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-ABC, pág 66- ESPECTACULOS -SÁBADO 1- 10- 83 Crítica de teatro La chica del asiento de atrás comedia de teléfonos blancos resuelve desde el momento en que empieza a colaborar y a vivir con Paul. Apenas si la vulgar vida diaria asoma al precioso despacho en que Paul vive, trabaja, se enamora, sufre penas de amor, se casa, se divorcia, tiene celos mal reprimidos, los da, se divierte o se enoja. Lo único importante es el amor del galán maduro y la jovencita un poco estrafalaria. Todo lo demás es secundario. Pues bien; con eso, Slade construye seis cuadros ricos en variaciones, quizá un poco reiterativos a ratos, durante los cuales transcurren siete años. Mucho tiempo para dos horas de comedia, pero esa dificultad la supera fácilmente el autor que juega un poco al teatro en el teatro ya que Paul y Penélope, enamorados y actores teatrales, ven su propia vida, su difícil situación sentimental, en clave de comedia, proponiéndose y proponiéndonos diferentes finales de acto, soluciones opuestas. El juego sería pura trivialidad si Slade no apuntara con punterfa de primer orden a las motivaciones psicológicas de los seres humanos que participan en el secreto combate de amor: la esposa comprensiva pero que al fin se divorcia, la antigua actriz convertida en manager el joven periodista, civilizadísimo en su inconformismo, la estrella caprichosa, fácil al desliz, etcétera. Arturo Fernández es quizá el actor más integralmente dedicado a su oficio que en estos tiempos sube a un escenario. Exigente en una forma física impecable, cuidadoso de una elegancia que le va perfectamente al personaje, aplicado a que todos los detalles de la puesta escénica, de la acción, de los intermedios musicales sean perfectos, atractivos, lujosos, borda a su peculiarísima manera el papel de Paul, el cuarentón egoísta y un poco snob Derrocha simpatía, humanidad caliente, contrastes expresivos bien aplicados a las diversas situaciones en un admirable trabajo de alta comedia. Victoria Vera ha dado el paso gigantesco de muchacha atractiva a atractiva actriz. Su Penélope, extravagante, personal, enamorada pero no rendida, aguda en quereres y sentires, es su mejor trabajo hasta ahora y le permite vencer la dificultad de hacer pareja con el protagonista masculino. Paula Martel es siempre una actriz elegante, bonita, pulcra, deliciosa. Trini Alonso imprime carácter, también del filme norteamericano, a su personaje. Muy estricto y bien entonado Javier Viñas, y en su punto la breve actuación de Carmen Carrión, todos sirven a la buena versión de Arteche que ofrece un lenguaje coloquial nada almidonado y vivaz, ajustado como un guante al suceso escénico encerrado en el atractivo estuche de un interior de atrevido buen gusto diseñado por Fernando Viñas. Teatro grato, divertido, de final previsto desde la primera escena aunque diestramente jugado. Un nuevo éxito interpretativo y personal, muy personal, de Arturo Fernández. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Calderón, desde Nueva York Título: A secreto agravio, secreta venganza de Calderón de la Barca. Compañía: Repertorio Español, de Nueva York. Director: Rene Buch. Intérpretes: Enrique Sandlno, Mateo Gómez, Rene Sánchez, Ricardo Barber, Alfonso Manosalvas, Míllie Santiago, Ofelia González, David Crommett, Felipe Gorostiza, Juan Bastida y A. M. García. Sala Cadarso. Ajustada versión de una clásica tragedia de honor calderoniana, montada con extrema austeridad, aunque con decoro. Procedente de Nueva York, y tras haber actuado en las recién concluidas Jomadas de Teatro Clásico de Almagro, se presentó en Madrid, tan solo por tres días, la compañía Repertorio Español, que lleva a cabo en la ciudad de los rascacielos la esforzada y valiente tarea de sacar adelante una escogida panoplia de obras representadas en castellano. Fundada en 1969 por Gilberto Zaldívar y Rene Buch, mantiene desde entonces una organización no