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Detalle de esquina, en el que puede apreciarse el sistema de construcción de la fachada exterior de cristal. A la derecha, una vista aérea del Farol de Madrid, como podría denominarse el edificio Castelar, que se alza en el paseo de la Castellana madrileño Arquitectura y urbanismo La audacia luminosa del edificio Gastelar C OMO uno de esos faroles japoneses de papel de arroz, cuyo cuerpo prismático se sustenta sobre base cuadrada más pequeña, con la misma luminosidad en todo momento (tanto si está encendido como si no) un armonioso edificio completamente cristalino se destaca en la avenida madrileña de la Castellana, en el ensanchamiento donde está el monumento en el que Castelar no deja de perorar desde su abultado bronce decimonónico. El edificio tiene la calidad visual de una barra de hielo en la que se hubiese congelado el agua del mar y, según las horas del día, va tornasolándose por ángulos y esquinas con doradas luces misteriosas que hacen cambiar el vidrio verdoso hacia la gama del ámbar. No es que dentro del edificio se enciendan luces eléctricas, ya que está aún sin habitar; son las propias fachadas vitreas las que según la refracción de la cambiante luz solar hace que su aspecto externo sea en cada momento distinto y sorprendente. No se trata de ninguna cuestión de magia, sólo es consecuencia de racionales leyes físicas, como se explicará. Edificio de historia algo accidentada, pues en 1972 comenzó a proyectarse con el propósito de 72 A B C servir de sede central de un Banco, en su día importante- pero e petróleo y todo eso que ha motivado las crisis económicas de les últimos años, hicieron que dicho Banco quebrase con el edificio a medias. Obras paralizadas, hasta que la situación financiera pudo de alguna manera arreglarse y el primer Banco fue absorbido por otro más sólido, todo lo cual supuso una pausa demasiado prolongada en la continuidad de las obras. Por fin, la linterna mágica de la Castellana ha completado lo esencial, aunque no toda su terminación interior, que complentará la belleza de lo que ya puede verse. Técnicamente, este edificio es tan interesante como su resultado estético, pues constituye el único ejemplar, hasta la fecha, de estructura colgada en parte y complementada con ampliación metálica. Edificios colgados desde arriba, desde la plataforma del techo, sustentada por la caja central de escaleras y ascensores, ya que se habían hecho en la plaza Colón, con sus dos torres gemelas. El edificio Castelar ha utilizado en su parte posterior dicho sistema de estructura colgada pero ampliando la angostura obligada de los pisos que genera con otra estructura complementaria de vigas de acero Rafael de- la Hoz, autor del proyecto, junto a Gerardo Olivares y R. de la Hoz Castanys acoplada por delante, que permite que el volado de los pisos sea mucho mayor, dejando las plantas totalmente diáfanas y susceptibles de ser distribuidas según las necesidades del utilizador. En lo que podríamos llamar columna vertebral del edificio van alojadas no sólo las escaleras y cajas de ascensores, sino, también, los servicios higiénicos de cada planta. Naturalmente, todas estas caracte- rísticas técnicas no se aprecian desde et exterior, pero creemos que es curioso divulgarlas para que posibles contempladores del inmueble, no expertos en materias arquitectónico- ingenieriles, no tangán que cavilar mucho pensando cómo puede sustentarse un edificio en apariencia flotante y sólo apoyado en la parte de atrás, en la parte maciza. Otra singularidad de este faro de luminosidades, que tampoco se aprecia desde la calle, es que sus proyectistas prefirieron minimizar la presencia material de edificio enterrando gran parte del mismo aprovechando la pendiente natural de la parcela, que tiene dieciocho metros de desnivel, hasta el suelo de la Castellana. Enterramiento consciente para que la altura de la torre no resultase excesiva y rompiese, una vez más, la ya caótica fachada del pa eo, con alturas edificadas arbitrariamente a gusto de cada cual y sin tener en cuenta los edificios vecinos y el carácter representativo del principal eje urbano madrileño. Cinco plantas quedan bajo tierra desde el nivel de la entrada principal, lo que permite una capacidad de aparcamiento de coches muy superior a lo que pudiera pensarse por las dimensiones en apariencia estrechas del solar. DOMINGO 14- 8- 83