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PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 23 JULI O 1983
FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA
N The Times de L o n d r e s aparecen rara vez noticias sobre el Perú, lo que es muy comprensible. Desde a perspectiva británica los temas europeos, las relaciones Este- Oeste, los problemas de los países de la Mancomunidad prevalecen sobre los asuntos iberoamericanos. Pero cuando aparecen, esas esporádicas informaciones sobre el Perú que publica el gran diario londinense diseñan la imagen de un país que no se parece al país en el que nací y en ei que vivo. Ocurre que The Times tiene un especialista que discrimina y orienta (y rara vez firma) esas informaciones, un personaje llamado Colin Harding. Se trata de un propagandista disfrazado de periodista, de un escriba que hace pasar sus opiniones como informaciones. Hace algunas semanas tuvo la extraordinaria desfachatez de afirmar que los ocho penodistas asesinados en Ayacucho lo fueron para impedirles denunciar la existencia de bandas paramilitares en esa región, lo que equivalía a acusar al Gobierno peruano de tramar y ejecutar alevosamente el crimen. Ni la más remota prueba apoya semejante acusación, ni los más parcializados enemigos del régimen lo han formulado en el Perú. El señor Harding no exponía esta tesis como una opinión personal, sino como una evidencia que él, informante objetivo, poma en conocimiento del público británico. El señor Colin Harding perpetra sus contrabandos- -minúsculos, casi sublimina es- -mediante el uso, diestro y avieso, del condicional: parecería que se dice que habría ocurrido que Es un tiempo verbal a cuya sombra se cometen a diario las peores vilezas periodísticas y todo órgano de Prensa digno debería abolirlo de sus oáginas. Tiene el dudoso mérito de constituir una coartada, que exonera al autor de la responsabilidad de sus convicciones o fantasías, y de trocar a estas en hechos difusamente objetivos, en huidizas verdades que el periodista parece haber sorprendido en ia realidad y limitarse a transmitir. Es la primera técnica que debe dominar un narrador de ficciones para que sus mentiras finjan ser verdades. Aplicada a ia información, su uso es siempre un abuso porque ella inevitablemente disuelve ías fronteras entre ia objetividad de los hechos y ia subjetividad del que escribe y hace pasar gato por liebre de una manera imperceptible. Esta técnica permite, por ejemplo, presentar las noticias de tal modo que parezca que en mi país hay represión gubernamental y abusos de autoridad, pero no terrorismo; que los campesinos son asesinados siempre por las Fuerzas del Orden y nunca por los guerrilleros. Cuando las evidencias en contrarío son flagrantes, como en el caso de Lucanamarca, entonces esta técnica permite que la matanza deje de ser un hecho cierto y probado y se vuelva una simple acusación hecha por el Gobierno, como pretexto, sin duda, para nuevos cnTienes. Las torres eléctricas, las fábricas dinamitadas dejan de ser verdades objetivas, se convierten en ruidos inciertos aue carecen de autor y sirven de cortina de numo para la represión. Los que son encarcelados o mueren jamás son terroristas
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jóvenes o viejos que ponen bombas y están dispuestos a matar por sus ideas; no, son siempre estudiantes obreros campesinos a los que el régimen da la impresión de perseguir, poner en prisión o asesinar porque estudian, trabajan, son pobres o se atreven a discrepar. Tampoco dicen nunca que el Gobierno peruano tiene un origen legítimo, pues nació de elecciones libres, y que en Perú este Gobierno es severamente criticado por la oposición en los diarios y en el Parlamento, y que, a diferencia de lo que ocurre an otros países iberoamericanos, en ei Perú ios partidos políticos y los sindicatos funcionan sin cortapisas y que hay una irrestricta libertad de Prensa. Esta omisión- -dato escondido, en términos de estrategia narrativa- -es capital, porque ella impide juzgar con exactitud lo que significa la insurrección guerrillera en el Perú. Esta no combate por destruir una dictadura militar, sino un régimen democrático respaldado por la mayoría de los peruanos. Las habilidades manipulatorias del señor Harding consiguen dejar flotando en el ánimo de los lectores de The Times -la mayoría de! os cuales, claro está, desconoce la situación política peruana- -este embuste: que el Perú es en estos momentos ¡a típica republiqueta iberoamericana en la que un régimen autoritario ejercita la brutalidad cotidiana contra ciertos rebeldes vagamente idealistas.
