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VIERNES 15- 7- 83- LA FIESTA NACIONAL: Novena y última corrida de ios sanfermines ABC. püg. 47 Paca OJeda perdió la Los toros de Jandilla desbordaron a los toreros Pamplona. Enviado especial Y legaron los toros de Jandilla para cerrar la feria, la muy digné feria del toro de Pamplona. Ya se sabe que los de Juan Pedro Domecq no tienen caja, no es un toro espectacular, ni mucho menos, del cuajo y hechuras de los que se han venido lidiando estos días en la capital navarra. Los enemigos de la brava ganadería de Juan Pedro Domecq lo tenían a modo: era el momento para destrozar a un tiempo a los propietarios de la vacada jerezana y a la vez a las figuras que habían venido a matar la corrida más chica de la feria. El primero del Niño d e r l a Capea salió noble, pefo con la fuerza muy justa. El de Salamanca comenzó a pegar sus habituales ti rortes, intercalando algunos mulétazos de mejor corte, para volver en- sejjüklá á 4 á violencia, t i animal perdía las manos. La faena resuHó de lo más deslucida Cuando mató de uña estocada trasera, el público apenas sí se pronunció en favor del Niño de la Capea torero. El segundo de la tarde saca clase y nobleza, pero todavía rhenos fuerza que el otro. El jJÚbticO se enfada. Emilio Muñoz se empeña en meterte en la muleta, pero el toro, cada dos por tres, se acuesta y se levanta entre el natural disgusto del público, que la emprende con Muñoz, pues éste, dejándose Nevar de sus deseos de agradar; prolonga la faena hasta convertirse en un pelmazo. Cuando mete el acero el público le pita. Acabaron los sanfermines con otro soberbio encierro El petardo Y ya está aquí el tercero de Jandilla. Ha llegado la hora del chupinazo, del petardo mas sonado de la feria y tal vez de la temporada. Paco Ojeda se hace un lío. No entiende a su enemigo desde el primer momento. La fiera ya al caballo con prontitud, pero su matador recomienda que no le zurren, pensando en lo que había ocurrido en los dos anteriores toros. El animal se crece en banderillas y llega a la muleta altivo, rápido, descarado. Paco Ojeda interpreta todo aá revés. No se dobla con él, ni siquiera cuando recibe las primeras tarascadas. A raíz de la primera voltereta, de la que se levanta sin mirarse, insiste en los derechazos, citando sin sitio, descruzado, dispuesto nada más que a soportar los atragantónes. Los pitones van Paco Ojeda continuamente por encima del palo de la muleta. No somete. No se le ocurre recurrir a los pases de castigo, aunque fuera tardíamente. Tampoco sé le pasa por la cabeza forzar la faena al comprobar qué el toro puede más que -St Permitequi él- animalf una y otra vez, le ponga tos pitones en el cuello. La plaza se transforma en un ¡ay! pero Ojeda no reacciona. El hombre intenta llevar larga la embestida, pero antes de rematar el pase, sin darte tiempo a girar, ya tiene al toro de nuevo Pamplona. V. Z Los, toros de Jandilla (de Juan Pedro De mecq) de Jerez de la Frontera, han protagc nizado un encierro rapidísimo. Afortunada mente ha transcurrido sin ningún incidente Los mozos pamplónicas, una vez más, corrie ron a placer. Los sanfermines están finali zando y apenas si hay extranjeros, ni siquier, forasteros del país, en a capital navarra. Son los propios pamplónicas los que cp en los lazos de las zapatillas o en la cadera, rren en el encierro con incomparable des que es peor. treza. En poco menos de tres minutos ha. acabado con el encierro de hoy. Carrera per Dos volteretas más sufnría el de Sanlúcar de Barrameda. Afortunadamente sólo le rom- fecta, sin incidentes: desde Santo Domingo pió la ropa. El publico le ovacionaba, pero tos siguiendo por Mercaderes, calle- de la Esta aficionados, tos toreros y el propio Ojeda per- feta hasta