lucrativa- -recibe donativos de varias instituciones- -y el objetivo de promover la unidad cultural de los norteamericanos de origen o ascendencia españoles. Con está tarjeta de visita, y de la mano de Calderón, se han presentado en España, asumiendo el reto que supone el montaje de una obra clásica en el mismo país donde se escribió, aunque en este caso todas las fronteras quedan difuminadas en el amplio territorio compartido del idioma. No obstante, resulta al principio algo extraño escuchar los bellos octosílabos calderorianos envueltos en ese acento de allende los mares, que dulcifica ees y zetas. Al cabo, el oído se habitúa a pronunciaciones y cadencias y los versos surgen fluidos, dichos con seguridad y, muchas veces, con vehemencia por los actores. A secreto agravio, secreta venganza pertenece al grupo de tragedias de honor escrito por Calderón y que integran obras como El pintor de su deshonra El médico de su honra y El mayor monstruo, los celos todas participantes de un cierto espíritu de exageración descoyuntada, con la sangre como más eficaz detergente para limpiar manchas en el honor, muchas veces nunca consumadas, como es el caso de la obra que nos ocupa. Modernas interpretaciones apuntan la existencia de un fondo irónico en la intención del autor, por debajo de mensajes pretendidamente ultramontanos, aunque tal extremo escapa de los límites de esta reseña. El montaje de la pieza es de gran austeridad. El espacio escénico está delimitado por una especie de biombos con barrotes, entre los que los personajes esperan su turno de intervención. Los intérpretes cumplen sus papeles con justeza, aunque en ocasiones hay cierto atropellamiento en los versos. La mínima tramoya teatral y la sequedad de recursos escénicos hacen que la acción resulte en algunos momentos pesada. Aun así, la obra se ve con agrado, confirmando la categoría del grupo, lo que obliga a animarlo en su labor de difusión del teatro en lengua española en pleno corazón de la metrópoli anglosajona. Arturo Fernández y Victoria Vera Título: La chica del asiento de atrás Autor: Bernard Slade. Versión: Juan José Arteche. Dirección: Arturo Fernández. Escenografía: Fernando Viñas. Intérpretes: Arturo Fernández, Trini Alonso, Victoria Vera, Paula Martel, Javier Viñas, Carmen Cerrión. Teatro Infanta Isabel. Rigurosamente tres años después de estrenar la comedia de Bernard Slade Homenaje Arturo Fernández reaparece con otra obra del mismo autor, Romantic Comedy titulada para españoles La chica del asiento de atrás cuando lo que es en rigor esta comedia suavemente cómica, tornasoladamente sentimental, es una comedia romántica, una comedia de amor y desencuentro Un comediógrafo célebre, Paul, recibe, en cueros por casualidad que no por su voluntad, a una muchachita estrafalaria, Penélope, que quiere escribir teatro. El encuentro es un desencuentro, porque ese mismo día, casi a esa misma hora, Paul va a casarse con Lonik. Y se casa. Penélope, colaborando con Paul, llegará a ser escritora de éxito, Paul se divorciará y entonces comprenderá que la vida sin Penélope es imposible, cosa que por su parte, Penélope, casada en otro desencuentro con Leo, un joven periodista, sentirá a su vez, también. Bueno. La historia anda por ahí. No hace falta, ni conviene, contar más. Es una historia de situaciones sentimentales, de seres que condicionados por circunstancias sociales no se dicen lo que sienten. Sobre todo no se lo dicen a tiempo. Y a la par es una sarta de sucesos que se producen en torno a un problema básico: el desencuentro generacional de Paul y Penélope. Slade es un autor sumamente habilidoso que suele tratar sus comedias al modo ágil, ingenioso, de las famosas comedias cinematográficas norteamericanas de los años 30, aquellas llamadas de teléfonos blancos, en las que los personajes no solían estar aquejados de problemas cotidianos. Así sucede aquí. Paul está muy bien situado literaria y económicamente. Penélope, no, pero todo se J. I. G.