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XII ABC Cine- SÁBADO CULTURAL Ensayo- ¡Hola y adiós! Charlotte Chandler Tusquets editores. 422 págs. ¿Es de llorar o de risa? cuenta Groucho que le preguntó un posible asistente al espectáculo que los Hermanos Marx presentaban, en una ciudad perdida, antes de sacar la localidad. Cabe imaginar la respuesta, cualquier respuesta, objetiva o casi genial, por parte del preguntado. Y cabe, también, comenzar así el CO mentarlo de ¡Hola y adiós! el denso y prolijo libro de Charlotte Chandler, dedicado a Grooucho y sus amigos indicando, para lectores desconfiados, que es un libro de risas y de nostalGroucho Marx gias, que no llega a ser una biografía, que es una colección de estampas, sin demasiado orden y sin ningún, concierto aparente, alrededor del personaje, el cómico del cabello alborotado, el bigote pintado, las cejas trapecistas y el perenne puro en la comisura. Charlotte Chandler fue, enviada por la revista Playboy a entrevistar a Groucho. La entrevista se publicó y Charlotte se convirtió en una de sus más fieies amigas. Los últimos años de éste tuvieron como testigo permanente a la escritora. Almuerzos, cenas, viajes, la entrega cal osear honorario en 1974, fiestas en casas de amigos comunes... Charlotte Chandler lo apuntaba todo: los recuerdos de Groucho, sus diálogos, las reacciones que provocaba en los demás, sus entradas y salidas de ios restaurantes, sus gustos gastronómicos, sus pequeñas y grandes manías, sus temores y alegrías, sus silencios también. Y alrededor de Groucho, sus amigos y parientes, las gentes, vivas o rememoradas, que poblaban sus horas y sus días. Cuando Charlotte Chandier comienza su narración, Groucho es, ya, una sombra del pasado. El presente del casi octogenario- -fallecería en agosto de 1977, con ochenta y seis años- -se mezcla con la rememoración de sus años infantiles, en la calle 93 de Nueva York, cuando Sam, el padre, ejercía de sastre, públicamente, y de cocinero, en privado, mientras Minnie, la madre, ejercía mil actividades para que la familia Marx saliera adelante. Groucho cuenta, a través de la prosa de la autora, la obsesión de su madre por el espectáculo, actividad en la que el tío Al se había distinguido. Los Marx, por etapas sucesivas, fueron ruiseñores y mascotas formando grupos, más o menos canoros, con aigún acompañamiento foráneo, destinados a engrosar las filas, más o menos grises y numerosas, de los artistas del music- hall A! Groucho ochentón le encanta el pan de centeno con pasas untado de mantequilla que Charlotte le trae desde Nueva York a su soleada California. Y Groucho revive el tiempo en que una barra de pan de centeno costaba cinco centavos, sólo cuatro si era del día anterior. Y cómo ahorró, a base de pan duro, cuarenta centavos para él y Otros cuarenta para su primer amor, rubia y con trenzas, a fin de invitar al cine a su chica. Luego, la primera guerra mundial; Gummo que va al frente, salvando el honor bélico de la familia, y los Marx que se decantan. Y a continuación el éxito, la revista Y tanto que lo es el dinero que fluye, el cine que aguarda, la fama permanente. Groucho sigue haciendo frases- siempre salgo con dos mujeres; detesto que las chicas vuelvan a casa solas recibiendo en su casa a Jack Nicholson, a Elliott Gould, a George Segal, cantando horribles canciones para gozosa desesperación de sus invitados, amante de los paseos matinales al sol de California y de los helados de vainilla, cuidadoso hasta la exageración, después del primer infarto, de su régimen alimenticio, y desde siempre de la puntualidad cuando se trataba de recibir visitas. Se interpolan nuevos recuerdos, sin seguir una cronología exacta, en un continuo vuelta atrás mezclando un presente que se ha hecho pasado- ¿Sabes qué me da pena? ¿Qué? No leer tu libro -y un pasado más o menos remoto, donde se alternan las observaciones nítidas de viejo que revive con minuciosidad pasajes de un tiempo lejano, con reflexiones nacidas de los propios recuerdos. Mujeres, hijos, divorcios, más mujeres, teatro, películas. Leo McCarey fue el mejor director con el que trabajé. Me hubiese gustado hacerlo con Lubitsch, Mamoulian y Clair, y a ellos también. Charlotte Chandler deja fluir sus notas, las agrupa por