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SÁBADO 4- 6- 83- LA FIESTA NACIONAL -ABC 57 Los intelectuales y los toros a mi entender, tiene varias vertientes diferenciadas, aunque nunca demasiado nítidas, pero los datos de primera mano que aporta, el minucioso trabajo de investigación y de síntesis y la clarividencia en la interpretación y el juicio, hacen? de su Rito y juegos del toro un libro excepcional. Estudia Alvarez de Miranda un tema muy conocido: la corrida nupcial. Las primeras corridas en España se celebraron en ocasión de las bodas. La corrida más antigua, según el conde de las Navas, fue en 1080 con motivo del matrimonio en Avila entre el Infante Sancho de Estrada y doña Urraca Flores. Pero la intervención del toro en la ceremonia nupcial es anterior y común a la mayor parte de las regiones de España. Gracias a una cantiga de Alfonso el Sabio y a otros textos y representaciones artísticas, se puede reproducir bastante fielmente una corrida nupDespués de comer dijo el cial. Antes de la boda, el novio padre a tos caballeros: corría un toro y lo conducía a- -Ahora a los baños, a bacasa de la novia. Los mozos le ñarse al río. pasaban con sus capas y le lanY entonces dijo Carlos: zaban para enfurecerle azagayas- -Espérenme un poco, que yo y arponcillos, origen muy posible tengo que ir a hacer mi necede las banderillas actuales. Para sida. correr al animal por las calles del Conque se fue solo y se sentó pueblo los mozos utilizaban sus en un canto muy triste, cuando capas de vestir, el tradicional cavio venir un bicho con unas pote español de color gris, casi astas muy largas. Y se acercó le idéntico al que en su versión roja dijo que se desnudara. Y se desy amarilla se emplea en las monudó, y el bicho, que era el oridernas corridas. En una miniacuemo, le hizo una cruz con el tura de las Cantigas de Santa cuerno sobre el empeine y al María (códice de El Escorial, Tmomento la moza se volvió nomJ- l) la forma como un mozo bre. Y se desapareció el orítiende el capote al toro tras una cuerno, y Carlos volvió al río valla es idéntica a la del peón donde estaban los hombres y se actual tras el burladero. La novia desnudó y entró a bañarse, y tenía también su intervención. Lo todos vieron que era hombre. que pretendía el novio con este Conque ya todos vieron que juego era poner los vestidos de ella en contacto con el animal no era mujer. Y se volvieron genésico, contacto destinado a todos a casa. Y cuando vieron transmitir mágicamente la virtud que también Carlos venía, entró del toro es decir, garantizar el criado y le dijo a la novia: que el matrimonio tendría hijos. ¿Sabe usté, señorita, que Se escogía, por eso, un toro partambién viene Caríos? Y ella, que como sabía que ticularmente bravo, porque la bravura es, ante todo, el expoahora sí iban a ver a que Carlos nente del hipergenitalismo no era hombre le había dicho Como se ve, ese factor de la adiós por la eternidad, se sorbravura está siempre en el fondo prendió mucho y le dijo al criado: de la fiesta. Sin él no existiría la- -Pero ¿cómo es posible? corrida. El rito taurino nupcial, ¿Sabes lo que dices? origen medieval de las Y salió al balcón y le vio venir. que es elde toros, explica, por corridas Y ya llegó Carlos y le contó a ejemplo, el actual empleo de la ella lo que le había pasado. capa, de las banderillas y de la El factor sexual es, sin duda, muleta, es decir, de los instruuna de las vértebras dorsales en mentos que se utilizan para ejeel origen de la moderna corrida cutar las principales suertes. La de toros. Sin la creencia popular vara deriva más bien, según alen la capacidad mágica del toro gunos historiadores, del alanceo para transmitir et poder genético, caballeresco. (Insisto en este posiblemente no hubiera llegado punto sustancial porque es muy a cuajar la corrida tal y como la frecuente entre ios aficionados contemplamos hoy. Sobre esta españoles la afirmación de que idea, Ángel Alvarez de Miranda la fiesta de los toros, la lidia a escribió hace tiempo un libro funpie, deriva del alanceo a caballo. damental, de lectura imprescindiLas corridas nupciales, que se ble para todos los que quieran celebraban en casi todos los estudiar con seriedad el origen pueblos de España, corridas an- de la fiesta. Tal vez el gran historiador pansexualizó un lema que, N la carta 531 de su célebre Opus Epistolarum (Alcalá, 1530) Pedro Mártir Anghiera da testimonio de que Fernando el Católico tomó un brebaje, compuesto por testículos molidos de un toro, con la esperanza de tener hijos de su segunda mujer, Germana de Foix. Clareaba ya la Edad Moderna y todavía los españoles, incluido el Monarca, creían en el poder mágico del toro para transmitir y transustanciar la potencia procreativa. Espinosa, en una obra que es un racimo de fruta fresca para el buen