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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 17 JULIO 1983 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC CALIDAD REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN Y TALLERES SERRANO, 61- MADRID- 6 E N tiempos difíciles lo único aconsejable es hacer las cosas guerra civil, para tomar magnitudes compabien. Y precisamente la tentación es hacerlas mal o por lo menos no cuidarse de su rables. ¿Qué figuras públicas merecen calidad. Cuando se ve que las estimacionuestra estimación, o simplemente nos panes son vacilantes, que se elogia o se viturecen interesantes? ¿Qué artistas nos papera por motivos que no tienen que ver con recen valiosos? ¿Qué libros de entonces el valor de la conducta o de la obra; que seguimos leyendo? ¿Qué ideas, qué juicios- -sobre todo- -se administra el silencio de resultan respetables, incluso a los ojos de tal manera que se pasa por alto lo imporsus propios autores, de manera que los retante, como si no existiera, y se habla intercuerden y repitan? minablemente de lo que no tiene más realiPero lo interesante no es separar lo que dad que ésa, la de dar que hablar es ha perecido de lo que sobrevive, sino enfácil pensar: ¿Qué más da? y abandonarse, contrar qué tenía esto último para asegurar o plegarse a las demandas de los que, su pervivencia. Invariablemente aparecerá según piensan, hacen la opinión la calidad. Y esto nos pone sobre la pista del núcleo de la cuestión, de lo que conPienso estrictamente lo contrario. Cuando se dan esas condiciones es absoviene ver claro. lutamente necesario hacer las cosas lo Para entender mejor de qué se trata, tómejor posible. Y empleo esta expresión mense diez, veinte, treinta figuras públicas porque es aplicable a todos los niveles de del último medio siglo, y examínese qué excelencia y no supone ni requiere ninguna han apoyado, elogiado, defendido, estugenialidad, ni siquiera unas dotes excepciodiado a lo largo del tiempo. Véase con alnales. Siempre he creído que las dotes son guna precisión cuáles han sido sus causas relativamente secundarias, y que lo impor (y en ello incluyo los temas que les han patante es lo que se hace con ellas. Y esto recido dignos de ser atendidos, estudiados, está al alcance de todos, y por eso somos investigados) Se podría hacer un estude ello responsables. pendo cuadro sinóptico, verdaderamente Yo recomendaría a todos los que quieren a l e c c i o n a d o r Se v e r í a qué ha ido tener ideas claras que repasaran en su meatrayendo la atención, la aprobación, tal moria lo que ha sucedido- -en España vez la veneración de unos y otros, decenio ante todo, pero se puede generalizar o tras decenio. Países, ideologías, doctrinas, trasladar a otros países- -a lo largo de sistemas políticos, políticas concretas, figueste siglo, para no tomar las cosas desde ras públicas, maestros, modelos, autores y muy lejos. Véase qué figuras, qué autores, obras de cada presente; se vería también qué obras han parecido eminentes y han- -y esto es importante- -en qué o en quién recibido plena iluminación; considérese qué ha ido poniendo cada uno su esperanza. ha pasado con esas obras o personas al Esto daría un inesperado ¿Quién es cabo de algunos decenios; se advertirá que quién? no nutrido de datos inertes, como una parte muy grande se ha desvanecido enteramente, ha dejado de formar parte de los usuales, sino vivo, interpretativo, proyectivo, capaz de orientarnos sobre el la realidad actual; cuando se vuelven los ojos a lo que estuvo en primer plano de la mundo en que estamos viviendo. Y ello permitiría lanzar una mirada prospectiva al atención, en muchos casos resulta injustififuturo hacia el que estamos proyectados, cable, increíble, y uno se pregunta por qué en el cual vivimos ya, y muy principalse le dio importancia. mente, una mirada que ayudaría a que ese En cambio, otras figuras públicas, otros porvenir no fuese demasiado estúpido o