capítulos: Soy demasiado rico para comer pan Nunca beso a una chica fea Tengo la llave dé mi portaj Me parezco a George Washington con bigote Me quedo con aquellos a quienes quiero de verdad Si se ríen, déjalo en los que Groucho desgrana, con anécdotas y episodios vitales, sus convicciones, políticas, sociales y religiosas, sus conceptos del amor y de la mujer, del éxito y del fracaso, de la vida y de la muerte. ¿Crees en el amor de computadoras? le preguntan. Sólo en el caso de que las computadoras se quieran de verdad. Mi educación es autoinfligida. No pasé del séptimo curso y he escrito cinco libros. Veo con buenos ojos que un judío se case con una gentil. Siempre que sea rica. Y con Groucho, perseguidor de mujeres, utópico en el amor, consciente de sus errores por haberse casado siempre con mujeres exclusivamente bellas y, casi siempre, mucho más jóvenes que él, Crin O Brien, su secretaria- representante y delirio platónico de su senectud. Y el angelical Harpp, inventor de una teoría musical en la interpretación del arma, y el mujeriego y jugador Chico, perennemente entrampado. Y los testimonios de Marvin Hamlisch, Norman Krasna, Jack Lemfnon, Woody Aüen, Mike Nichols, Biily Wilder, Walter Matthau... ¡Hola y adiós! viene a ser un compendio grouchiano, un libro delicioso para los entusiastas del humor singular, enloquecido, renovadamente moderno de los Hermanos- -nada que ver con Karl- -Marx, y especialmente de su representante principal, de Groucho, nacido Julius y bautizado por las risas para la relativa eternidad del celuloide. Un libro que deja un regusto triste, la sensación de vacío que se produce después de una buena ración de carcajadas nostálgicas. Un libro inundado de detalles, dejtratices, de personajes- -como satélites- -alrededor de un sol singular: Groucho Marx. Pedro CRESPO Bernini Howard Hibbard Xarait Ediciones. 232 págs. Aunque parezca asombroso, ésta es la primera obra que se publica en España sobre uno de los más importantes escultores y arquitectos de la historia del arte. Elegida para conmemorar su tercer centenario (en 1980) aparece con un no corto retraso, pero sigue siendo una edición de valor dentro de ese gran desierto de ignorancia que hizo que también ese centenario pasara inadvertido. La obra de Hibbard tiene intenciones divulgadoras: sigue todos los trabajos de Bernini por orden cronológico para mostrar la evolución creadora del artista y lo hace con lenguaje asequible y sin falsos tecnicismos. La obra incluye abundantas ilustraciones de las obras comentadas. A. Rodríguez de Ceballos ha aportado un capítulo sobre Bernini y su huella en España. M. 0. León Alvaro Ruibal Destinolibro. 275 páginas Alvaro Ruibal se ha paseado lenta y espaciosamente por las tierras de Palencia, León, Zamora, Salamanca y Valladolid y nos ofrece una crónica viva, subjetiva de estas tierras a medio camino entrs la guía más o menos técnica y el viaje costumbrista a que nos acostumbraran Cela o Pía. ¿El resultado? Bastante positivo. La crónica se lee bien y aunque el lector puede que no comparta muchas de las valoraciones del viajero, reconoce siempre en él la agudeza, la seriedad y el esfuerzo. El autor sabe mezclar historia, cultura, costumbres y psicología de las gentes en buenas dosis y con un estilo que, sin ser muy profundo ni elaborado, siempre excede lo simplemente digno. La edición de Destino es también bella y sencilla. M. D. Historia de la gastronomía Harry Schraemli Destinolibro. 343 págs. El título de este libro (que en su origen se llama De Lúculo a Escoffier puede desorientar al lector, que tal vez espere una historia científica o cronológica de la gastronomía. El libro de SchraemTi (tan buen cocinero como escritor) es eso, pero bastante más. Partiendo de una abundantísima documentación histórica el autor vagabundea en torno a ella y la cocina, logrando un libro apasionante y tan gozoso de leer como un buen postre. El autor ha escrito su libro sonriendo y sonriendo lo leen quienes lo atraviesan. La anécdota, la curiosidad, el dato están siempre a la mano, elaborado todo con un estilo vivo y lleno de humor. En la actual invasión de libros de gastronomía, este que publica Destino- -con muy graciosas y bien elegidas ilustraciones- -es realmente una pequeña joya. L. R.