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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 10 SEPTIEMBRE 1983 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA IMULTÁNEAMENTE se han producido en Madrid dos declaraciones que deberían hacer reflexionar sobre la situación en que nos encontramos y sobre aquellas a las que podemos fácilmente llegar. La primera, la del ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, según el cual, cuando el avión de línea surcoreano, en vuelo de Nueva York a Seúl, con 269 pasajeros a bordo, entró en el espacio aéreo soviético, el caza- interceptor ejecutó la orden dada por el puesto de mando de poner término a ese vuelo Poner término al vuelo quiere decir disparar un misil que derribe el avión y cause la muerte de todas las personas que transporta. Ha hablado también de acción criminal y de valores espirituales, sociales y cívicos pero hay que aclarar que la acción criminal no es la del caza soviético, sino la del avión comercial, y que los valores que hay que defender- -así- -son los que representa la Unión Soviética. Se ve que cuando se trata de este país el problema de traducir no es lingüístico, no se trata de la distancia entre el ruso y el español o el inglés, no es una diferencia de lengua, sino de los supuestos de todo decir, lo cual prueba que las relaciones con la Unión Soviética (y sus consecuencias) no se pueden reducir a las que existen entre países, porque no se trata propiamente de países, sino de otra cosa, que nunca había existido en el mundo hasta hace algo menos de setenta años, y que urge precisar. Hace unos meses escribí un artículo sobre la Unión Soviética titulado Mineralización aquí tenemos un ejemplo más, pero particularmente claro, de ese proceso, de interés apasionante y de consecuencias gravísimas para todo el mundo. Esa expresión poner término al vuelo me ha recordado otra que hace tiempo comenté: Interrupción del embarazo. El paralelismo es notorio; en ambos casos se realiza idéntica distorsión del lenguaje, la misma profanación de las palabras; en los dos se cuenta- -y quizá con fundamento- -con algo que no se enuncia: la estupidez de la gente. Cuando dije que los partidarios de la pena de muerte podían llamar a la horca o el garrote interrupción de la respiración no pensaba que algo tan parecido se pudiera decir delante de treinta y cinco ministros de Asuntos Exteriores de otros tantos países. La otra declaración a que me refería ha tenido como escenario la Comisión de Justicia e Interior del Congreso. En ella, la mayoría socialista ha decidido rechazar todas las enmiendas al proyecto de despenalización del aborto. ¿Puede hacerlo? Desde luego; para eso es la mayoría. ¿Puede hacerlo legalmente? Sin duda. También el ministro soviético ha puntualizado, al hablar de la destrucción del avión: ABC Esta acción se encuentra en plena conformidad con la ley sobre las fronteras de Estados que ha sido publicada. Como no existe nada que pueda llamarse realmente Derecho internacional, ya que no existe ningún medio de dar vigencia coactiva a sus principios, y el órgano teóricamente encargado de definirlos, las Naciones Unidas, en un altísimo número de casos toma decisiones que tienen poco que ver con la Justicia, nada se interpone entre la voluntad del Gobierno soviético y su realización. En el caso del aborto hay todavía una instancia jurídica, el Tribunal Constitucional, que podrá determinar si el sentido del artículo 15 de la Constitución es el que se le dio en la discusión de las Cortes constituyentes o bien otro, posible gracias a la ambigüedad frecuente en el texto constitucional, sobre el cual escribí sin ambigüedad alguna cuando era posible mejorarlo. Pero me parece peligroso confiarlo todo a la fuerza de las mayorías- -en la Asamblea de las Naciones Unidas o en el Parlamento- A largo plazo creo que no trae cuenta, porque hay un momento en que las gentes se dan cuenta de lo que hay detrás de los mecanismos. ¿Cuándo? Esta es la cuestión, políticamente muy importante. Creo que los países- -para hablar de lo interno a cada uno de ellos- -tardan bastante en enterarse de lo que pasa, de lo que se está haciendo con ellos, de adonde se los lleva. La información que recibe el español medio- -para buscar el ejemplo más cercano- -es muy incompleta y fragmentaria. Se le van justificando los actos de gobierno y piensa que ios otros saben más Hay una dosis muy grande de docilidad en los pueblos- -y en una dosis menor es conveniente- una inercia que es fomentada por el poder público y que sólo se rompe cuando hay una manipulación organizada (es decir, cuando se provoca otra forma de docilidad) Los franceses han tardado un par de años en caer en la cuenta de que han cometido un grave error, y eso que el funcionamiento de REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN Y TALLERES SERRANO, 61- MADRID- 6 S PARALELISMO RAMA ADMINISTRATIVA Y ELECTRÓNICA CENTRO SUBVENCIONADO la democracia y la información tiene un largo tiempo de normalidad. Cada uno de los hechos que inquietan o disgustan va siendo absorbido, asimilado, justificado; no se permite que ejerza su función de descontento. Solamente cuando son muchos, cuando se van acumulando o cuando afectan a zonas de la vida particularmente sensibles y evidentes- -la seguridad, el bienestar económico, la posibilidad de vivir con espontaneidad y sin miedo- el hombre medio llega a la convicción inequívoca de que no está contento, de que no le gusta cómo se está orientando su vida. Hay que añadir un factor más de retraso: la resistencia a reconocer que uno se ha equivocado. Especialmente cuando el error ha sido relativamente frivolo o caprichoso, no movido por una profunda convicción o una adscripción decidida. Diríamos cuando se trata de un error de fuera a dentro. Admitir, incluso para uno mismo, que se ha equivocado, implica que no se ha actuado de manera inteligente, y esto duele. Por eso, un error electoral suele repetirse cuando ha pasado poco tiempo entre dos elecciones; hace falta que la evidencia del error penetre profundamente en la conciencia mayoritaria de los electores. Y es necesaria otra condición: que se les ofrezca algo que pueda parecerles realmente atractivo, en lo cual puedan confiar y poner razonablemente su esperanza. De otro modo, se puede producir un desánimo que es aprovechado indefinidamente por los que tienen en sus manos los resortes del poder. Decía Aristóteles en su Política que la democracia extrema es una tiranía (he demokratia he teleutaia tyrannis estin) En términos actuales diríamos que la mera democracia, la simple fuerza de la mayoría numérica, sin otra consideración, es una forma entre otras de tiranía. La forma democrática tiene que estar vivificada por un espíritu, que es el que llamamos liberal; sin él se desvirtúa y pervierte. Temo que la actitud tomada frente a la cuestión del aborto es un enorme error del Gobierno y de su partido; un error moral, por supuesto; pero también un error político. Si el Tribunal Constitucional no los salva de él, van a ser muchos los españoles que van a empezar a sentirse mal, secretamente avergonzados, con remordimientos de c o n c i e n c i a en suma, arrepentidos. (No se ha llegado todavía a la incapacidad de arrepentimiento que define los regímenes totalitarios, y de que es prueba la conducta soviética en el caso que acabo de comentar. No me sorprendería que empezase a germinar oscuramente en muchos la decisión de no volver a dejarse llevar adonde lúcidamente no irían. Julián MARÍAS de la Real Academia Española