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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados ABC grave que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX. Vivo angustiado hace varios años al saber que todos los días se mata, fría y metódicamente, a miles de niños aún no nacidos, se les impide llegar a ver la luz, se los expulsa del seno materno- -la más íntima y profunda de todas las casas del hombre- se los echa a morir. Me angustia todavía más el ver a tantas personas que hace muy pocos años se hubiesen horrorizado de esto- -mejor dicho, que se horrorizaban aceptarlo sin pestañear. ¿Por qué? Por muy varias causas, que valdría la pena analizar; pero ante todo por miedo. Por miedo a no estar al día, a ser descalificados por lo que hacen la opinión superficial, a ser llamados reaccionarios lo cual ha venido a ser el pecado nefando. Poco importa que el aceptar el aborto sea lo más reaccionario que puedo imaginar, la regresión a formas de barbarie prehistóricas o de los albores de la Historia, en que la exposición de los niños (a veces de las niñas solamente) era un uso aceptado. Para que esta actitud sea un poco más repulsiva, se añaden diversas formas de hipocresía. Una de ellas es llamar al aborto interrupción del embarazo Los partidarios de la pena de muerte pueden fácilmente superar las dificultades que a ella ponga la Constitución o la sensibilidad de hombres y mujeres. Basta con olvidar ese nombre poco correcto: el garrote o la horca serán irreprochables, porque con ellos se trata simplemente de la interrupción de la respiración Otra hipocresía, aún más refinada, es la que pone plazos. En los primeros tres meses, por ejemplo, está muy bien; el segundo trimestre es menos simpático; para el último hay algunos reparos. Es exactamente como si se dijera que es lícito disparar contra una persona que se acerca a nosostros, siempre que esté a más de veinte metros; si está a menos de diez, hay que pensarlo un poco más; si ha llegado a sen ft E D A C C I O N ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MADRID España Juan Pablo II, las palabras más enérgicas han sido pronunciadas por él el 2 de noviembre, día de los difuntos, acerca del aborto. ¿Por qué esa energía excepcional, en las ideas, en la vo 2, en el gesto? Adelantaré mi opinión de que no era tanto Juan Pablo II quien las decía, sino Karol Wojtyla; quiero decir que no hablaba tanto como Papa cuanto, por debajo de ello, como hombre. Hay otro aspecto- -decía- -aún más grave y fundamental, que se refiere al amor conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el fundamento mismo de la sociedad. ¿Qué sentido tendría hablar de la dignidad del hombre, de sus derechos fundamentales, si no se protege a un inocente o se llega incluso a facilitar los medios o servicios, privados o públicos, para destruir vidas humanas indefensas? D E todo cuanto hasta ahora ha dicho en LAS PALABRAS MAS ENÉRGICAS Lo que más me interesa de estas líneas es que en ellas no hay ninguna referencia a la autoridad del Papa, ni siquiera una mención del cristianismo, ni aparece en ellas el nombre de Dios. Su validez no reside en la condición de quien la dice, sino en lo dicho en ellas, sean cualesquiera sus creencias religiosas, a las que para nada se alude, que no se suponen tampoco en los que las escuchan. Es un hombre que habla a otros hombres: nada más. Me parece el máximo acierto haberse referido así a esta cuestión. En mi libro Problemas del cristianismo puede leerse: Excluya deliberadamente cL e s t a consideración el tema del aborto, sobre el cual me propongo escribir a fondo, pero no aquí. Creo que es un grave error plantear esta cuestión desde una perspectiva religiosa: se está difundiendo la actitud de que para los cristianos (o acaso para los católicos el aborto es reprobable. Con lo cual se supone que para los que no lo son puede ser aceptable y lícito. Pero la ilicitud del aborto nada tiene que ver con la fe religiosa, ni aun con la mera creencia en Dios; se funda en meras razones antropológicas. Los cristianos pueden tener un par de razones más para rechazar el aborto; pueden pensar que, además de un crimen, es un pecado. En el mundo en que vivimos hay que dejar esto- -por importante que sea- -en segundo lugar, y atenerse por lo pronto a lo que es válido para todos, sea cualquiera su religión o irreligión. Y pienso que la aceptación social del aborto es lo más MARTES 9- 1- 82 WB paz y cía. si. r pavimentos y revestimientos cerámicos a. sainz de baranda, 61 rradnd- 9 rodríguez san pedro, 5- madrid- 15 Distribución tarse a nuestra mesa, es sumamente enojoso. ¿Qué diferencia hay en matar a una y otra distancia a quien se acerca al nacimiento y la vida plena, a quien llegará si no se lo para a tiempo? Acabo de leer en un libro apasionante que se ha publicado hace unos días en París Christian Chabanis: La Morí, un terme ou un commencement? unas páginas admirables en que el profesor Jéróme Lejeume, uno de los más eminentes geneticistas de nuestra época, explica la unicidad rigurosa del ser humano desde su concepción (o, por lo menos, desde unos veinticinco minutos después) y concluye que el aborto, si no un asesinato -calificación jurídica que no corresponde al dominio de la biología- ciertamente es un homicidio, la muerte de un ser humano, tanto como lo sería la de un hombre en sueño profundo o sometido a la anestesia. Este punto de vista tiene gran valor, por el rigor científico de quien lo presenta y por la vigencia social de que hoy gozan las ciencias de la naturaleza. Pero no me parece primario ni suficiente, por una razón elemental. Así como los argumentos religiosos no bastan, porque hay quien no tiene religión, los que se fundan en la genética más avanzada no eran accesibles a los hombres de otras épocas, y sólo de manera indirecta- -credencial, como otra forma de fe- -a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres, que no conocen esa disciplina. Creo que hay que volver a lo más sencillo y elemental, a lo que puede ser comprendido con evidencia por todos los que tengan la mera capacidad de pensar, y que a la vez será lo más profundo. Pero ¿no es esto extraño? ¿No sorprende que para llegar a lo más simple y claro haya que dar largos rodeos, sea menester un esfuerzo considerable? Para mí, la cosa es clara: los que no entienden eso no es que no lo comprendan, es que han sufrido una operación consistente en despojarlos de su antigua evidencia y sustituirla por un esquema abstracto, que se resiste a la i n t e l e c c i ó n pero queda enquistado en sus mentes, bloqueando su inteligencia, impidiendo el funcionamiento espontáneo de su razón. Por eso me parece de enorme importancia que el Papa, olvidándose por un momento de que lo es, sin apelar a la fe de la que es depositario, a cuerpo limpio, haya dicho a los que lo escuchaban, cristianos o no, creyentes en Dios o no, algo elemental, directo, inmediato, válido para toda persona. Pero quizá no sobra, para los que buscan una comprensión teórica, o para los que tienen la mente cautiva, presentar otro día esas meras razones antropológicas que prometí hace tiempo. Julián MARÍAS ABC 3