entrar limpiamente en la plaza d tibían él tremendo petardo que estaba pe- toros. gando más poifalta de habilidad y destreza Los relevos se han sucedido formidable que por ausencia de valentía, que no le faltó mente. En ningún momento los mozos nava en ningún momento. rros han perdido el mando. Los toros de Jan dilla han corrido muy reunidosy pérféetamentí arropados por los cabestros. Esa espada... Entraron en los corrales, mientras sonabe Ojeda quiso matar tirándose encima. Todas el tradicional chupinazo de fin ffl encierro stf Jas veojas salí 4 rebotado, porque no baja la la intervención, innecesaria en este caso, d mano; izquierda. No vaa a. Se queda en la tos dóbladores. cara, Y no se ía raro que en una tarde de acierto á meteíael acero sufra un serio percance. Cinco pinchazos; estocada y; descabello. Por fin acabó lo que parea a que podía en Pamplona se llega a producir en una pjazí terminar en un iWaterloo. El público reaccionó serena, sin bulla, Madrid o Sevilla por ejem con una gran ovación, olvidándose hasta del plp, le habría costado muy caro profesional mente. Debe poner cuidado en aprender e aviso que escuchó. Nosotros nó podíamos oficio, en aprovechar k) mucho que torea par; dejar de acordarnos de lo mal que estuvo, de lo feamente que toreó y, sobre todo, de esa depurar su técnica, que no sólo con la quie tud y estoicismo- -sus dos virtudes- -r se pue forma de perderla cabeza, atolondrado, entregado á su propio coraje, a su pundonor, ol- den torear casi cien corridas por temporada. vidado de que ahora mismo es la máxima figura del toreó, lá dé más cartel y mayor Deslucidos responsabilidad, que Al Niño de la Capea, en el cuarto, tampoco debe ápréridérf- cuanto le fue posible el lucimiento. Le sirvió la lee antes a estar m a l ción de Ojeda en el toro anterior para permití cuando hay ojie estar que le zurraran en varas al de Domecq. E mal, que es rri difícií animal llegó al último tercio aplomado, con le que estar bierj con el cara alta, como sus hermanos y sin recotoro bueno, ptí s de lo rrido. El de la Capea, que a estas, alturas contrario ya a pagar ¡qué barbaridad! va a saludar al presidente con sangré tanta tordespués de matar al segundo toro, se encon peza. i; tro con la indiferencia general como conse En el sexto- ívOlviq a cuencta de su faena de quiero y no puedo. tragar la alta eipbestida Emilio Muñoz tampoco encajó la arrancad; del toro de Jandilla. El alta y corta de su segundó toro, El de Triant genio del animal ya era se mostró porfión, pero se desengañó y opte más reposadojique el esta vez por la brevedad. de su hermano y La corrida de Jandilla resultó muy deslu Ojeda, sin sai Ójeda, Emilio Muñoz cida para los toreros. Equivocó al público torpón y con escaso pues no se lé dio importancia por su tamaño sitio, hizo alardes de valor, especialmente en un pase de pe rjo con el toro parado en las niuy en el tipo de la casa, que no da produc zapatillas. Mató de un pinchazo y una esto- -tos más grandes; pero lista toda la corridí como ella sola, con malas pulgas, sin humi cada. Le ovacionaron en el momento de abandonar la plaza. Si el petardo de hoy l l a r Así terminan los sanfermines La bombe final ha llegado dé (a mano de Paco Ojeda, que deba serle aleccionador. Se impone la intención de pulirse y no la dé amanerarse. Ahora empieza a torear con el brazo izquierdo levantado cuando tóreaLcon la derecha. Tolera que los peones lé saquen y le pongan los toros én el caballo. No caigamos en la rutina. Si se manda én esta profesión, si se cobra más que nadie, si el público le sigue con entusiasmo, rio puede jiagarles con la moneda del valor a secas. Es necesario superarse. En los dos últimos meses no ha progresado nada, aunque ha toreado mucho. ¡Ojo, muchacho! Í Vicente ZABALA