; sucicolaboración histórica enrías páginas del matutino Le Fígaro donde se convertirá en uno de ios analistas políticos y diplomáticos más influyentes de Europa. Aron se encuentra en el centro político e intelectual de todas las grandes batallas político- culturales de la época, años cincuenta y. sesenta: guerra de Argelia, estrategia nuclear americana, la diplomacia europea, los grandes conflictos que azotan la escena internacional, la decadencia de las viejas naciones europeas, la ascensión del militarismo imperial soviético. A caballo entre la tragedia histórica cotidiana y la filosofía de la Historia, Aron publicará varias de sus obras mayores: Paz y guerra entre las naciones La sociedad industrial y la guerra las 18 lecciones sobre la sociedad industrial La publicación en el 62 de Paz y guerra... será una de las cotas mayores del gran discurso aroniano. Entré e) 68 y 1977 seguirán textos polémicos, vitrióKcos, de una amargura creciente, como es el caso de De una sagrada familia a otra: ensayos sobre los marxismos imaginarios (la más feroz demolición de la logomaquia de Althusser y sus discípulos) Las desilusiones del progreso La revolución invisible Réquiem por una Europa decadente Aron alcanza las cimas de su obra. Su historia de la diplomacia americana, que data dé esos años, será otro texto clásico. Y su Clausewitz: pensar la guerra (1976) será un texto mayor y decisivo. El Clausewitz de Aron, es una historia de los orígenes del pensamiento estratégico moderno, una historia de la evolución de la estrategia en la era nuclear, y un esbozo final de filosofía de la Historia. Con Aron desaparece uno de los pilares capitales del pensamiento occidental de nuestro tiempo. Su obra de moralista y pensador sólo es comparable con la de los grandes maestros de la sociología alemana anteriores a la escuela de Francfort. Como historiador del pensamiento y las ¡deas políticas y la diplomacia ha contribuido, quizá como nadie en Europa, á esbozar una teoría sobre lá libertad en las sociedades industriales. Como pensador de la guerra en la era nuclear, su ambición sólo es comparable a la de los grandes clásicos griegos y latinos, Tucídides, Tácito; los maestros renacentistas florentinos, Maquiavelo. En la hora funesta de su muerte, su obra adquiere el carácter majestuoso de las grandes obras de los moralistas romanos, comprometidos en lá vida de la ciudad y del Estado, independientes de todo poder, ejerciendo la razón y la lógica del discurso moral en la plaza pública del periodismo. Símbolo de la independencia cultural Raymond Aron estaba considerado el más importante intelectual galo desdé que murió hace tres años Jean Paul Sartre. Con Aron parece desvanecerse toda una etapa del pensamiento francés. Lugar simbólico, los aledaños de la Sainte Chapelle cuna de Francia, fueron el marco del último suspiro de un hombre que representó la versión liberal del pensamiento francés de este siglo, mientras Sartre, del que fue compañero ert la Escuela Normal Superior- -la famosa cuna de los ndrmalianos -encabezó la marxista. Los dos no Hegaron, ni quisieron hacerlo, al Poder, pero influyeron profundamente en varias generaciones de políticos y la independencia de su espíritu les hizo buscar la verdad desde trincheras diferentes. Denostaba Q: que consideraba visión simplista de la realidad europea por parte de ios Gobiernos estadounidenses y coincidió con el general De Gaufle en la idea de la grandeza de Francia como factor importante de su independencia ante los bloques y del equilibrio europeo. Se inspiró en su obra en la prospectiva política iniciada en el siglo XIX por el pensador liberal francés Alexis dé Tocqueville. Sociología alemana contemporánea Introducción a la filosofía de la Historia Elgran cisma Las guerras en cadena El opio de los intelectuales La tragedia argelina La sociedad industrial y la guerra La democracia a prueba del siglo Ensayo sobre las libertades fueron algunas de las obras de este Montesquieu del siglo XX. De todos modos su pensamiento quedó perfectamente reflejado en los miles de artículos sobre la política cotidiana recogidos luego en volúmenes como República imperial De Gaulle, Israel y los judíos Defensa de la Europa decadente o Dieciocho lecciones sobre la sociedad industrial