Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
23- abril- 1983 SÁBADO CULTURAL ABG VII Luis Rosales, entre la soledad y la oria Está seguro Luis Rosales que hoy será, para él, el día más importante de su vida. Cree que alcanzará hoy, esta mañana, ante los Reyes, el escalón superior de toda su vida literaria. Que otro momento como este, no volverá a tenerlo. Y está nervioso, emocionado, agradecido, y sabe Dios cuántas más cosas hierven en el alma del poeta, grandullón y niño. Luis Rosales recibe hoy, en la antigua Universidad de Alcalá de Henares, en una fiesta literaria presidida por los Reyes, Y de estas sensaciones, y de Nueva York, y de Cervantes, y de nuestro Rey, me habla, mientras despacha sobre la mesa de camilla de su casa la manzana, las galletas y el café con leche de, su desayuno. Y se explaya sobre todo en esté libro que prepara y en el tema en que se afana: ese que digo de la soledad. Que es tanto, por lo que cuenta, como una sociología íntima y lírica de tantas almas náufragas en la multitud, que debe ser peor que aquélla soledad de dos en compañía que; decía Antonio Machado. Durante los veinte minutos escasos de discurso, Luis Rosales piensa abordar tres puntos diferentes. Uno de ellos, e primero, es el de agradecimiento de todos: al Rey, por recibir de su mano el galardón; a los miembros del Jurado, por discernir su nombre, y agradecimiento también a los que han hecho posible y han ¿ido carne y espíritu de s u s v e r s o s Es decir, a todos. Y Cervantes. Rosales fta vivido, sentido y soñado muchos años con Cervantes. Se ha pasado, media vida- -dice- -envuelto en su referencia y sin posibilidad de quitárselo de encima. Así que hoy, esta mañana, en Alcalá, hablará de eso mismo y de su permanente contemporaneidad, algo que, a su juicio, muy pocos escritores universales, sólo los clasicos de verdad, han logrado. Y para epílogo de su intervención ha dejado el poeta la defensa ardiente del escritor. el premio Cervantes qué le otorgaron tiempos atrás por sus poemas. Es, para él, un premio triple. Porque el nombre de Cervantes y la presencia del Rey, que se lo otorga, se suman al galardón que en sí mismo es el más grande. Luis Rosales anda ahora en la recreación poética de la soledad, de las soledades, del hombre sólo apretujado entre las multitudes, por el cuarto libro de su tetralogía, que el poeta instala en Nueva York, tras la huellas de su amigo Federico. setenta y tres años. Y duda si tendrá tiempo todavía, o si viviré para escribir los dos libros, tercero y cuarto de su tetralogía, comenzada con La Almadraba y Un rostro en cada ola Así que ha echado un piso por debajo, como esos arquitectos que comienzan a construir sus casas por arriba, y se ha puesto con urgencia a escribir el cuarto y último, que será para el público el tercero. -Me urgía comenzar- -dice- -por si me falta en el futuro esa libertad e independencia imprescindible. Me urgía escribir, sí. Nueva York, después de muerto cuyo protagonista es Federico. En él tocaré losjemas del exilio, de la raza y el de la soledad de las grandes urbes. El exilio es la situación permanente en que se encuentra el hombre actual. Son millones y millones los hombres que viven desterrados, trasterrados y exterrados, fuera de sus raíces y de sí mismos, y con una vida en cierto modo priyisiqnal. Pero ío que me agobia es que, si no estarnos en exilio real, estamos en exilió posible. Yó no sé si dentro de muy poco tendré que separarme de mis papeles y mis libros, de las personas que quiero, e irme a donde sea. Me preocupa mucho, sí, esa sensación de provisionalidad, que la debemos a la maldita politización y a la guerra fría. siquiera protagonista de su propia vida, aunque haya, claro está, unos niveles de protagonización superiores a Otros. A eso le llamo yo estar interferidos Date cuenta que hay dos despachos, con teléfono, desde los cuales se interfiera la vida de todos los que estamos en el mundo. Vivimos tan intervenidos como muchas veces tenemos los teléfonos. Y eso que yo procuro dejarme intervenir lo menos posible. Yo me quedo con Beéthoverv y don Baeh, y esos no manipulan, desde luego. No sóio necesita lucidez, sino concentración. Y la ciudad, a Luis Rosales, le quita también ésa concentración necesaria para escribir. Por eso no ha escrito jamás un poema fuera de la paz de Ceroedilla. En Madrid no puedes convivir con nadie, ni concentrarte en ti mismo, que es (o pe r que puede a uno pcufrirle. La presión política