silibros, cuadros, músicas, ideas, películas, niestro. crecen al cabo de los años, suscitan admiPero quiero salir al paso de un error que ración, entusiasmo; y, lo que es más, esperanza. Invariablemente se reconoce en sería peligroso, que invalidaría todo lo que esos restos del pasado una alta calidad, un hasta ahora he querido decir. Al mostrar la esmero en su realización- -o un esmero en la conducta, cosa que tanto se olvida- un grado de autenticidad que los salva del peligro de marchitarse, de ser algo antiOro en lingotes cuado Cuando a esos restos acompaña J Monedas Krugerrand la grandeza se convierten en clásicos; T íamíintp cuando son modestos, simplemente forman II parte de nuestro mundo, por lo menos de nuestro país, acaso de nuestra lengua. Si dejamos el pretérito y volvemos los ojos al presente, cabe ejercitar la imagina. ción y adivinar qué será en los primeros Centro de Inversión del Oro decenios del siglo XXI de lo que ocupa y del Diamante, S. A. nuestro escenario público. No es muy difíTorres de Jerez. Plaza de Colón, 2 cil. Háganse las cuentas de lo que ha soTeléfs. 419 68 91- 94- -MADRID- 1 brevivido, por ejemplo, del primer decenio del régimen que imperó desde el final de la coincidencia de la calidad con la pervivencia no me he propuesto sugerir que debemos buscar la calidad para asegurar nuestra perduración. Este cálculo, que parece hábil, se volvería contra nosotros, porque nunca lograríamos esa calidad si la persiguiéramos animados por la creencia de que trae cuenta Ante todo, porque casi nunca trae cuenta, al menos durante mucho tiempo; en segundo lugar, porque las cuentas, en casi todo lo humano, suelen ahuyentar la calidad. Es bien claro que así sucede en el amor, en la amistad, en la religión; pero también en todo lo que, por contener un elemento de creación e inspiración, se acerca a esas realidades: la literatura, la filosofía, la ciencia, el arte; y también la política, si merece llamarse así. Sin una dosis de desinterés, de lirismo, de íntima efusión, la calidad se evapora. Nada se puede esperar de un amor, de una amistad personal, de un libro, un cuadro, una teoría, un proyecto de vida pública, si eso falta. El acierto, lo que hace posible la supervivencia, no se puede buscar directamente, ajustando las cuentas; es, como decía Aristóteles del placer, un fin sobrevenido algo que cae sobre nosotros, inesperadamente, cuando hemos buscado otra cosa. Ni siquiera vale el deseo de que la cosa quede bien hecha. Vale, pero no es suficiente, no puede ser el origen vivo de esa calidad de que hablo. Lo decisivo es la complacencia en el hacer mismo. Es menester que no nos importe demasiado lo que pase con eso que hacemos; podemos muy bien defender una causa perdida, estimar un país al que todos denigran, prestar una adhesión viva a una doctrina abandonada o escarnecida, sostener una política que no va a triunfar, amar a quien no nos va a corresponder, escribir un libro que no tendrá éxito, del que nadie hablará- -o hablará mal- reconocer a un maestro al que todos vuelven la espalda. Más aún: podemos en cierta medida desentendernos de la perfección que alcance nuestra obra, estar dispuestos a admitir que no es ninguna maravilla. Lo decisivo es que para nosotros cuente hacer eso que hacemos, que sea precisamente, en cualquier orden de la vida, lo que tenemos que hacer. No porque nadie nos lo mande, sino al contrario, aunque nos lo desaconsejen, nos disuadan de hacerlo, nos lo prohiban: porque tenemos que hacerlo para ser nosotros mismos; para no encontrar, al cabo de los años, que esa vida que hemos vivido, que se resumirá el día en que se escriba nuestra necrología, no era la nuestra; ni siquiera la de otro: la de cualquiera. Cuando se habla de pervivir, perdurar, quedar, se olvida el supuesto capital, el que hace inteligible hablar de salvación: ¿quién? Por eso no se piensa- -al menos así lo parece- -en eso que solía llamarse salvación. Julián MARÍAS De la Real Academia Española