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MIÉRCOLES 27- 4- 83- OPINION -ABC, póg. 15 del colé se ha quedado en algo así como una edición clandestina del catecismo del padre Ripalda. piense que QUE nadie hacer política vamos a menor con este escándalo. Que ningún electorero de turno crea que ABC va a aprovecharlo para atizar campañas partidistas. Perderíamos la ecuanimidad si endosáramos este pasaje vergonzoso al Gobierno socialista o a la Dirección General de Televisión. A este Gobierno, como a todos los Gobiernos; a este director general, como a todos los directores generales, les pueden meter un gol. Sin duda, hay campañas en marcha de descristianización de la sociedad y de corrupción de la juventud. Pero estamos seguros de que el Gobierno socialista no puede mostrarse de acuerdo con que se transmita por televisión, para que lo vean y escuchen los niños, la canción que alimenta el gran escándalo producido. No se t r a t a pues, de disparar por elevación, ni de lesionar una gestión política. Se trata de que el Gobierno y el director general de Televisión tomen las medidas necesarias para que no sorprendan su buena fe, para que no se reproduzca con ésta u otra canción, con éste u otro programa, el grave escándalo que enciende hoy de vergüenza nuestra página editorial. A libertad de expresión es la más preciada conquista para la convivencia humana. Sin ella, la democracia política se convierte en una farsa, el pluralismo ideológico en un mito. España alcanzó formalmente la libertad de expresión gracias al texto constitucional aprobado por la mayoría de los ciudadanos en 1978. En las alambradas de la dictadura se dejaron jirones de piel los escritores y periodistas que lucharon por la libertad. Muchos fueron los sacrificios y profundas las heridas, ya olvidadas, ya cicatrizadas. Cuando Su Majestad el Rey Juan Carlos I firmó la Constitución, se abría para nuestra nación un tiempo nuevo de paz y libre convivencia. L YA BASTA médula, está hecho por profesionales de oídos curtidos, ajenos a cualquier pacatería. ERO la canción reproducida en recuadro en esta página y transmitida por Televisión Española a una audiencia mayoritaria de jóvenes, adolescentes y niños, degrada a la sociedad española, subleva al padre de familia, indigna al ciudadano responsable, quebranta. la intimidad- del hogar, lesiona lo establecido en la Constitución y traspasa los límites de lo tolerable. Es una vergüenza, lo mismo aquí, en España, qué en cualquier otro país de la Europa democrática. No existe una nación civilizada, desde las Monarquías nórdicas a las Repúblicas mediterráneas, donde un atropello de esta clase puede consumarse de forma impune. P al submundo de la patología sexual tiene en las sociedades libres sus lugares adecuados, pero pasar de los ámbitos restringidos a la televisión monopolizada por el Estado, un sábado y en un programa con audiencia masiva de niños y adolescentes, equivale a salir de la permisividad para acercarse al delito público. SPAÑA, la España de la Monarquía democrática, la España de la libertad de expresión, ha suscrito, de acuerdo con la Constitución, los Tratados internacionales que protegen a la infancia del abuso, del escándalo público y de la degradación de la conciencia. Esa protección a los niños y adolescentes ha sido brutalmente escarnecida- desde la misma televisión del Estado. Comparada con la trufa deslizada en la pequeña pantalla por el señor Tena, El libro rojo E E L a r t í c u l o 20 de la norma constitucional consagra la libertad de expresión y lo hace generosamente desde el periodismo a la cátedra, desde la creación literaria a la técnica. Pero como la libertad de todos exige un límite en la libertad de cada uno, lá ley fundamental española prevé los abusos que se pueden cometer al ejercer los derechos constitucionales. Así, en el punto 4 del artículo 20 de la Constitución se establecen los límites a la libertad de expresión en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y la infancia. L Á circulación de imágenes y textos destinados ME GUSTA SER UNA ZORRA ABC ha sido siempre hostil a publicar obscenidades. Desde su fundación, este periódico se ha esforzado en presentar, por respeto al lector y a sus propios principios, un lenguaje cuidado y limpio de procacidades. El editorial de hoy, sin embargo, carecería de auténtica significación sin la reproducción íntegra de la canción Me gusta ser una zorra transmitida por Televisión Española a una audiencia formada especialmente por adolescentes. Varios millones de españoles escucharon el texto que, con vergüenza por nuestra degradación ciudadana, publicamos a continuación. Y lo publicamos porque de no hacerlo el lector no creería que las cosas han llegado a tal extremo. Si tú me vienes hablando de amor qué dura es la vida cuál caballo te guía Permíteme que te dé mi opinión mira imbécil que te den por culo Me gusta ser una zorra (estribillo) Cabrón Prefiero masturbarme yo sola en mi cama antes que acostarme con quien me hable del mañana Prefiero joder con ejecutivos que te dan la pasta y luego pasa al olvido Me gusta ser una zorra (estribillo) Cabrón Dejando ahora mi profesión te pido un deseo de todo corazón Quiero meter un pico en la polla a un cerdo carroza llamado Lou Reed Me gusta ser una zorra (estribillo) Cabrón P UES bien: esos límites constitucionales han sido ampliamente transgredidos por Televisión Española en el programa La caja de los ritmos que ven especialmente los adolescentes y que se transmite tras un espacio infantil los sábados, día de vacación de los niños. S ÁNCHEZ Albornoz, en su España, un enigma histórico demuestra cómo lo rahez es una constante del hombre español. Desde el Romancero hasta Cela existe una larga tradición de desenfado y erotismo en la literatura española. Este periódico, ABC, liberal hasta la ADA hay en esta dolorida protesta que abogue por el retorno a la represión de la normalidad sexual- -que tantas anormalidades creó en n u e s t r o país- -ni por la ocultación hipócrita de la realidad. La tradición europea de la libertad civil ha supuesto la erotización de una parte de su cultura como muralla firme frente a la pornografía. Pero el espectáculo ofrecido un sábado al mediodía a nuestros niños no tiene nombre. Es un escarnio. Y exige de todas las personas responsables en él Gobierno y en la sociedad la respuesta con que titulamos hoy esta página: ya basta. N