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Tener como única fuente de información para los sucesos políticos peruanos a El Diario de Marka es como basarse exclusivamente en el Moming Star para conocer la realidad política británica. Con una diferencia: aunque ambos diarios defienden tesis marxistas, el Moming Star es más objetivo y veraz, menos apasionado y delirantémente ideológico en su política informativa. Aun así, el señor Colin Harding tiene todo el derecho del mundo de compartir las tesis marxistas- leninistas de Ei Diario de Marka Lo que es deshonesto es no decirlo y más bien ocultarlo, y valerse de tribunas como The Times o la BBC para difundir como hechos incontrovertibles lo que, en verdad, son presunciones e hipótesis ideológicas. The Times es un periódico de línea conservadora y es también uno de los mejores y más prestigiosos periódicos del mundo. Coincida uno o discrepe de su opinión editorial, es posible no reconocer el esfuerzo de veracidad e imparcialidad con que informa sobre lo que ocurre en el mundo (y no admirar la buena prosa con que suele estar escrito) Sólo por el hecho de aparecer en The Times las inexactitudes y fabricaciones del señor Colin Harding adquieren respetabilidad y aura de verdades. Que un diario como The Times pueda ser el instrumento de que se valen los enemigos de la libertad para asestar pequeñas puñaladas publicitarias a un país que trata- -difícilmente- -de consolidar una democracia recién recuperada ¿no es una formidable paradoja? En realidad no lo es. Porque el señor Colin Harding no es una rara avis, sino el prototipo de una especie numerosa. Abundan en los países del mundo occidental. Están en los grandes diarios, en las radios, en las televisiones, en las Universidades. Bajo el camouflage de especialistas en Iberoamérica contribuyen más que nadie a propagar esa imagen de sociedades salvajes y pintorescas con que muchos nos conocen en Europa por las distorsiones que ¡levan a cabo cuando simulan describirnos, investigamos, estudiarnos. Iberoamérica es, para ellos, una estratagema que les sirve para desfogar sus frustraciones políticas, esas quimeras revolucionarias a las que sus propias sociedades no dan cabida. Una aclaración para terminar. El Gobierno peruano no está exento de defectos y reconozco a todo el mundo, peruano o no. el derecho de criticarlo, de reprocharle, por ejemplo, su política económica, su incapacidad para contener la corrupción administrativa o el espantoso tráfico de drogas y muchos otros problemas en los que ha mostrado ineficiencia. Creo que la crítica es indispensable y que debe ser siempre bienvenida, porque la democracia- -a diferencia de las dictaduras- -se robustece con ello. Mis objeciones no son a las críticas ni a las opiniones desfavorables que puede merecer el Gobierno de mi país (un Gobierno del que yo no formo parte) sino a que se lo combata, en instituciones democráticas como The Times con las armas antidemocráticas del señor Colín Harding.
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EL PERIODISMO COMO CONTRABANDO
Hablo así del señor Colin Harding porque le he visto operar en vivo, en un estudio de la BBC, ai que habíamos sido invitados para discutir sobre el Perú. Allí íe oí afirmar, con el mismo desparpajo con el que produce sus magias periodísticas, mentiras de este calibre: que el teniente Ismael Bravo Reíd, de la Marina, jefe de la patrulla que llegó primero aUchuraccay después del asesinato de ios periodistas, había confesado que éstos fueron matados por un grupo paramiiitar de cincuenta hombres ¿Dónde ha aparecido semejante confesión? El teniente Bravo Reíd fue interrogado minuciosamente por mí y por los otros miembros de la Comisión investigadora de la matanza y su testimonio- -que ei Gobierno peruano debería haber publicado- -coincide, en lo esencial, con los de todos los otros declarantes, civiles y militares, que corroboran la propia declaración de los comuneros de Uchuraccay de que ellos realizaron el crimen. ¿Existen esos grupos paramilitares en la sierra peruana? El señor Colin Harding aseguró en la BBC que la región donde murieron los periodistas estaba sembrada ae grupos paramilitares La Comisión investigadora buscó afanosamente pruebas de ia presencia de estos grupos en la región y no las encontró. No digo que no existan: digo que no sólo los militares a los que interrogamos, sino también los civiles, ¡os propios campesinos de la región, negaron su existencia. ¿Cuáles son, pues, las fuentes en las que el señor Harding fundamenta su acusación? Primero, no quiso decírmelas. Ante mi insistencia indicó que era El Diario de Marka
Mario VARGAS LLOSA