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ABC, póg. 72- ESPECTÁCULOS -SÁBADO 8- 10- 83 Crítica de teatro La tempestad un Shakespeare de festival para Nuria Espert Titulo: La tempestad Autor: W. Shakespeare. Versión directa: Terenci Moix. Dirección: Jorge Lavelli. Escenografía: Max Bignens. Música: Carlos Miranda, intérpretes: Nuria Espert, Mireia Ros, Caries Canut, Pep Munné, Miguel Palenzuela, Camilo García, Josep Minguell, Juanjo Puígcorber, Rafael Anglada, Kim Llovet, Julio Monge. Juan Miralles, Bórís Ruiz. Cantantes. Músicos. Teatro Español. Nuria Espert es la actriz española con más espíritu de aventura. La que aborda el teatro con más voluntad de investigación de las formas, de nueva definición del espacio escénico, de desentrañamiento de los grandes textos. Desde Genet a Shakespeare, pasando por García Lorca y Valle- lnclán, Nuria Espert se ha forjado un nombre internacional que el provincianismo, la cortedad y la mínima ambi 1 ción del resultado comercial ponen fuera del alcance de la casi totalidad de la cada día más pobre nómina de actrices importantes del teatro español. Fiel a esa línea, llena de ambición, la prestigiosa actriz catalana trae ahora a Madrid un montaje atrevido, renovador, de la última de las grandes- obras shakesperianas: La tempestad Es imprescindible empezar por decir que éste es un montaje para teatro de festival. No para simple teatro comercial. Cuantos siguen los graneles festivales cinematográficos, las concesiones del Osear norteamericano o el César francés saben que hay un cine de festival. La tempestad de Nuria Espert es su equivalente teatral. La tempestad es un montaje de festival. Por una vez, Nuria Espert no ha tenido buena fortuna en el ámbito de sus consagraciones internacionales, el BITEF (Festival Internacional de Teatro de Belgrado) donde La tempestad ni retuvo a los espectadores ni plació a los críticos. Casi semanas después de esa desilusión, Nuria presenta en el Teatro Español, que tiene dificultades para programar por sí mismo, ese montaje de La tempestad El ensayo es atrevido. Diremos que exce- dido de osadía. La- obra es difícil- No tiene la grandeza trágica de las grandes piezas del autor de Hamlet Es, quizá, más filosófica. El genio tiene ya cuarenta y siete años. No se es joven a esa edad en el siglo XVII. Morirá tan sólo cinco años después. Aunque técnicamente el tema de la obra sea un tema viejo, la venganza, Shakespeare ha llegado ya a la convicción de que es preciso predicar la victoria del espíritu sobre la materia, de la música sobre el caos, del amor por encima del odio y, resumen de todo, del hombre sobre sí mismo. La tempestad es, pues, más que una tragedia, una obra poética y filosófica en la que priman lo inverosímil y lo irreal, lejos ya del material histórico, por fantaseado que fuera de sus grandes tragedias. Lo. que acabo de escribir no significa que por una vez Shakespeare abandone las fuentes de lo real. Al contrario. La aventura o mejor dicho desventura, dé los enemigos de Próspero, parte de un hecho real. En 1609 salen nueve barcos ingleses hacia Virginia. Uno de ellos, el Sea- Adventure se pierde en medio de una tremenda tempestad. Un año después llega a Inglaterra la noticia de que el navio se ha salvado, ha llegado a las costas de la Florida con todos sus tripulantes. Shakespeare conoce el suceso por los folletos, que a falta de periódicos se publican en Inglaterra y de ahí sale el diálogo de Próspero con Ariel en que arranca su obra. Parte, por lo tanto, de una aventura real y plagia ó se inspira como tantas veces en textos españoles: Noches de Invierno de Antonio de Eslava (1609) cuyo protagonista, Dardano, es el prototipo de Próspero, y algunas Relaciones del XVII sobre