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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M D R D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados ABC diálogos inteligentes; y la armonía interna de una cámara ágH, que na descansa y nunca cansa. Todo ello sin grosería, ni vulgaridad, ni morbosidad, ni pedantería. La televisión, al darnos viejas películas de hace veinte, treinta o cuarenta años, nos hace sentir aguda nostalgia de aquel cine; pues bien, ese cine es posible, y además en otra forma, sin ánimo de repetición. Si no se hacen películas tan buenas como aquéllas es por falta de talento o por sobra de petulancia (que es otra forma de falta de talento) Pero hay que preguntarse por qué tiene tanto éxito el conde polaco, es decir, la pareja unipersonal Víctor Victoria; y por qué es tan divertida la película en que se cuenta esta historia. Creo que lo que late en todo ello es una de las situaciones humanas radicales, que definen en gran parte nuestra vida: lo que decimos en español no saber a qué aternerse. Porque, además, y ahí viene la clave, esa situación afecta a una de las dimensiones en que es esencial lo contrario, quiero decir la condición sexuada. Si aceptamos el vocabulario que he introducido en mis escritos filosóficos, es una de las instalaciones capitales de la vida humana. Cada persona está instalada en su condición sexuada y desde ella se proyecta vectorialmente- -en distintas direcciones y con varia intensidad- -hacia las demás. Y cada persona es vivida por las otras como adscrita a la condición de varón o mujer (y si se trata de una forma anormal, también se sabe a qué atenerse) Lo grave es que no se sepa. En nuestra época esta situación no es infrecuente. Recuerdo haber tenido ante la vista, durante más de dos horas, a plena luz y a la corta distancia de un departamento de ferrocarril, en un tren que iba de Bélgica a Holanda, a dos personas, res- REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MADRID p e l í c u l a de Blake Edwards titulada Víctor o Victoria? Por supuesto, está dirigida con gran talento, a la altura de los mejores tiempos de un director que últimamente parecía haber decaído algo; y los actores son excelentes, sobre todo Julie Andrews (mujer del director en la vida real) y Robert Presten, cuyo personaje, un homosexual maduro y bondadoso, está lleno de ingenio; y a no mucha distancia James Garner, empresario de una cadena de cabarets, más o menos ligado a algunos gangsters lo cual le obliga a llevar un corpulento guardaespaldas; y a partir de ahí, hasta los ínfimos personajes que aparecen un momento rebosan verdad e ingenio. Todo esto, y la música, y el diálogo, contribuye a que todo sea regocijante. Pero tiene que haber algo más. Todo acontece en París, en 1934. Julie Andrews es una cantante sin trabajo, hambrienta en el sentido más literal de la palabra. Después de unos episodios de gran ingenio, sobre todo visual, a cantante, que se dispone a comer bien por primera vez en cuatro días, a pesar de seguir sin dinero, gracias a un truco que se reserva, tiene un encuentro fortuito en el restaurante con Robert Prestan. La escena es inolvidable. Brota la amistad entre los dos; conmovido por la penuria de ella, su nuevo e inofensivo amigo tiene una idea luminosa, que los llevará a ambos a la prosperidad y el éxito: convertir a Victoria en Víctor; mejor dicho, en un conde polaco travestido, que finja ser mujer. El resultado es asombroso. Victoria actúa, canta, baila como mujer, hasta el momento en que se quita la peluca y aparece como eí conde, ciertamente equívoco, que vuelve a actuar con no menos refinamiento y acierto. El público enloquece de entusiasmo. Todo el mundo supone que Julie Andrews y Robert Prestan son amantes; pero ¿qué significa esta palabra? Resulta enigmática. Y las cosas se complican mucho más cuando James Garner se prenda de Victoria, queda desolado cuando cree que es Víctor, se debate en un mar de dudas y confusiones, finalmente tiene un arranque y se confiesa enamorado, sea lo que ses, pase lo que pase. Todo esto no es más que el esquema, el esqueleto externo, indispensable para que se entienda lo que quiero decir. Como película, lo decisivo es la acumulación de ingenio, sorpresas, situaciones embrolladas que se desenmadejan sin perder un hilo, MARTES 11- 1- 83 ¿F s NO SABER A QUE ATENERSE pecto a una de la cuales nunca supe a qué atenerme con conciencia de exponerme a perder hubiera apostado a que era mujer durante dos tercios del trayecto; al final me sentía inclinado a invertir la apuesta, con análogo riesgo de perderla- -que es, por lo demás, como se debe apostar. Cuando todo es superficial, la cosa no parece muy grave; si se desciende a estratos más profundos, la gravedad aumenta; si se llega al fondo de la persona, el dramatismo es extremado. Esto es lo que aflora, a pesar de la broma, el desenfado, la jovialidad, cuando el amor domina al pobre empresario, y más aún cuando el ambiguo conde polaco le corresponde. Pero hay otro plano, en el que radica el verdadero fundamento de la película, lo que la hace tan regocijada y placentera: el espectador sí sabe a qué atenerse. Sabe que Julie Andrews es una mujer, una bella y atractiva mujer; y cuando aparece como hombre, percibe su feminidad, ironizada, pero no menos real. Se dirá que esto quita última seriedad a lo que de otro modo hubiera podido ser ese argumento. Es cierto, pero al mismo tiempo elimina lo que podría ser una manipulación profanadora de esos hombres y mujeres reales que son los actores y actrices (lo que hoy es tan frecuente y tan inquietante) Es un divertimento, compuesto precisamente desde la instalación en la condición sexuada; un juego ingenioso, en que una mujer finge ser un hombre que finge ser mujer, y cuando ha conseguido la credibilidad recae en su fingida condición masculina. Unamuno hablaba de la realidad de ficción, que es ficción de realidad Aquí se manejan con destreza diversos planos de la condición varonil o femenina, sin perder el hilo, sin perder la gracia, bordeando todas las ambigüedades imaginables. Es decir, todas menos una: la verdadera condición de esa deleitable mujer que se llama Julie Andrews. El espectador se divierte con la ambigüedad de las situaciones, precisamente porque está en el secreto. Es c u r i o s o que esta película signifique aproximadamente lo contrario de lo que parece prometer. Podría decirse que es un ejercicio, una ilustración de pura ficción, sin adoctrinamiento, de lo que es la condición sexuada de la vida humana, esa polaridad disyuntiva que consiste en ser varón o ser mujer. Siempre he creído en la posibilidad de una antropología cinematográfica. Con una condición: que la película sea puro cine, y la antropología la haga el antropólogo. Ju ¡án M A R A S ABC 3 CERÁMICAS DE ALTA CALIDAD paz y cia. Cíi pavimentos y revestimientos cerámicos Exposiciones: Alcalde Sainz de Baranda, 61 Rodríguez San Pedro. 5 Ctra. de Valencia. Km. 25,500 Arganda del Rey (Madrid)