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U ABC OPINIÓN SÁBADO 23- 10- 82 ABC DIRECTOR. Guillermo LUCA DE TENA SUBDIRECTORES! Ante las elecciones (2) Francisco GIMÉNEZ ALEMÁN Manuel ADRIO Darío VALCARCEL TELEFONOS: Centralita (todos tos servicios) 435 84 45, 435 60 25 y 435 31 00 Publicidad: 43 S 18 90 Suscripciones: 435 02 ZS Apartado 4 3 Editor: Prensa Española, S. A Las libertades Las grandes opciones que se disputan los votos en los próximos comicios son democráticas en tanto que se declaran dispuestas a admitir una oposición y a someterse periódicamente al veredicto de las urnas. Pero ¿significa esto que los diferentes programas ofrecen a los españoles idénticos niveles de libertad? En modo alguno. Aun suponiendo que los partidos sean igualmente democráticos, entendemos que sus ofertas de libertad son dispares. Es obvio que no nos referimos al repertorio de derechos y libertades que se contienen en el título I de la Constitución vigente, y que nadie puede negar. Por ejemplo, el artículo 43 de la Constitución dice que se reconoce el derecho a la protección de la salud Esa es la libertad formal. Pero que de hecho se impida la venta de aceite adulterado, esa es la libertad real. He aquí, pues, la cuestión: ¿cuál de los programas electorales garantiza un margen más dilatado de libertades reales? A nuestro juicio, la oferta liberal, que con diversidad de forma y coincidencia de fondo representan el centro y la derecha. Él intervencionismo estatal implica decisivas limitaciones a la autonomía de las personas y a la iniciativa de los cuerpos intermedios, porque transfiere a la burocracia decisiones de control más difícil que el realizado por el mercado y en el mercado. En la España de los años ochenta, la salvaguardia de la libertad es una prioridad nacional. Frente a la libertad abstracta de los programas de la izquierda, la defensa diaria de las libertades reales pasa hoy por la oferta del centro- derecha. En la defensa de las libertades públicas existe un previo compromiso moral, puesto que la dignidad de la persona es inseparable de la libertad. Pero en el terreno de la política concreta hay diferencias profundas y de orden práctico en el entendimiento de la libertad. Sin libertad no es posible el desarrollo material ni la competitividad. Por eso la libertad en la sociedad posindustrial no es sólo una condición ética, sino también una necesidad instrumental. Veamos algunos ejemplospara explicar en qué medida pueden resultar garantizadas o comprometidas las libertades concretas por el resultado electoral. La libertad de opinar: cuando el partido, hegemónico de la izquierda habla de libertad de expresión, pero aspira a mantener una cadena de periódicos oficiales, nos hallamos ante una amenaza a la libertad. Los programas de la izquierda son igualmente contrarios al establecimiento de cadenas privadas de televisión; es decir, defienden el monopolio estatal de ese importantísimo medio. Sólo una pluralidad de canales privados ofrecen la libertad de preferir unos a otros, la posibilidad de sustraerse a cualquier adoctrinamiento y la de trabajar en unas o en otras, y no necesariamente al servicio de la ideología oficial. ¿Qué otra cosa más que el miedo a la crítica o el interés censor puede ocultarse detrás de tamaña incongruencia? Las ofertas que postulan el pluralismo televisivo y la pública subasta de la antigua Prensa del Movimiento suponen más libertad real para los ciudadanos. o La libertad de enseñar: los progra mas socialistas tienden no solamente a privilegiar presupuestariamente a la enseñanza estatal, frente a la enseñanza privada, sino que quieren obligar, mediante rígidos controles, a los colegios subvencionados a estatalizarse o a desaparecer. Y no nos referimos a los colegios más ricos, sino a los millares de centros privados, sin los cuales se hundiría la escolarización. Ahora bien: ¿hay igual libertad cuando se puede elegir Un centro docente para los hijos o cuando necesariamente hay que enviarlos a una escuela pública susceptible de ser ideológicamente monopolizada? Sin duda alguna hay menos libertad real en el segundo caso. O El incremento de la inversión pú blica entraña siempre la disminución de la inversión privada. ¿Por qué? Porque los recursos de un país son limitados y aquellos que se destinen al Estado habrá que restárselos a los particulares. En la medida en que el Estado se convierte en empresario desplaza a los ciudadanos de la vida empresarial y los reduce a la condición de asalariados. Cuando mayores son las inversiones estatales menor es la libertad de cada uno para constituir su propia empresa. Cuando se llega al límite del colectivismo socialista nadie tiene la libertad de crear una empresa. A La inversión pública crea menos puestos de trabajo que la privada. Las grandes industrias estatales son también las que exigen menos mano de obra permanente. El sector más creador de puestos de trabajo rentables- -como han reconocido los principales partidos- -es el de las industrias medias y pequeñas y el de los servicios, que es siempre el de burocratización más difícil. Cuanto mayor sea la parte del ahorro nacional invertido por el Estado menos puestos de trabajo se crearán por cada millón gastado. Consecuentemente, el ciudadano tendrá menos libertad y menos posibilidad de trabajar que con la inversión privada. Resulta, además, que el asalariado del Estado tiene un patrón todopoderoso con el que no puede medir sus fuerzas, ni sentarse en una mesa a negociar, ni apelar contra sus decisiones a menos que se someta el Estado a los sindicatos. Ahí está él ejemplo polaco, sin duda extremo, pero ilustrativo. En España los sueldos de los funcionarios no han crecido, como los de los trabajadores de empresas privadas, en una Encuestas electorales Los espejos no mienten, pero las imágenes que reflejan se pueden refractar y desviar cuando se las pasa a través de la interpretación. Los sondeos de opinión siempre resultan, aun en los casos de mayor seriedad y solvencia, espejos interpretados No consiste en esto su problema; consiste en la eventualidad y el riesgo de su instrumentación. Tampoco es problema la seguridad del cálculo matemático con el que se extraen las conclusiones de las muestras ni la dificultad implícita en el hecho de que las muestras sobre las que se hace el cálculo no constituyan un dato fijo, pues la opinión varía y los sentimientos cambian. El problema estriba en que el margen de aplicación de los énfasis es mucho mayor que el margen de indeterminación sobre las conclusiones de la encuesta. Los encuestados acaban por ser influidos por la presentación de la encuesta misma. Tanto contenido polémico se alberga en el hecho de las encuestas cuando se aplican a sondear opiniones electorales, que es norma común en las democracias occidentales separar su publicación periodística, suficientemente, de las fechas electorales. La legislación española se ha aproximado a este criterio cautelar para evitar intoxicaciones, estableciendo un plazo para la publicación de las encuestas. El correspondiente para las próximas elecciones concluyó ayer, En prueba de esto que afirmamos está el hecho de que el propio periódico que acaba de anticipar el triunfo del PSOE por holgada mayoría absoluta insertaba al cierre de la campaña de los comicios anteriores, y elaborado por la misma rúbrica que en esta ocasión, un pronóstico que se desvió en la atribución de 15 escaños menos para el centro y en la de 19 escaños más para el Partido Socialista. La suma de las dos desviaciones arrojaba en favor de este último partido una diferencia de 34 escaños más de los que real y definitivamente consiguió. ¿Hubo una lectura política excesivamente desviada de las conclusiones que objetivamente arrojaba el sondeo? ¿fueron incorrectamente interpretados los datos? ¿provocó la publicación de la encuesta un efecto de rebote en el electorado, modificando la tendencia y la inclinación de voto? Preguntas todas difíciles de contestar. La única respuesta válida, obviamente, es la de las urnas. I