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E D I T A D O POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados ABC como la esperanza de los españoles que querian convivir, vivir juntos pase lo que pase, discrepar fraternalmente, hacer su vida nacional entre todos y en libertad. Nada de esto hubiera sido posible sin la presencia, casi siempre callada, a veces de sobria elocuencia, de Don Juan de Borbón. El diccionario de la Academia da estas significaciones del adjetivo generoso Noble y de ilustre prosapia. Que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo. Liberal, dadivoso y franco. Excelente en su especie. Parece una descripción de Don Juan de Borbón. Todas las acepciones se ajustan a la realidad de su figura poderosa, sencilla, serena, con un fondo de apasionamiento que púdicamente se refrena y oculta. Don Juan, hijo de Rey, depositario de unos derechos que- -bien lo sabía y lo decía- -no se actualizan en nuestro tiempo más que por la decisión democrática de la nación, ha pasado la mayor parte de su vida velando celosamente por algo que iba más allá de su persona, por una institución milenaria cuyo sentido se había oscurecido a los ojos del racionalismo, pero que vuelve a dibujarse ante la mirada, más honda, de una forma superior de razón, la razón histórica. Tengo la impresión de que Don Juan ha pasado la vida deslumhrado por el resplandor de una magistratura cuya función en la creación de la nación española- -y antes, de sus reinos originarios- -había sido decisiva, que podría ser el instrumento de su renacimiento después de la más grave crisis de su historia. Deslumbrado y a la vez oprimido por la responsabilidad de haberle tocado en suerte su custodia en tiempos adversos, cuando cualquier error, cualquier frivolidad, cualquier movimiento de egoísmo podía comprometer para siempre su destino, y con él un fragmento de las posibilidades españolas. Siempre he pensado que la alegría vital, el temperamento expansivo y jovial de Don Juan esta- REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERE S SERRANO, 61- MADRID ñoles se han orientado mirando hacia el Oeste. Allí, al borde del Atlántico, en Estoril, ha vivido Don Juan de Borbón, en una casa de recuerdo sevillano, Villa Giralda cuyo mérito mayor era estar abierta a todos los españoles. Don Juan solía usar el título real de Conde de Barcelona. Era capaz de escuchar, respondía con sinceridad y autoridad, escribía cartas cuya nobleza deberían conocer los españoles. ¿Qué significaba Don Juan de Borbón, decenio tras decenio, en la casi soledad de su casa, o en la mayor soledad de un barco en alta mar? ¿Por qué se podía mirar hacia el Oeste para buscar un poco de orientación? Desde el final de la guerra mundial, Don Juan conservó celosamente para sus compatriotas unas cuantas cosas preciosas, casi impalpables. Un ejemplo de dignidad personal. La de una institución: la Monarquía. Finalmente, una puerta abierta. Para los hombres de su generación- -que es la mía -la Monarquía había sido mayoritariamente un estorbo, una remora, algo que obstruía el porvenir, que al desaparecer en 1931 dejó libres los caminos de la Historia. Que esto no fuera enteramente verdad, que la República tuviese- -por obra de unos y otros- -un triste desenlace, no quiere decir que la Monarquía recobrase su prestigio: durante cuatro decenios ha sido denostada, escarnecida, condenada en concreto, a la vez que se la utilizaba de modo nominal y abstracto para cubrir otras cosas. No creo que se hubiera podido volver los ojos a la institución real si no hubiese estado en Estoril el Conde de Barcelona. Mantenía un decoro que inspiraba respeto, y más de cerca, afecto y admiración. Afirmaba la libertad y los principios de la democracia como única forma válida de gobernar a los pueblos. Consideraba que todos los españoles lo eran, y que en todos tenía que pensar y podían contar con él. Si la institución monárquica estaba representada por este hombre, era algo bien distinto de lo que se dijo en 1931, y acaso más distinto de lo que se venía diciendo- -o insinuando- -desde T 939. Algunos españoles- -pocos, porque a casi todos se les ocultaba hasta la existencia de ese hombre- -empezaron a pensar que podía ser la posibilidad de superar la guerra civil, de restablecer una concordia que no se había querido. Tal vez la Monarquía podría ser el régimen ajeno a la guerra, que tomara las dos mitades de la España dividida, herida, dolida, para unirlas en una cicatriz que no fuese más que un recuerdo. Esa institución con la que no se contaba, que nadie quena, fue asomando DOMINGO 12- 12- 82 D URANTE largos años, muchos espa- DN HOMBRE GENEROSO: DON JUAN DE BORBÓN ban frenados y como puestos en sordina por una tremenda responsabilidad. Todavía esperaba a Don Juan de Borbón la prueba suprema de esa generosidad que lo constituye. Por urr encaderTamienttr de causas muy complejas, voluntarias unas, ajenas a toda voluntad otras, por azares diversos, por sinrazones y razones históricas, por esa infinita complejidad con que se tejen las vidas humanas, y más aún, la vida de los pueblos, Don Juan de Borbón ha sido hijo y padre de Reyes, sin ser Rey él mismo. Ha sido el acueducto por el que ha fluido ese líquido sutil de la legitimidad, como un río que, al confluir con la decisión democrática, ha conferido a Don Juan Carlos I la más plena legitimidad que puede poseer un Rey de nuestro tiempo. Estaba en Barbastro aquel día de 1977 en que Don Juan de Borbón hizo cesión de sus derechos a su hijo el Rey de España. En la pantalla de la televisión contemplé la escena; tuve la impresión de asistir desde lejos a uno de los gestos más nobles de nuestra Historia, uñó de esos pocos que conservo en mi memoria, ya larga, de un tfémpo profundamente dramático como el que me ha tocado vivir. Hay una emoción que me es particularmente penosa: la decepción, el desencanto, el encontrar que alguien no está a su altura, que no muestra la inteligencia, o el valor, o la bondad que le correspondía, que estaba obligado a poseer y poner en juego. Por el contrario, nada me conforta más que el ver a alguien, en situación difícil, a la altura de las circunstancias. En aquel momento culminó la vida de Don Juan de Borbón, fundiendo en un solo acto su vida personal y su vida pública, velando a la vez por su patria y por su hijo, sin importarle lo que pudiera tener de sacrificio personal, de melancolía, de renuncia. Don Juan de Borbón se propone hacer, por primera vez desde que era un muchacho, eso que tantos millones hacemos sin darle importancia: vivir en Madrid. Va a tener aquí su casa, va a ser un madrileño, como cuando nació, el Conde de Barcelona. Al intentar hacerle un homenaje, el exceso de la respuesta, los millares de personas que querían participar en él, lo han hecho imposible. ¿No es esto un símbolo minúsculo del destino de Don Juan? Pero no debe ocultársele la significación plena de ese hecho. Y es que su figura excede de eso que se llama un homenaje. Se ha hecho acreedor a algo más silencioso, más profundo: la estimación sin reproche, la admiración, la gratitud por las posibilidades que ha dejado abiertas; y por haber dejado a quien las realice. Julián MARIAS ABC 3 Goya, 27- Madrid BRILLANTES- ESMERALDAS JOYAS ESPECIALES- ALHAJAS OCASIÓN PLATA ANTIGUA Y MODERNA