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IV ABC SÁBADO CULTURAL 19- marzo- 1983 Novela- Hombre lascivo y sin linaje Ijara Saikalku Ediciones Hiperión Madrid, 1982. 211 págs. Por primera vez en mi larga carrera de crítico literario p e encuentro en la práctica imposibilidad de poner en juego mis discutibles habilidades al respecto con un libro: éste. Y por causa de su traductor. En efecto, llevado por su voluntad de protagonismo y por su equivocado concepto de la función de la traducción, Antonio Cabezas García ofrece una versión de la clásica novela de Ijara Saikaku en la que hasta un lector como yo, que lo ignora todo de la lengua del Japón, y casi todo de la literatura de dicho país, puede advertir una grave discrepancia entre los dos términos en presencia: el texto castellano y el que le dio origen. ¿Pura intuición por mi parte? Tengo que confesar que primero to fue- -durante la lectura de la obra- pero que luego esa intuición fue confirmada por un aserto del propio traductor en la presentación que abre el volumen. Dice así: Saikaku se lanza a producir una obra de arte que combine la antigua elegancia, la hondura medieval y la dinámica de su tiempo. Pues bien, dejando aparte lo último- -que no sé lo que es- en (a versión española no se encuentran ni esa elegancia ni esa hondura, y sí, una vulgaridad (verbal) que motiva una superficialidad exasperante, por la consiguiente eliminación de todo tipo de matices y sobrentendidos. El indebido protagonismo de Antonio Cabezas García ilustra, a mi parecer, una tendencia actuaf que ya he denunciado otras veces: la de la creación parasitaria- -el comentario o la traducción intentando suplantar a la obra original- y se apoya en dos ideas aberrantes con gran aceptación hoy: la de que la forma es. lo esencial en la obra literaria o de arte; la de que la forma es, en el fondo, el fondo. ¿A qué nos conducen las mismas? Ante todo, a esa estética sin pies ni cabeza, estigmatizada genialmente por Antonio Machado, según la cual los eventos consuetudinarios que acaecen en la rúa es arte, y lo que. ocurre en la calle nada; luego, a que un traductor como Antonio Cabezas García pueda hacer una versión de una novela japonesa en la que el tejido verbal castellano oculte y desvirtúe el contenido sobre el cual se aplica. Lo primero que llama la atención en el texto español de Hombre lascivo y sin linaje es ei continuo disparate ¡uingüístico que en él reina; expresiones y términos del siglo XVI- vuesa merced maravedíes -se mezclan caóticamente con los precedentes del lenguaje, cheli y del coloquialismo estudiantil de hace unos decenios. meneando la chola se lo pasaban fenómeno -y con otros aflamencados y decimonónicos- majos desaborición madamas pipiólas En segundo lugar, que el traductor ignore qué términos y expresiones como los precedentes remiten al lector hacia realidades totáírnente heterogéneas con respecto a las qyé el texto- japonés evoca, y que si. está bien el evitar los exotismos fáciles, carece de sentido el sustituirlos por otros- -temporales aquí- -sin conexión con el contexto de la novela original- -en vez de juego de go el traductor se sirve de la palabra andarraya ¡seguida por un número volado qué envía a una nota donde explica que se trata, del primero, inequívocamente más conocido por todos que el segundo! Por último, él abuso de un léxico degradado, carcelario -y ello, aun en el caso de poemas estrictamente líricos: Carpas del cerezo de Playa Sakai en primavera como suvertir te voy a jalar y con el agravante de la falta de concordancia en este caso concreto- que se mezcla con otro extremadamente cultista, especializado o arcaizante: le hacía ilécebras, en el colodrillo se puso a malaxarle la testa müxtifori dé acemileros dallar los nelumbios de un cómico involuntario irresistible en ocasiones. (Como Fernando Sánchez Dragó, Antonio Cabezas García parece creer que este mixtifori particular constituye la quintaesencia del refinamiento y de Ja modernidad estilísticos. A pesar de todo lo que antecede, y de que, como consecuencia, al lector, distraído por las palabras del texto español, le cueste atender a lo que éste debería transmitirle; a pesar, por otra parte, de que le choque en muchas Ocasiones- -y le irrite en otras- -la inadecuación entre lo que supone que dice el texto japonés y el modo empleado por el traductor al castellano para decirlo, no cabe duda de que mientras no exista otra traducción de Hombre lascivo y sin