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VIERNES 29- 10- 82 CULTURA Y SOCIEDAD A B C 45 Durante muchos años fue corresponsal de ABC en Berlín y Roma Ha muerto el escritor y académico Eugenio Montes Lejos de Bande, de Orense y de Vigo, los tres lugares de su raíz nativa, y también del valle por donde fluye el Limia, aunque con el amor incólume de su Galicia dentro, ha muerto el gran escritor y académico, acaso el último humanista de Occidente, Eugenio Montes. Las campanas de Bastábales, que le llenaban de soledades cuando las oía sonar, tocan solas por este hombre céltico, caballero de la barba florida, que parecía siempre escapado de las viejas leyendas artúricas y de los fastos del imperio romano. La Europa de las dos posguerras se ha quedado huérfana de un cronista brillante, de este catedrático doctorado en la conversación, profesor de saudades y morriñas. Y la Galicia de la santa compaña ha salido a su encuentro, con la madre que le leía viejas historias de Walter Scott y la vieja criada, Eiisa do Ribeiro, que le contaba leyendas junto al fuego. Todo tiene ahora, en este trance de la desaparición de Eugenio Montes, forma de elegía. La Italia a la que amó y a la que supo arrancar su melodía, y la España de Trajano o de la Contrarreforma repiten su romance de frontera, y los ríos caudales en su memoria derraman una última lágrima: el emigrante niño y el saudoso Mondego, el Tajo del Imperio, el Guadiana arábigo y el Duero feudal y numantino. Ha muerto, por lo tanto, un humanista del que se ha dicho que podía llenar las mil y una noches de una vida por la vastedad de su cultura y por la amenidad de su locución, el viajero de tres cuartas partes del ancho mundo con parada estelar en esa Europa que hizo grande la cultura española, en tos dos polos de Flandes e Italia. Parecerá increíble a quienes lo hayan visto en su gloriosa ancianidad un tanto fáustica, ya Danta sin Beatriz- -después de la muerte de su esposa, Natividad Zaro- -que parecía instalarlo a salvo de sus azares. Otoño mortal al cabo, el parte facultativo con su cruda realidad- -ha muerto como consecuencia de una necrosis medular- -ha impuesto su ley. Hoy será enterrado en Madrid el insigne escritor. Hoy, también, su memoria será, asimismo, exaltada. Nació Eugenio Montes el 23 de noviembre de 1897. Al morir su abuelo, la familia se trasladó a Bande (Orense) de donde era oriunda. A los nueve años comenzó sus estudios en Orense. Empezó su carrera de Filosofía y Letras en Barcelona y la concluyó en Madrid, realizando su doctorado con Ortega y Gasset, de quien había sido alumno. También se licenció en Derecho en la Facultad de Oviedo. Invitado por Ortega y Gasset, colabora en la Revista de Occidente Conoció a José Antonio Primo de Rivera, a Rafael Sánchez Mazas, Rafael Alberti, García Lorca y Salyador Dalí. Asistió a las tertulias sabatinas del Cafe Pombo, e hizo amjstad con Ramón Gómez de la Serna. En 1926 gana la cátedra de Filosofía en el Instituto de Enseñanza Media de Cádiz, donde permaneció algún tiempo e hizo investigaciones sobre la historia de la ciudad. Después pasó dos años en París, donde estudió en La Sorbona y en el Instituto católico y viajó por los Estados Unidos. En 1929 a 1931 escribe en La Época y en El Sol Actúa en Acción española y en el periodo de fundación de la Falange toma parte muy activa en las reuniones que se celebraban en casa de José Antonio Primo de Rivera. En 1931 y 1932 fue corresponsal de El Debate en París, y en 1933 en Londres. En 1934 residió en Berlín y Roma como corresponsal de ABC. EL PERIODISMO, GRAN PASIÓN Gallego, que no emigraba a las Américas y no se sometía a la existencia impávida e indolente, placentera, de los caciques natales, disponía de la evasión de la literatura de la burocracia, de la magistratura, del clero y del Eugenio Montes Ejército. Montes, después de su aprendizaje periodístico en El Pueblo Gallego de Pórtela Valladares, se dio cuenta, mediante su sutil inteligencia, que su vocación y su renombre dependían del