aventuras españolas en el Paraná, de donde toma el nombre de Miranda. El de Caliban sale de escritos de Montaigne. Es un anagrama de Les Cannibales Al genio de Avon le sobraba fuerza para hacer suyos cualesquiera materiales ajenos. Terenci Moix ha hecho una versión aliviada del texto original. Acorta escenas y diálogos. Trivializa, con mucha gracia, el lenguaje. Escamotea casi por completo a Ariel, convirtiéndolo en el reflejo de luz de un espejo, salvo en una sola escena, y en un diálogo de dos voces, Próspero- Ariel, en los labios dé la actriz que dobla el ser visible y el prácticamente invisible. La mayor virtud de este texto es su sentido de la euritmia castellana. Suena bien. Se esconde bien. Es coloquial sin caer en grandilocuencia. Un buen trabajo, quizá con exceso de simplificación. Tal vez acierta. La cólera del español sentado no admitiría más. Jorge Lavelli, que tiene mucho talento, ha forzado la desrealización del escenario, su conversión de isla- -lugar cerrado en que los personajes están encerrados- -en cajón que los encierra decisivamente. Para un espectáculo de magia, el llevarlo a ese grado de abstracción tal vez es excesivo. Quizá lo peor es que tiene antecedentes. El cajón de madera, con movimientos de apertura y cierre, de acercamientos laterales, recuerda un gran cortometraje, Agulana del realizador Gérald Frydman, al que un Jurado, del que el crítico formaba parte, discernió el Prix du Jury en el Festival de Cannes de 1976. Los paneles rotatorios por los que salen y entran en el espacio cerrado actores o personajes fijos aparece ya en la escenografía que hace OPS en 1980 para Ejercicios para equilibristas de Luis Matilla, en el Bellas Artes. La salida y entrada de personajes a rastras o rotando sobre sí mismos, la utiliza hace algunos años Ángel Fació en su montaje de La casa de Bernarda Alba Pese a esos prece dentes, Lavelli alcanza momentos de magia absoluta, gracias sobre todo al uso de la luz y la música, que aportan la atmósfera perseguida por Shakespeare, aunque desde una óptica plástica mucho más moderna. El talento de Lavelli logra producir la impresión de encierro, de mágica situación límite, propia de la isla misteriosa en que se encuentran Próspero y sus antiguos enemigos. La interpretación de Nuria Espert, ejercicio muy difícil, tiene los méritos de una dicción impecable, de una voz clara, musical, límpidamente emitida y los deméritos de una cierta mecánica en la entonación y sobre todo en la medida y corte de la frase, que proviene de un amaneramiento que ya hemos reflejado antes de ahora y que tal vez ha llegado el momento de corregir para desautomatizar a sus personajes e insuflarles el dramatismo propio de la verdadera vida que es algo que falta al frío y perfeccionista despliegue de su Próspero. Todo el reparto obedece unánime a un designio de esquematización, en el que Mireia Ros (Miranda) y Caries Canut aportan un convencional juego de signos de lo salvaje, y Palenzuela, Munné, García, Minguell, otro de estilizaciones. Puigcorber y Anglada, hacen alegremente una pareja de payasos, como conviene. Calibán, el monstruo rojo de Shakespeare, queda reducido a un bruto verde poco calibanesco. Las apariciones tienen finas calidades escultóricas y decorativas que pierden efecto por la repetición. En fin, La tempestad es teatro de festival, un poco deshuesado, en el que se desvanecen la filosofía y el mensaje. Un espectáculo bello, frío y a veces algo aburrido. Lorenzo LÓPEZ SANCHO AVISO comunica a sus distinguidos clientes que a partir del. día 17 de octubre próximo será nuevamente imprescindible el uso de americana como vestimenta adecuada para entrar en las salas de juego. Torrelodones, octubre 1983 LA DIRECCIÓN Casino GranMadrid