linaje- -se anuncia como inminente, en Ediciones Alfaguara, la debida a Fernando Rodríguez Izquierdo- habrá qué pasar por el mal trago de leer ésta, pues nos encontramos ante una novela realmente importante, ante un clasico insoslayable. Nacido en 1642 y muerto en 169 Í 3, Ijara Saikaku logró en ella configurar literariamente los ideales e intereses de la pujante burguesía de su época, reflejar de manera exhaustiva los usos amorosos en vigor por entonces, y hacer esto último con un realismo que abarca tanto lo alto como lo bajo, lo mecánico o fisiológico y lo máximamente delicado y elusivo. Las reservas, pues, a su respecto por parte de algunos orientalistas que lo minimizan, que niegan que tenga una altura similar a la de los grandes novelistas de Occidente, deben ser desechadas, en principio, como sospechosas de tener origen en ese provincianismo estético que tantas veces aqueja a los especialistas universitarios. ¿Cómo ignorar que el refinamiento estético y espiritual del arte y de la literatura japoneses hace que, por contraste, buena parte del arte y de la literatura europeos resulte burda y obvia? ¿Cómo pasar por alto, además, el hecho de que la coexistencia, más o menos estratificada, en el alma japonesa del shintoísmo, el budismo y el confucioriismo es causa de. una complejidad, de una riqueza de perspectivas ante las cuales el occidental, quien por lo comúnestá acostumbrado a asumir las corrientes de pensamiento de un modo dogmático y exclusivista- -con el empobrecimiento espiritual que se sigue de ello- permanece habitúálmente Ciego? Leopoldo AZANCOT Dos días antes Luis Blanco Vfla Editorial Dosbe Madrid, 1982. 140 páginas En volumen de formato poco usual (20,5 x 24) con impresión, papel e ilustraciones próximos a la exquisitez, Luis Blanco Vila publica en Ed. Dosbe una muestra literaria que abarca desde la novela corta hasta el artículo- ensayo periodístico, pasando por el cuento infantil y el puramente literario. Bastantes de l o s trece trabajos incluidos han sido galardonados en certámenes: Café Gijón, Temas, Tres Huchas de Plata y Doncel de Cuentos. El título: Dos días antes y otras antiguallas. Dos días antes es el de a noLuis Blanco Vila vela que obtuvo el Café Gijón; un relato dentro de una línea estético- cristiana que, de alguna forma, es constante á lo largo del libro. Esto es destacable hoy, cuando el pulso creacional parece dirigirse por derroteros ajenos, o marginales, a la ortodoxia confesional. En Dos días antes Blanco Vila se enfrenta con el eterno y tratadísimo problema del amor adolescente, la vocación religiosa otrora circunstancial a esos años con más o menos intensidad, y la lucha interna del sacerdote joven por mantenerse fiel a su elegida consagración a Dios cuando despierta en él su instinto de hombre- hombre, enamorado de una muchacha a la que conoce y trata a través de su dirección espiritual. Planteamiento y desarrollo de este conflicto sentimental están dentro de una órbita totalmente realista y conocedora de las reacciones humanas en la que la ingenuidad, la candidez y hasta la pureza de sentimientos queda reflejada en el personaje femenino con el mismo acierto qué el rebullir de la propensión a lo sensual en el joven coadjutor, víctima de los celos. El escenario, un pueblecito playero en época de vacaciones, con apuntadas estructuras sociales un tanto anacrónicas, pero todavía vigentes en ciertos enclaves. Muy estimable la habilidad dosificadora empleada por el autor, el tempo de la acción y el adentramiento en la psicología de los tres personajes principales de esta historia desembocada en imprevisible desenlace con tintes dramáticos. De los cuentos recogidos, Algún día tendremos nuestro nido es una secuencia ciudadana actual, no sin humor desesperanzado; El pueblo Celestino la estampa tragicómica de la maestrita rurai que puede presentir esperanzado su horizonte futuro ante la llegada del joven médico al lugar; Cuerpo de Cristo envenenado el análisis de la personalidad psicopática de otro sacerdote, obsesionado por la salvación de sus feligreses. El juego de El cuento de nunca empezar la tristura de A título postumo o Nuestro balcón el bello artículo con el que ganó el premio Temas y el cuento infantil Chiquilicuatro que fue premio Doncel, son otras estimables muestras del quehacer de Blanco Vila, que retratan su talante y diestra pluma dentro de una, ya referida, constante moral muy significativa y personal. Alfonso MARTINEZ- MENA