También sé queja Rosales: de la polarización y la presión que la sociedad suele ejercer sobre el escritor. A su juicio, la política no cambia la orientacián o él- sentido de una generación poética. Pepo los Gobiernos influyen, presionan en la vida; de un escritor, y esa presión se refleja casi siempre en la obra. En general, tos peftieois, desde que yo recuerdo, y recuerdo al rítenos cincuenta o sesenta años, y salvo algunas honrosas excepciones (pondremos una sola: Azaña) han visto siempre con, rÉjieló al escritor. Por otra parte es natural. El escritor, si 10 es verdaderamente, tiene qué ser independiente. Ahora bien, son éstos, después de todo, buenos tiempos para la creción. Hay dos cosas que la favorecen. Una, que el escritor debe siempre esexibir con cólera, y éstos son rhp Wéritos, desgraciadamente, de cólera y de crjspación colectiva. Sí, también en un poema de íamor puede haber cólera. Porque la colera amorosa se convierte entonces en irtfénsldád. Y no deja de ser intensidad, pero no dejádé ser tampoco cólera. Y la segunda es que la sociedad, como tal sociedad, lee más y los lectores ayudan al escritor. Añadiría todavía otra tercera: la labor en favor del poeta de numerosas instituciones oficiales, Cajas de Ahorros, Diputaciones, etc. que convocan continuamente certámenes literarios y actos frecuentes éh defensa del escritor. No quiere poner fin a la charla sin volver otra vez más a la admiración que personal y políticamente profesa a Su Majestad el Rey. Dice Luis Rosales: Soy monárquico y creo en la función y en la necesidad de la Corona. Por eso me enorgullece tanto recibir el premio Cervantes dé su mano. Blanca BERASATEGUI La ciudad, como un desierto Todavía es Rosales más sensible, y siente mayor desesperanza ante los males que Un libro de poesía al año hemos de soportar, penitenciados y- -Estamos necesitados de que nos condenados como vivimos, en las graneles defiendan. El escritor tiene el recelo de los urbes 4 con las raíces de nuestras vidas editores. Un recelo secular; pero, sobre todo, como hincadas en un aduar, en un desierto. en los últimos tiempos se nota más la falta La aglomeración dé la gran ciudad convierte del acuerdo preciso, imprescindible y a ésta en un desierto. Hay tanta gente que es simbiótico entre escritor- editor- librero. Los corno si no hubiera nadie. Estamos solos, con libreros tendrían que ser cauce y plataforma nadie convivimos. Nada más parecido, para para la estimación y lanzamiento de los la convivencia, qué un desierto y una gran nuevos autores, y para el acrecentamiento de ciudad. Es desertizadora la difusión de los ya conocidos. No sé el En Nueva York después de muerto no número de librerías y de puntos de venta de sólo hay momentos de denuncia y de dolor. libros que hay en toda España. Pero de una Hay alegría también, sarcasmos, desenfado e cosa estoy seguro: si cada uno de ellos: ironía. Esa alternáiíva, en fin, y lá variedad de vendiera al año un libro, nada más que uño, tonos, que es cosa tan frecuente en la poesía de poesía de algún autor español vivo, la de Rosales. Así, cuando el poeta lee a los poesía en nuestro país estaría infinitamente amigos algunds de sus versos, y gusta más cerca del pueblo. Esto és un dato hacerlo con frecuencia, tan pronto ríen casi sociológico. La mayoría de tos libreros, no me casi a carcajadas; que tiene qué contener, estoy refiriendo, naturalmente, a todos, ni mientras losoyerglps ¡dientes apretados. siquiera solicitan libros de poesía para intentar venderlos. Ni sé molestan. Y el Un cierto sabor a limón librero debe ejercer en esto un papel- -Quiero siempre que al lector se le quede fundamental. Es él quien debe inventar un cierto; sabor a limón entre los dientes. Esta- -propiciándolos- -los lectores. Y esto, hoy, poesía última mía tiene mucho humor, mucha no ocurre. ironía, pero tiene también mayor dureza y la Luis Rosales, que se ríe, se emociona y se angustia lógica de todo superviviente de este entristece de continuo, que vivé mucho lo que mundo actual. Yo estoy en éste libro, como dice; que lo que dice parece salir de un en los demás, de testigo de la situación. Es caudal húmedo que le moja hasya los ojos, uña característica del ciclo: el poeta no debe que se apasiona y que se calla de pronto ser nunca protagonista de 3 s ¿ts versos, sino como esperando una respuesta, Luis testigo. Yo pertenezco a una generación sin Rosales, digo, cumplirá el próximo mes romanticismo y no creo que el nombre sea ni