periodismo. Como Eugenio Montes no era un hombre de prejuicios, pudo jactarse de haber colaborado en los tres diarios, cuya sucesiva fundación correspondió a don- Torcuato Luca de Tena, a don Ángel Herrero Oria y a don Nicolás María Urgoiti. Su firma apareció de manera solemne y destacada en El Sol en El Debate y en ABC, privilegio exclusivo del que no pueden ufanarse todos los periodistas. En cada diario, Eugenio Montes fue una mezcla de agilidad informativa y de reposada y concreta cultura, mientras perfilaba sus crónicas viajeras o sus ensayos sintéticos, con la nitidez de su letra clara y la espontánea ligereza de su escritura. ACADÉMICO EN 1940 Admirador de Maeztu, Eugenio Montes experimentó el escrúpulo exquisito de no insertarse demasiado en la política, sino que la defendió en las horas supremas. En febrero de 1940 fue elegido miembro de número de la Real Academia Española para ocupar precisamente la vacante de Ramiro de Maeztu. Le conceden el premio Francisco Franco en 1966 por su labor periodística durante ese año y en 1941 realiza un extenso viaje por Hispanoamérica. Durante su periplo fue recibido académico en la Nacional Cubana de Artes y Letras y en la Academia Dominicana de la Lengua. En 1956 fue recibido miembro de honor en el Instituto Vasco de Gama, la Academia más antigua que existe en Oriente (GOA) En 1963 se instala en Roma, como director del Instituto de España, después de haberlo sido del de Lisboa. Durante muchos años fue corresponsal de ABC desde la Ciudad Eterna. De un primer matrimonio tuvo dos hijas y se casó por segunda vez con la escritora y cineasta Natividad Zaro, ya fallecida. Eugenio Montes no leyó su discurso de ingreso en la Real Academia Española hasta el 22 de enero de 1977. Después de treinta y siete años de su elección, Montes leyó su discurso de ingreso en la Academia, en enero de 1978, con el título de El romanticismo de los clásicos discurso que fue contestado por don Joaquín Calvo- Sotelo. La única razón por la que no había leído antes su discurso, según manifestaba él, había sido únicamente el aue residía Un escritor de periódicos Derramada en cientos de crónicas y artículos, la expresión literaria de Eugenio Montes fue, primordialmente, la del escritor de periódicos. Corresponsal en los años duros de la recreación de Europa, su capacidad de observación y de análisis se vio siempre respaldada por una cultura vastísima, por una identificación profunda con el mundo clásico, griego o romano. Maestro de periodistas por su saber, ejemplo permanente, durante más de cincuenta años, de bien hacer, Eugenio Montes vio rescatado su enorme talento literario de la escritura urgente, donde cuentan las horas y los minutos en una serie- -infortunadamente corta- -de gavillas de crónicas y artículos, alguno de cuyos títulos ha entrado, por derecho propio, en las antologías más exigentes del español de este siglo. La política pasó por él, en los tiempos difíciles de la posguerra civil, dejándole- -por su voluntad- -en una respetada y dorada marginación. Viajero de corazón, residente en la Italia que seguía siendo, tras los avatares bélicos, la patria de los Césares, la cuna del Dante, Eugenio Montes fue durante largos lustros el académico que no leía su discurso, el escritor que parecía no buscar la posteridad de las obras completas, sujeto a los límites exigentes del diario, a las fronteras naturales de tiempo y de espacio que marcan las colaboraciones de los periódicos. Su perfil de senador romano, tan bien acompañado por su voz profunda, impostada por sus ademanes patricios, ya se ha hecho medalla. La belleza de su pluma, su quehacer de medio siglo largo, la harán de papel. De papel de periódico, con su servidumbre y su grandeza. -P. C. ANTIGUAS ALUMNAS E HIJAS DE MARÍA DE LA A S U N C I Ó N Con objeto de participar en el recibimiento a S. S. Juan Pablo II, en Madrid, nos concentraremos a las 16,30 horas del próximo domingo, 31 de octubre, en la confluencia de las calles Velázquez y María de Molina (números impares)