gusto literario, recoge la tradición española del oricuemo. Se cuenta en ella la historia de una muchacha que tomó el nombre de Carlos y se hizo pasar por hombre para escapar de la justicia. Carlos comenzó a trabajar en un pueblo, y la hija de su amo se enamoro de él. Se casaron. La esposa, al descubrir el sexo del marido, prefirió ocultar el hecho, pero como sospecharan el padre y sus amigos, le llevaron un día de caza para obligar a Carlos a bañarse en e ¡río y salir de dudas. E Los orígenes de la fiesta (I) Por Luis María ANSON teriores en varios siglos al toreo a caballo, demuestran claramente que el origen de la fiesta es popular y no caballeresco. El toro considerado como depósito de energía engendradora se remonta al alba de la Historia y penetra en todas las religiones pnmitivas. Al nombre sumerio del toro, gud se le añade des- Luis María Anson pues el nombre de los órganos sexuales, gio Todas las primeras denominaciones del animal, recopiladas por Miranda: bulle en alemán antiguo; bofe en viejo normando; el bulluc anglosajón y el más conocido apodo griego phallos aluden a la potencia sexual. Y lo mismo ocurre con las artes del toro, siempre entreveradas de la imagen ithiphalica La prueba medieval del toro contra la sodomía responde a esta misma ¡dea. Los hetitas y los árameos llamaban al toro el que trae la lluvia El agua empapa la tierra y la penetra hasta su entraña para sentir el nuevo latido de vida. El toro derribado sobre el pecho de España derrama su sangre fecunda y humillada, tensos en el arco de los pitones milenios de ritos y costumbres ancestrales. Las corridas de toros son, pues, el resultado de oscuros ritos religiosos, del sacrificio expiatorio, de ias costumbres ancestrales de la tierra y del viento, del circo de la Roma colonizadora, de paganos terrores, del arte nuevo de la lidia. Todos esos ingredientes sustanciales y algunos más ocasionales se entreveran y se funden entre sí, en cuatro milenios de Historia, para producir la soldadura que hoy llamamos corrida de toros. Espigar los orígenes religiosos de la fiesta taurina es tarea imprescindible para abordar, desde la necesaria altura intelectual, un hecho histórico como el de los toros, tan trascendente en el recto entendimiento del homo hispanus y del ser de España. Las ramas y el tronco del árbol están a la vista y, por eso, desenterrar las raices constituye esfuerzo arriscado y apasionante. La equivocación entre tanta tierra vieja como estruja esas raíces y las confunde es fácil, pero vafe la pena correr el riesgo y meter las manos en el hoyo milenario hasta tocar la savia primera del sacrificio de los toros. Ortega, con agudeza, y Cossío, con erudición, y también Menéndez Pelayo y Vossler, por ejemplo, se han ocupado del problema. En el antiguo Oriente Medio, el toro fue siempre el símbolo de la fuerza viril y de la divinidad, y a veces la divinidad misma. Asi, Marduk y Sin, en Babilonia: así, El, en Fenicia; así, Tot y Osiris, en Egipto. Un hijo de Osiris, Hércules, al que no hay que confundir con el olímpico, vino a España para terminar con los rebaños de toros de Gerión. Se entrelazan aquí los mimbres de la Historia y la mitología en un cañamazo muy interesante. En el antiguo Egipto también se veneraba a foros vivos, Apis y Mnevis, como encarnaciones divinas. En algunas tribus árabes de la época se le adoraba como dios luna. Los cauces de la penetración taurina en España son varios, pero el de los árabes puede ser uno de ellos. En la Edad Media española hay algún rito muy preciso que relaciona al toro con Ja luna. V esa relación, absurda e incomprensible sin el origen religioso, llega hasta una buena parte de la poesía taurina contemporánea. Los hebreos llamaban al toro y al becerro egel que es un término despreciativo. Yeroboam, en el siglo X antes de Cristo, instituyó eT culto al becerro en los santuarios de Bet- EI y Dan. Con ello evitaba que sus subditos desangraran la hacienda del reino acudiendo al templo de Jerusalén. Los sacerdotes de la Ciudad Santa se dieron cuenta de qué perdían el turismo de aquella época, que eran las peregrinaciones. Así es que acusaron de apóstata al culto del becerro. Noth, en un libro reciente- -Ueberlieferunqsgeschichte des Pentateuch- lanza la audaz teoría de que la orgía ante el becerro de orp, permitida por Aarón mientras Moisés ascendía al Sinaí, era en realidad una reacción contra la apostasía de BetEI y Dan. Posteriormente los israelitas, y más tarde la tradición cristiana, modificaron el símbolo divino y se lo atribuyeron, sobre todo, al cordero. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. La simbología animal todavía tenía mucha fuerza en tiempos de Jesucristo, y el Nuevo Testamento representa al Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad Divina, en forma de paloma.